EFM - día 4

Con el estilo HC, nuestro bloguero exclusivo soporta el frío germano y nos ofrece esta cobertura del European Film Market de Berlín 2011.

Terminado el domingo, y con unas 35 reuniones encima, se me ocurre que puede ser instructivo repasar de qué constan las entrevistas con vendedores internacionales cuando uno es comprador, y que también sirve como ejemplo si uno es vendedor, supongo.

Las reuniones con los vendedores se arman desde unas dos semanas antes de la fecha de inicio del evento. Los vendedores arman sus line-up (lista de películas que presentarán en el Mercado, ya sea que participan de la selección oficial del Festival, o que son material anterior, o proyectos en alguna instancia de producción). La idea es tentar a los potenciales compradores de agendar una cita donde cada compañía hará lo imposible por embocarle la mayor cantidad de títulos posibles (pasados, presentes y futuros) a todo aquel que se siente en su stand. La selección de entrevistas a partir de las presentaciones no es infalible, y a veces se termina pagando con tiempo valioso la actitud de darle el beneficio de la duda a un vendedor que no pinta demasiado bien, pero que insiste lo suficiente como para que lo agendemos en algún rincón.

La experiencia de ir de stand en stand es agotadora, y las entrevistas se terminan pareciendo mucho entre sí (un posteo aparte debería detallar el vocabulario universal de los vendedores, o cómo 100 películas diferentes pueden definirse con los mismos 5 adjetivos). Uno sale en general peor de lo que entró: comprometido a ir a screenings a los que llegará sólo vía teletransportación, con una pila de DVDs que verá solo en parte, y repleto de flyers que servirán, en general, sólo para aumentar considerablemente el peso de su valija. Esta es una lista medio azarosa de cosas que pasan en los stand del EFM, y seguramente en los de cualquier otro mercado de cine:

- Un mercado de cine es como un mercado de cualquier otra cosa: un lugar donde muchos vendedores se encuentran con muchos compradores. En vez de manzanas, remeras o flores, hay películas. Hay algunas diferencias: la primera y más importante es que es más difícil conocer el beneficio de comprar una película, que el de comprar una remera, y la segunda es que no vamos a encontrar en ningún lado una pizarra donde se detallen los precios de cada producto. Las películas no tienen un sólo precio, tienen muchos. O tienen sólo uno una vez que el contrato de venta está firmado. Hasta ese momento, las cifras pueden variar muchísimo dependiendo del comprador, su territorio, los derechos que se adquieran y, especialmente, de su capacidad de negociación.

- Los vendedores suelen ser gente joven, aunque todavía quedan muchas honrosas excepeciones de agentes de venta con muchos años en el negocio, e incluso en la misma compañía. En este negocio la movilidad es enorme, y el vendedor que hoy defiende con el cuchillo entre los dientes un documental polaco de 8 horas, mañana nos va a asegurar, sin asomo de duda, que la película que realmente nos conviene es el thriller norteamericano con la estrella juvenil X.

- El mercado es agotador (hoy 2 de cada 3 vendedores respondía "cansado" a la pregunta "¿cómo estás?) y con el correr de los días el agotamiento se nota en los pitching, la capacidad de entendimiento y la de articular frases de más de 5 palabras.

- Los primeros dos o tres días lo usual es encontrarse con vendedores enérgicos, gesticulantes y atentos a que, mientras uno le cuenta conmovido la historia de su compañía, no se les escape otro comprador que pasa unos metros más allá. El desinterés le gana a la máscara con el correr de los días, y llegado el lunes o martes todo el mundo (o por lo menos aquellos que no tienen plan de comprar algo) sólo quiere entrar y salir de los stands lo más rápido posible. Las fiestas (ver posteo anterior) no ayudan a esto. Especialmente la tradicional fiesta de cierta compañía nórdica (ver posteo día 1), que se hace el domingo y termina con la humanidad de más de uno.

- Hay mucha gente que sostiene que algunas compañías venden más y mejor porque cuentan con una vendedora joven y atractiva. Es un argumento de algunos vendedores hombres, de hecho, pero suena un poco ridículo. Hay muchas compañias que tienen vendedoras jóvenes en pollera, pero me cuesta creer que alguien decida comprar una película como una especie de plan de seducción. En realidad me cuesta creer que alguien pueda comprar una película que no le interesa, sólo por un gran pitching.

- Creo que la cualidad sobresaliente en un vendedor es la de sentir sus películas realmente como propias, y la de saber detectar cuáles de ellas pueden interesarle a cada comprador, de cada territorio. Todo lo que cuento más arriba, obviamente, no ayuda a que esto suceda, y entonces cada distribuidor termina comprando más bien lo que está en su presupuesto y le tiene alguna fe (no sé si lo dije antes, pero este es un negocio de fe)

 

Cobertura EFM.