Nota publicada en la edición impresa del número de diciembre.
Una canción narra wikipedísticamente los pormenores del escándalo de la Universidad de Pennsylvania y tiene como pegadizo estribillo “so he got forty counts related to sex-sex-sex-sexual abuse of eight young boys over fifteen years” (“así que recibió cuarenta cargos por abusar sexualmente de ocho niños durante quince años”). Otra, Shark week, apunta datos sobre los tiburones recopilados de los documentales del cable. Otra ,Charlie Sheen, está basada enteramente en declaraciones de Charlie Sheen. Así son las minimalistas y geniales canciones que Joslyn toca con su ukelele y sube a Youtube creando un latente furor que explotará en cualquier momento.
Pero no es por esto que la conocimos. La conocimos por su actuación en Without, exhibida en el último festival de Mar del Plata, su primera en un largometraje y por la que ganó no sólo en Mar del Plata, sino también en importantes festivales de cine indie como el Slamdance o el de Florida.
En Without –dirigida por Mark Jackson, elegido recientemente como una de las 25 nuevas caras según la revista Filmmacker-, Joslyn hace de Joslyn, una chica de 19 años que toma el puesto de cuidadora de un anciano en estado semivegetativo. Al hacerlo ingresa a un mundo silencioso, ajeno y opresivo. El celular no tiene señal, no hay internet, sólo puede ver el canal de pesca y el viejo en estado vegetativo no es muy conversador. La única relación que Joslyn establece es con máquinas, con un reno al que mira desde la ventana y con dos locales con los que charla esporádicamente. Como una Jack Torrance adolescente, tanto trabajo y tan poco juego hacen que Joslyn pierda un poco la cabeza. Aferrada a los videos grabados con su ex novia muerta, empieza a involucionar, a punto de intentar desesperadamente armar una PC vieja y conectarse a Internet vía dial up, mientras usa una careta de mono encontrada por ahí. Joslyn tiene poca o nula conectividad con los vivos y lentamente comienza a alienarse. A partir de allí, el trabajo de Jensen reluce, agregándole a su interacción con lo inerte monólogos absurdos, cybersexo offline, maltratos hacia el pobre Frank, obsesión con su cuerpo y paranoias varias.
La cámara, por supuesto, la sigue durante toda la película (ella es la película), aunque a veces escondida, con distancia, fascinada pero asustada. En la cita con Darren (el pueblerino que la quiere conquistar), la cámara deja al galán desenfocado mientras habla sin parar, y se queda con ella y su estupenda doble performance. Las Joslyn asienten y sonríen durante toda la escena con una hermosa y expresiva falsedad, mientras Darren cuenta sus planes más íntimos. Es un momento de brillante cinismo y manipulación. Casi sin que nos demos cuenta, Joslyn se va revelando como un personaje mucho más deforme de lo pensado.
No sabemos cuánto de Joslyn tiene Joslyn. Pero está claro que no es una chica normal. Con su frente imponente y sus múltiples lunarcitos, posee una belleza de vecina de enfrente combinada con una atractiva weirdness, es decir no una weirdness tierna y especial tipo Amelie, sino una sociópata y demente, que amenaza con estallar en cualquier momento. Y tanto en la pantalla como fuera de ella, esa mezcla es absolutamente irresistible.