Nota publicada en la edición impresa del número de enero/febrero de 2010.
Podría decirse que Jennifer Lawrence es un milagro de la genética. Y no se trata de su físico privilegiado (que la revista Esquire tan bien fotografió), sus sugerentes rasgos felinos o su inquietante madurez. Aparentemente, la protagonista de Winter’s Bone, película ganadora del Gran Premio del Jurado en el Festival de Sundance y que será estrenada aquí vía Distribution Company, es la primera mujer nacida dentro del clan Lawrence en ¡50 años! Tal vez eso explique la voz grave y actitud para nada condescendiente que muestra en cada entrevista con la prensa: no le pidan respuestas que no vayan al grano, ni mucho menos una sonrisa de dentífrico a prueba de preguntas cliché. “Elijo papeles desafiantes, aunque la mayoría de los guiones para jóvenes rubias son estúpidos. Por eso hasta ahora sólo trabajé una vez al año”, afirma con la seguridad de una veterana. Y sí: sabe que no es una chica común y está dispuesta a exigir lo que se merece. De hecho, para conseguir el rol de Ree Dolly en Winter’s Bone persiguió al borde de la obsesión a la directora, Debra Granik. Sus participaciones enCamino a la redención y The Poker House la ayudaron, pero llegó a dejarse de bañar una semana con tal de convencerla de que su belleza natural no era un obstáculo para convertirse en la joven de 17 años que pertenece a la cerrada y empobrecida comunidad Ozark, al sur de Missouri. A cargo de dos hermanitos y una madre desequilibrada, Ree pone a prueba sus agallas y tenacidad cuando sale a la búsqueda de su desaparecido papá, un ex convicto dedicado a la elaboración de metanfetaminas. Si no lo encuentra en una semana, su familia será desalojada. En medio de esas tierras desoladas y frías, Granik logró una historia tan atrapante como perturbadora, que gana en intensidad y realismo en cada escena.
Lawrence jura que nunca tomó una clase de actuación, y su personificación es tan cruda y desnuda que hay que creerle: sólo alguien despojado de todo prejuicio o “bagaje” puede llegar a esa transparente sensibilidad. “No es que no haya estudiado por una creencia o filosofía, pero prefiero confiar en mis instintos”, explica sin un mínimo indicio de vergüenza o culpa. Descubierta a los 14 años por un agente en las calles de Nueva York, admite que nunca había pensado en ser actriz, pero cuando hizo su primera lectura en una audición supo inmediatamente que era su vocación: “Fue la primera vez que entendí algode verdad”. La crítica la acompaña: se hizo del premio Marcello Mastroianni a Mejor Nueva Actriz en el Festival de Venecia, es “uno de los 14 actores que definieron el cine en 2010” según el New York Times (junto a nombres como Matt Damon, Jesse Eisenberg y Natalie Portman) y fue nominada a los Globos de Oro que se entregan este mes. Mientras tanto, ella está más ocupada que nunca: terminó de filmar The Beaver de Jodie Foster y House at the End of the Street con Elizabeth Shue; además, es Mystique en la precuela de X-Men. “Hay artistas que son diseñados por otros, y artistas que se construyen a sí mismos. Yo me rompo el alma para ser lo segundo”, dispara. ¿Existirá la reencarnación? Para tener 20 añitos, la tiene demasiado clara.