Being Pablo Solarz

“La comedia cayó en desgracia”, nos dice el popular guionista devenido director ¿maldito? Su debut en dicho oficio es Juntos para siempre y su deseo más grande es que se hagan comedias que se animen a “ir hasta el sótano”. ¿Es Pablo Solarz el Charlie Kaufman argentino?

 

No la tendrá fácil Pablo Solarz. Sabe que muchos deudores de las comedias románticas irán a ver su ópera prima esperando encontrar una historia con más similitudes que diferencias al díptico nacido de su pluma, una virtual tercera parte de ¿Quién dice que es fácil? y Un novio para mi mujer, éxitos del box office ‘06 y ‘08 respectivamente, con más de dos millones de espectadores entre ambas. Pero no, Juntos para siempre es bien distinta. Si aquellas eran dos comedias blancas apegadas al género clásico, aquí se adosa una patina de misantropía y oscuridad kaufmaniana. “Lo que pasó es una ayuda, pero esta película no es para el mismo target. La presión de por sí es muy grande, así que no sé si se puede hablar de presión extra. Juntos para siempreestá como en otro casillero”, advierte el flamante realizador a Haciendo Cine.

Estrenada en el último Pantalla Pinamar, Solarz cuenta la historia de Gross (Peto Menahem), un guionista sumergido en un profundo trance creativo que deviene en desconexión y aislamiento. Preso de ese mundo ficticio donde un hombre (Luis Luque) inicia un viaje en el que se desprende de todos los miembros de su familia, el escritor no puede (o no quiere) ver cómo se desgaja el matrimonio otrora idílico con Lucía (Malena Solda), quien, hastiada del desdén, se va para no volver. Gross tarda menos de un día en reemplazarla por Laura (Florencia Peña), una mujer sumisa y usualmente menospreciada que decide someterse al suplicio de la convivencia: el guionista no sólo es un ser impávido y ensimismado, sino también misógino y manipulador. ¿Un guionista filmando la historia de un guionista? “Todos hablan de lo autobiográfico, pero me siento identificado con todos los personajes porque todos tienen algo mío. Y no sé si el de Peto tiene más, en todo caso es el más evidente porque nos dedicamos a lo mismo”, explica el también autor de los libros de Historias mínimas y El frasco.

 

 

La nota completa puede leerse en la HC de junio, versión papel.