Las mujeres que amaban a un hombre

Surgida de una idea original de Graciela Borges, Viudas apuesta a la tragicomedia con dos mujeres unidas a la fuerza por un mismo amor que ya no podrá ser. La dirige Marcos Carnevale, parte del selecto grupo de directores argentinos con buena llegada al gran público.
Marcos Carnevale, entre Valeria Bertuccelli y Graciela Borges
Marcos Carnevale, entre Valeria Bertuccelli y Graciela Borges.

Augusto muere después de sufrir un infarto y deja a la deriva a dos mujeres: Elena, su esposa, y Adela, su amante. Moribundo y sabiendo que se le acaba el tiempo, Augusto le encomienda a Elena que se haga cargo nada más ni nada menos que de Adela, a la que su esposa recién acaba de conocer en el hospital. Adela, joven, inestable y necesitada de afecto, acude a Elena y trata de comunicarse con ella, casi siempre sin éxito. Hasta que después de un intento de suicidio, la viuda la recibe en su casa. De allí en más, las dos tratan de hacerle frente a la pérdida de Augusto lo mejor que pueden: Elena terminando un documental que habla de las mujeres y el amor, y Adela retomando la carrera de periodismo. Pero esta vez, para bien o para mal, Adela y Elena están juntas, compartiendo el mismo techo y los recuerdos de un hombre que parece haberlas querido a las dos.

 

¿Cómo llegaste a elegir a las protagonistas?

 

Graciela (Borges), que hace de Elena, ya estaba elegida de movida porque fue ella quien gestó este proyecto. Durante muchos años estuvimos coqueteando con la idea de filmar juntos pero nunca aparecía el proyecto. Esta vez me mandó el guión, lo leí y me gustó la idea, pedí hacer una adaptación y la aceptaron. Adela, el personaje de Valeria Bertuccelli, en un principio era distinto. Era una chica más joven, más voluptuosa, y encajaba mejor en el esquema del argentino pícaro (el personaje de Augusto) que dejaba a su esposa por una mujer más joven. Eso no me pareció del todo interesante porque lo ponía a él en un lugar muy básico y machista, y propuse hacer de Augusto un tipo más interesante, capaz de amar a dos mujeres distintas sin importar la edad. Así, pensamos en Valeria, la llamamos y se copó.

 

Adela es probablemente la que más sufre en toda la película. Es la que más llora, intenta suicidarse, la que está más sola. ¿Cómo trabajaste su personaje?

 

Es el personaje más complejo de todos. Es un poco anárquico, un ser humano que está perdido pero a la vez tiene un interior muy potente. Al mismo tiempo es muy libre y está muy sola. Es medio niña aunque también muy mujer, y uno puede inferir que tiene una locura no convencional que hacía que Augusto se divirtiera más con ella.

 

Justina, el personaje de Martín Bossi, parece sacado de otra película. No habla ni actúa como el resto, y sus apariciones son siempre muy disruptivas. ¿Cumple alguna función en especial?

 

Justina aporta humor, descontractura. Pero no está sacado de otra película, tiene otro tono: por su morfología, por venir de un barrio bajo, por ser “rollinga”. Es un personaje característico de la comedia, que brinda una dosis de humor y de conciencia, baja la verdad de una manera más cruda. Le advierte al espectador algunas cosas y blanquea, dice las verdades de manera poco sutil.

 

Elena se dedica a hacer documentales pero casi no habla de su trabajo y no se comporta como una directora de cine. ¿Por qué?

 

Porque no me gusta trabajar con estereotipos. Con Graciela nos basamos en María Luisa Bemberg para armar el personaje. María Luisa hacía películas y no tenía ni el fisic du rol ni hablaba como una directora de cine. Era una señora bien, una intelectual y tampoco vivía de hacer cine. Elena es parecida. Además, no habla demasiado de cine por lo que le está pasando, tanto por la viudez como por la invasión de una mujer que le viene a trastocar la vida.

 

La entrevista completa fue publicada en la HC de agosto.