BAFICI 2011 al día

Una cobertura enérgica pero precisa del festival porteño. Posteo a posteo, la experiencia de nuestros cronistas actualizada.

3. La desgracia de empezar el BAFICI con una de esas películas que uno no quiere olvidar jamás

La vida útil es una de esas películas con las que uno quisiera terminar el festival antes que comenzarlo, como fue mi caso. Uno se queda en la butaca sin ganas de abandonarla, todavía emocionado, sabiéndose dichoso y con la inigualable sensación de intuirse secretamente comprendido por los desconocidos espectadores que lo rodean y que, también, se quedaron larguísimo rato, con enorme sonrisa impresa en la cara, escuchando las preguntas  y respuestas de Federico Veiroj y Jorge Jellinek, director y protagonista, respectivamente, de esta hermosa y pequeña declaración de amor al cine. A partir de ahora, siento la carga amenazante de cientos de imágenes y escenas de un par de decenas de otras películas que pasarán como topadora durante los próximos diez días poniendo en peligro mi frágil memoria emocional. Me maldigo. O bien maldigo a los programadores que no tuvieron la deferencia de exhibirla el último domingo en la última función.

¿El festival acaba de empezar y ya sufro de nostalgia?
“La nostalgia es una operación sentimental conservadora y reaccionaria. Otra cosa muy diferente es la mirada melancólica, que nos ayuda a humanizar las cosas, es una operación cognitiva del ánimo”, diferenciaba el ensayista Cristian Ferrer, poniendo los puntos donde corresponde, y quizás, aportando luz a esa enigmática definición que arrojara Sergio Wolf al presentar la película: “La Vida útil es una película sobre la melancolía del futuro”.
Jorge, nuestro programador y proyectorista de la agonizante  Cinemateca uruguaya, manda a guardar la tristeza ensayando pasos de baile a lo Fred Astaire, librando su propia batalla interna con los ecos musicales de La Diligencia,  recitando, de contrabando, mientras se hace pasar por un profesor de Derecho, un memorable monólogo que incita a mentir “loablemente” y caminando exultante, como si acabara de renacer, por las calles de Montevideo, después de haberse librado de esa pesada mochila que cargaba (literalmente) encima.  Jorge podría haberse castigado por el cierre de “Cinemateca”, tirarse desde ese colectivo que lo traslada a no sabe dónde y lamentarse por el fin de esos 25 años de vida dedicados enteramente a una sala oscura (y a llamar, de vez en cuando, entre proyección y proyección, a su padre). Pero no. Después de secarse las lágrimas (gesto que más de un espectador repite desde las butacas) y de pasar por la peluquería, sigue su marcha (¿ilusoriamente? sí) triunfal que termina, …, paradójicamente, donde empezó.
Un final de película. Todos contentos. Fábrica de sueños, que le dicen.
“Por supuesto, es útil diferenciar la ilusión de la esperanza, que está sostenida en acciones. La ilusión dura poco, o hasta que otra ilusión la reemplaza; la esperanza es un principio activo”, aclara Ferrer.
Y sí, la vida (o, en mi caso, el festival), con sus grises, continúa. Pero qué importa que la vida útil sea tan corta si uno es libre de irse tarareando una canción de Leo Maslíah mientras baja por las escaleras del Abasto tirando unos torpes pasos de baile. Y que dure lo que dure, hasta la próxima ilusión.
   

Las próximas dos funciones de La vida útil:

09 abr / 17:30 h Hoyts Abasto

11 abr / 18:15 Atlas Santa Fe

Esteban Sahores

 

Ver entradas anteriores:

BAFICI 2011: 1. Una noche de actores

BAFICI 2011: 2. Desde el centro mundial de la tensión religiosa