Nacional ¿ y popular?

Con Caetano, Ortega, la productora Underground, Felipe Pigna y grandes actores de las pantallas chicas y grande detrás, el valioso ciclo emitido por Telefé aspiró a seducir a un público poco habituado a este tipo de propuestas.

El título puede no ser muy feliz, pero la intención de Lo que el tiempo nos dejó -que se emitió por Telefé los martes y/o miércoles a las 22:30 sin puntualidad- dio frutos que marcan contraste con lo que habitualmente ofrece la pantalla chica vernácula. Fue un ciclo de unitarios acerca de distintos hitos de la historia argentina, interpretados por una paleta de actores capaces de captar al gran público, como Cecilia Roth, Luciano Castro, Antonio Gasalla, Julieta Díaz, Leonardo Sbaraglia o Mike Amigorena, junto a otros más relacionados al cine festivalero o al teatro, como Martina Guzmán, María Onetto, o Nahuel Pérez Biscayart. Y, en el medio, actores con experiencia en ambos mundos, el de la tira televisiva y el de el circuito independiente, como Verónica Llinás, Alejandra Flechner, Alejandro Urdapilleta o Luis Machín. Como quien dice, para todos los gustos. 

La primera entrega marcó el estilo y el pulso de las siguientes: Laura Novoa encarnó a alguien que no es ni mucho menos que un calco de Eva Perón. No reprodujo la voz ronca de los últimos discursos -cuya grabación original sobrevoló parte del programa- ni alcanzó a esbozar la sonrisa emblemática de la líder de los descamisados. La actriz se situó más bien en un terreno puramente ficcional, que no pareció intentar abarcar más que la recreación de un momento. El débil parecido resultó, sin embargo, pertinente, porque la Eva que se quiso mostrar no es la del balcón, ni la de los cuadros en los colegios; no es la del Papa, ni la que enfrenta a las damas de caridad. Es una Eva en agonía, presa de la paranoia y una suerte de vehemencia agresiva que parece ayudarla a sobrevivir, hasta las 20:25 del 26 de julio de 1952.

Dirigidos mayormente por Adrián Caetano (uno sólo estuvo a cargo de Luis Ortega) y producidos por Underground, con Felipe Pigna como asesor y supervisor del aspecto histórico de todos los guiones, los distintos episodios tuvieron locaciones de lujo y muchos planos morosos y panorámicos que hacieron pensar, en algún instante, que se estaba ante una joyita del cine clásico. En el segundo episodio consagrado a la Noche de los Bastones Largos, sorprendió gratamente el casting para algunos personajes, como Luciano Castro (¿por qué abre tanto los ojos?) para hacer de milico suicida, mientras que otros fueron más previsibles, como Sofía Gala para chica rebelde de la universidad. El gobierno de Onganía como contexto general, la represión en las aulas al mando de un Machín que saca a relucir una de sus performances más enardecidas y perversas, algunas escenas de amor y sexo y la música de Pescado Rabioso para un cierre con fotos de la época, completaron la propuesta.    

En la tercera entrega, las Madres de Plaza de Mayo se impusieron como tema necesario, y los decorados y vestuarios setentosos (ultra verosímil look cabello al viento y saco de tweed de Amigorena) coparon la pantalla, sin cambios drásticos en la dirección de cámara y el montaje. Gasalla como un arzobispo temible y Roth como madre desesperada se destacaron con sus actuaciones.

El tormentoso amorío entre Francisco Canaro y la cantora Ada Falcón, interpretados por Leonardo Sbaraglia y Julieta Díaz; la Guerra de Malvinas vista a través de la performance de Carlos Belloso, Fabián Vena, Julieta Ortega, Claudia Fontán, Arturo Goetz y Sandra Mihanovich, y la historia de un pionero anarquista de origen ruso que llegará a ser líder del movimiento obrero argentino a principios del siglo pasado, con Rodrigo de la Serna, también formaron parte de una superproducción nacional con todas las letras.