Hijo, has recorrido un largo camino

De cómo el videoclip nació, creció, superó sus traumas e intentó volverse cine.
Seth Rogen, Elijhah Wood y Danny McBride haciendo de los Beastie Boys.
Seth Rogen, Elijhah Wood y Danny McBride haciendo de los Beastie Boys.

Nota publicada en la edición impresa del número de julio.

 

Si bien los videos musicales existían desde mucho antes de su creación, en la forma de películas o especiales en vivo, la idea del clip como fuerza social masiva, como otro eslabón inescapable del circuito de promoción del rock, se instala con MTV (que puede ser considerada, si no la madre, al menos la madrastra que lo crió y luego lo abandonó). El videoclip se vuelve gigante en alianza estratégica con la televisión. La cadena, en sus inicios, solo tenía algo así como 20 clips que repetía de manera insistente a lo largo del día. Pero MTV hizo inflexión sobre un punto vulnerable de la psiquis mundial: la necesidad, por un lado, de ver a los músicos, darles caras y movimiento y moda y tics y particularidades. De volverlos algo así como nuestros amigos y apropiarnos de su aura por la visión. Por otro lado, la necesidad de observar la música, como un todo que une sonido y visión. Si una banda vende una imagen de conquistadores intergalácticos y encima los vemos haciendo de eso en televisión, en un video, con apropiados momentos épicos para los solos o los estribillos, bueno, lo compramos entero.

En 20 años el videoclip sufrió muchos de los mismos cambios que el cine en 100: intentó contar historias, sufrió censuras, expandió lo que se podía mostrar, inventó un par de técnicas, parió directores (que, curiosamente, luego quisieron ir todos a hacer cine) y, básicamente, se consagró como una forma artística más o menos válida en donde un tipo ambicioso podía hacer cosas nuevas y, en el proceso, ayudar a formar la imagen de una banda o solista que quedaría registrada en la memoria colectiva. Y que, además, podía regenerar con cada nuevo disco.

Hasta que llegó la internet.

El crecimiento de internet coincidió con un retraimiento de MTV del mercado del videoclip.Quizás por presciencia, quizás por simple oportunismo empresarial, la cadena que era sinónimo de música visual comenzó a abandonarla en los albores del nuevo siglo. Como todos sabemos ahora es una mera sombra de lo que alguna vez fue, un canal (otro más) que pasa realities de jóvenes conflictuados, perder peso, ser una estrella, más algunos dibujos animados más algunos programas de resaca de Jackass. La cadena que alguna vez vendió íconos que al menos tenían talento, ahora vende a adolescentes adineradas de las colinas de California o te propone que tu única salvación es ser un poquito más popular que tus compañeros.

Cuando apareció YouTube, el cambio de MTV pareció ser acertado, justo. YouTube comenzó a dar acceso a miles de videoclips, algunos oficiales, otros filmados por fanáticos, otros subidos incluso por los mismos músicos. La gran operación de caotización de la información, con todas sus consecuencias imprevisibles, hacía su aparición en la televisión musical y todos los dominós caían tintineantes.

Pero lo que no podían prever ni las cadenas musicales, ni los directores, ni las discográficas y quizás ni siquiera los músicos del todo, es la potencialidad que venía de un medio en el cual no había que pagar nada y tampoco estaba condicionado por las estructuras inherentes a un canal de televisión.La gente se sentaba si le interesaba, veía lo que le gustaba y, a medida que YouTube comenzó a afirmarse como una herramienta instantánea y fundamental en el paisaje de internet, recompensaba aquello que era bizarro, vergonzoso, innovador y creativo. Quizás el primer indicio de esto haya sido aquel video de OK Go, tan sencillo, tan estúpido, cuatro tipos y cuatro caminadoras eléctricas, una coreografía. No hacían falta grandes presupuestos, solo una idea. Ese fue un principio.

