“Yo no podía matar a Haroldo”

El director Andrés Cuervo cuenta la historia detrás de El retrato postergado, documental sobre el escritor desaparecido Haroldo Conti que se estrena en el Cine Gaumont este jueves 7.

 

En 1975 un joven cineasta llamado Roberto Cuervo se propone registrar un retrato “humano” del escritor Haroldo Conti, pero su proyecto cinematográfico quedaría inconcluso. Instalada la última dictadura, Conti es secuestrado y hasta el día de hoy continúa desaparecido; por otra parte el realizador muere en un accidente a finales de la década del 70 dejando una obra abierta e inacabada. Es aquí cuando entra en esta historia su hijo Andrés Cuervo para continuar y finalizar el documental sobre el gran escritor argentino. Con los testimonios en off de Eduardo Galeano y Martha Lynch, entre el material de archivo y pequeños momentos animados ficcionalmente gira este conmovedor documental sobre el autor de Sudeste.

 

¿Qué fue lo que te impulsó -en un principio- a reencontrarte y trabajar con el material fílmico sobre Conti que había dejado tu padre? ¿Cómo impactó en tu vida en general el hecho de ser el  continuador de esa obra?

No conocía a mi padre. Él murió en el 79 cuando yo sólo tenía diez meses de edad. Vivíamos en Lincoln, con mamá ocultando cualquier tipo de opinión política. Pero había algo inocultable: su amistad con el- entonces- recientemente secuestrado Haroldo Conti. También era un secreto a voces que mi viejo estaba filmando a Haroldo, entrevistando a sus amigos y planeando un retrato humano del escritor.
Las latas pasaron años escondidas en nuestro ropero del modesto dormitorio. Yo fantaseaba entre las ganas y el terror de asumir la responsabilidad de concretarlo. Repasaba periódicamente con la vista los rollos envueltos en papel de diario, una pila de viejas fotos blanco y negro y un puñado de cassettes donde (según decían) se escuchaba la voz de papá.
Al terminar la secundaria me vine a Bs. As. y empecé Diseño de Imagen y Sonido en la UBA. Barney Finn, profesor de diseño, recordó la historia de mi padre quien había sido su alumno de guión y me sorprendió regalándome todos los papeles de su cursada que, misteriosamente, aún conservaba. Allí venía un boceto de la película Retrato humano de Haroldo Conti. Mis objetivos se reafirmaron y tomé el coraje que necesitaba para enfrentar el retrato postergado. Estaba en una encrucijada de tres películas sobre Haroldo: la que yo podía hacer exclusivamente sobre el escritor con ese archivo, la que podía contar sobre mi viejo y Haroldo reconstruyendo su trabajo; y la que estaba viviendo sobre mi propia experiencia en este meollo. Todavía no sé claramente cual de las tres es la que quedó.

El documental retrata varias facetas de la vida Haroldo Conti ¿hubo alguna de estas facetas que te interesó desarrollar más a la hora de completar ese “Retrato postergado”?

 

La humanidad de Haroldo es lo que motivó a mi viejo a empezar este trabajo. El sujeto vivo que transcurre despojado de cualquier ligadura a lo material y que justamente es lo que lo hace puro espíritu. Yo no podía matar a Haroldo. No me interesa que haya un sujeto (por amigo que sea) hablando de Conti en tiempo pasado y recordando toda esa madeja en donde se mezclan las apreciaciones y valoraciones personales del entrevistado. El retratado debía ser Haroldo. Y vivo. Por eso me enfoqué en los audios y las fotos. Los personajes avanzan junto a un Conti vivo que se expresa con total desparpajo, bardeando, opinando y hasta volviendo sobre sus palabras para aprender él también otro poco sobre sí mismo. El contrapunto interesante se da entre las opiniones divergentes que tienen Marta Lynch y Eduardo Galeano, que se sacan chispas para definir a Haroldo, que se les escapa burlonamente volviendo al boliche del pueblo, al mate y al río. Sabe que lo que se mueve constantemente, lo que fluye, es imposible de encasillar o clasificar. Mi intención fue mostrar que Haroldo es ese río.


 

La película incorpora algunas escenas ficcionales, también está el recurso del stop motion… ¿responde a alguna búsqueda en especial la decisión de conjugar esas “viñetas recreadas" con el material de archivo?

 

Creo que tiene varios vicios de primera película. Cuando comencé el rodaje no creía seriamente que podría estrenar esta película comercialmente. Pensé solamente en que debía terminar el documental para regalárselo a mis viejos y a la familia Conti con quien me une una entrañable amistad. Incluso luego de haber sido seleccionada en INCAA trabajé bajo esos preceptos. Es un trabajo muy personal, que habla sobre mi propia historia y donde me permití experimentar con varias cosas que me daban vueltas en la cabeza en ese momento. Estaba muy interesado en el documental periférico, aquel que está en el margen del documental tradicional y que incorpora otras disciplinas como la plástica o la música a su narrativa. También estaba enganchado con el uso simbólico que da a los objetos Jan Svankmajer y le robé el recurso para la máquina de escribir. No sé si hay escenas ficcionales, todo lo que registro forma parte de mi misma historia y tiene, tal vez, algún valor de documento. Al menos para los Conti, para mis viejos y para mí.