Buscando un símbolo en La Paz

“En América Latina, las piezas encajan con facilidad”, asegura sin despeinarse María Laura Ruggiero, parte activa de una generación de productores argentinos que ponen en práctica nuevos modelos a la hora hacer cine. María Laura participó del Bolivia Lab con su proyecto Durazno y nos ofrece su crónica personal del ascendente laboratorio de producción latinoamericano.

 

Junio 2011, finalmente llega la ansiada selección al Bolivia Lab, prestigioso taller de Proyectos Iberoamericanos, donde presentaremos el Proyecto Documental Durazno haciendo un temible pitch a 4.000 metros de altura. Desafío número uno: en vista.

 

Llegamos a La Paz con Yashira Jordán, Directora Boliviana del proyecto, y la altura me ataca como un depredador insolente que ni siquiera me da tiempo para retirar las valijas de la cinta transportadora y ya me roba el aire. No importa, pienso, mientras repito mentalmente la idea de que todo se soluciona con la actitud correcta. Primer concepto errado cuando se habla de soroche, o mal de las alturas.

 

Muchas cosas aprenderíamos en este Bolivia Lab, desde el mismísimo aterrizaje en El Aeropuerto de El Alto. Nos esperaría, frente a nosotros, una intensísima semana de desafiantes asesorías y ponencias, guiadas por los más interesantes profesionales del Cine Iberoamericano. Conducidos por  la tenacidad de Viviana Saavedra y su equipo; Hugo Castro-Fau daría sus ya legendarias lecciones sobre el Arte del Pitch, Juan Carlos Valdivia, reconocido director Boliviano, simplemente nos hechizaría sin remedio con su visión de un mundo nómada y el músico Oscar García nos haría escuchar sensaciones irrepetibles.

Pero más allá de la acertada inspiración que nos compartieron, en esos días, nos esperaría algo mucho más potente que cualquier clase de cine, comenzarían a formarse y a emerger las “redes”.  Empezamos a verlo todo diferente: comprendimos que “Islandia” tenía mucho que ver con Perú, de la mano del proyecto de Ina y Eliana y nos sorprendimos con la potencia de los Agentes Secretos de Mexico que venían sonrientes a compartirnos nada menos que un Documental Noir. Las redes comenzaban ya, a enlazarnos.

 

Como Productora Transmedia, rol novedoso en la cinematografía local, llegué a Bolivia con idea de generar un streaming de un evento sobre producción alternativa, twittear sobre el desarrollo de las ponencias y hacer un diario online de producción de Durazno, generando así contenido multiplataforma que impulse la promoción de nuestro proyecto.

Desafío número dos: a la vista.

¿Cómo se genera un mundo transmedia con una tasa de transferencia de Internet que hace añorar a los chiflidos del módem? Tengo un teléfono inteligente que no puede resolver la falta de redes pero sin embargo, con el correr de los días, intuyo que hay algo más poderoso surgiendo entre nosotros y que, tal vez, tenga más vigor y humanidad que una realidad 2.0.

21 proyectos seleccionados de toda América: El rayo Boliviano, Infinidad, Volá, entre otros, dejan de ser nombres de catálogo para convertirse en historias con dimensión humana. Nos encontramos con documentales de creación, películas de género, documentales etnográficos y hasta ¡musicales! Más de una docena de países participando, pero mucho más que cupos en una grilla latinoamericana, personas con sus historias, sus desafíos, sus anhelos y sus estrategias para esparcir cine y conciencia en una realidad latinoamericana que es, definitivamente, agreste a este tipo de experiencias. Aquí, para nadie, nada es fácil, en ningún lado de dónde sea que vengan. Comentamos sobre los intrincados accesos a Ibermedia, las estrategias de pitching en las alturas (o cómo mantener el aire fluyendo, la sonrisa intacta y la coherencia presente), y hasta sobre esta novedosa idea del Crowdfunding y en qué se parece a nuestro pasado  de cine cooperativista. Compartimos ideas y sensaciones con Luciana Freitas, Caro Alvarez, Gerardo Guerra y Michael Treves. Compartimos y volvimos a compartir una vez más. El cine, nuevamente, comienza a convertirse en una experiencia de creación comunitaria.

A diferencia de otros prestigiosos programas para cineastas a nivel internacional, el Bolivia Lab genera desde su esencia, la tierra fértil para el crecimiento de una red posible y de un potencial de colaboración potente y real. Una verdadera red de cineastas con ideas innovadoras y cuyas necesidades y pasiones se conectan como un puzzle que todo lo puede. Se nota: en América Latina, las piezas encajan con facilidad.

 

Conversando con el fabuloso José Ángel Esteban, reconocido guionista español, y definitivamente un alma sensible a las narraciones y producciones transmedia, el panorama se empezó a abrir aún más. Las posibilidades se extendían verdaderamente hacia lo infinito.

Al final de la semana, ya poco importaban los importantes premios a los mejores proyectos, o si el pitch frente al jurado fue más o menos fluido, importaban las redes sociales que se  crearon y que redefinen el concepto de transmedia. En esa semana, experimentamos cómo la manera de contar las historias está cambiando y la manera de producir también. Las historias son cada vez más un resultado de visiones convergentes y sociales. La creatividad comienza a ser parte de una nube colectiva a la que todos podemos acceder, recrear, y reinventar en cualquier parte del trayecto.

 

Finalmente, luego de innumerables Fiestas de Cierre que no cerraban nada, mi trabajo como productora transmedia cobró otra dimensión que ya no estaba unida a una red tecnológica, sino a una red social, viva, orgánica, pulsante, donde surgieron una decena de nuevos proyectos, alianzas, colaboraciones y nuevas películas creadas entre profesionales latinoamericanos que buscan generar algo mayor que la suma de sus voluntades. El Bolivia Lab fue más de lo prometido, fue una plataforma para elevarse más allá de la propia historia y generar, entre todos, algo con mayor altura, mayor potencia y mayor llegada. Y eso sólo se logra en comunidad. La creatividad es hoy, nuevamente, un entramado social (¡y transmedia!) que busca, con audacia, seguir contando las mejores historias más allá de los interrogantes que presentan los nuevos y viejos sistemas. En el Bolivia Lab, el carácter de Latinoamérica demuestra que lo puede todo, que las redes más importantes son las redes reales, y que, salvo raras excepciones, aún en los 4.000 metros de altura, los desafíos siguen empequeñeciéndose con la actitud correcta.