Pero el segundo video de OK Go es una inmensa máquina de Rube Goldberg en donde cosas se golpean y mueven perillas y estas a su vez tocan pelotas que encienden fósforos que disparan escopetas. Una cosa elaborada que recuerda a los momentos inspirados de Michel Gondry. Esa sería la segunda etapa. Porque si bien el videoclip había tomado muchos de los elementos de legitimación del cine (audacia, autores, narrativa), no había aprovechado aquel elemento que por primordial quedaba oculto: la longitud. Lo que les daba la libertad de escaparse de la televisión era poder hacer videoclips largos, caros, costosos. El último ejemplo de esta tendencia es la mini película de los Beastie Boys que sirve como continuación a su primer single, de 1986, “Fight For Your Right To Party”.

Los Beastie Boys (personificados por Seth Rogen, Elijah Wood y Danny McBride) bajan por las escaleras de la fiesta que acaban de destruir. A partir de ahí es un desfile de caras conocidas, de actores cool y encantadores, todos aquellos que hemos disfrutado en las comedias de la última década. Que culmina con un dance-off entre los Beastie Boys y los Beastie Boys… ¡Del Futuro! Interpretados por Will Ferrell, John C. Reilly y Jack Black. Los Beastie Boys originales aparecen solo una vez.

Descerebrado homenaje que tiene sus momentos muy altos y que también peca de un cierto cholulismo aburrido. Como: “mis amigos son más cool que tus amigos”. También está excelentemente filmado y el dance off es una escena memorable. También es un video, en el sentido de que los mejores momentos son aquellos que están acompañados por música.

Esta tendencia tuvo sus precursores, obviamente. Nombrar “Thriller” es de cajón, pero es verdadero. Lo que en algún momento fue considerado irrepetible con ese baile de zombies, ahora lentamente se está volviendo común. Tenemos, también, un lugar especial en nuestro corazón para Interstella 5555, la película-descompuesta-o-quizás-hecha-de-videos-de-Daft-Punk, dirigida por Leiji Matsumoto, más cercana a la película de rock, igual, que al videoclip per se.

Ya en el panorama post-You Tube, el año pasado lo tuvimos al megalómano de Kanye West dirigiendo un video de 35 minutos donde se enamora de un Fenix, explotan autos, van a fiestas elegantes y ella se horroriza frente a un pavo. Y a M.I.A. con su video para “Born Free”, alegoría política de la segregación interpretada por pelirrojos y con violentos rojos saliendo de sienes indefensas. A Lady Gaga y su video para “Telephone”, esa fiesta de referencias a Tarantino, exageraciones, muerte y sándwiches. Hasta Ariel Pink tiene un video de 7 minutos filmado de manera borrosa y confusa. Y los españoles de Astrud se subieron a la ola en un video de 11 minutos para “La Música de las Supercuerdas”, un poco más tradicional y con, obviamente, menos presupuesto.

Los casos de West y los Beastie Boys son extremos en el sentido de que duran aproximadamente media hora. Un capítulo de una serie. Los otros rondan la marca de los 10 minutos. El otro día encontramos al último siendo transmitido por HBO en un hueco en su programación, entre un capítulo de una exitosa serie original y una película de estreno. Quizás ese es el futuro.Completa y absoluta autonomía para el video musical, un lugar privilegiado dentro de los canales de entretenimiento de calidad. Despegarse de la música per se, abandonar la televisión musical, ese feudo temeroso y moribundo de la cultura popular. Subyugación en el mainstream y adopción de sus métodos y un curioso epitafio para otro sector de la industria discográfica. 

 

Seis casos recientes:

Runaway
(2010, 34 minutos)
Artista: Kanye West
Dirección: Kanye West

Scenes from the suburbs
(2011, 28 minutos)
Artista: Arcade Fire
Dirección: Spike Jonze

Fight for your right revisited
(2011, 30 minutos)
Artista: Beastie Boys
Dirección: Adam Vauch

Nine types of light
(2011, 59 minutos)
Artista: TV On The Radio
Dirección: Tunde Adebimpe

Telephone
(2010, 9 minutos)
Artista: Lady Gaga
Dirección: Jonas Ákerlund

Born Free
(2010, 9 minutos)
Artista: M.I.A.
Dirección: Romain Gavras