Camino es una niña y es, también, la obra del fundador del Opus Dei Josemaría Escrivá de Balaguer. Pero por sobre todas las cosas Camino (la película) es una reflexión sobre la infancia y la libertad, y una profunda crítica a los métodos de aquella institución católica.
El director de El milagro de P. Tinto y La gran aventura de Mortadelo y Filemón, narra en su tercer film, la historia de una niña de 11 años, educada en el seno de una familia ultra religiosa, que sufre una enfermedad terminal y debe afrontar el sufrimiento y la agonía de la muerte, a la vez que descubre una nueva sensación que aflora en su interior: el amor.
Javier Fesser se inspiró en un hecho real, en la vida de Alexia González-Barros, una joven de 14 años que falleció en 1985 por una enfermedad terminal y que se encuentra en proceso de beatificación.
Cuando se estrenó en España, era de esperar, el film generó todo tipo de polémicas y rechazos en sectores de la Iglesia y de la propia familia de Alexia, lo que llevó a que el director publicara una carta abierta en los medios replicando las acusaciones. Según el mismo, “lo que más duele es que muestra que el camino que proponen e imponen a miles de inocentes personas, que por una cosa o por otra han terminado enredados en su viscoso entramado pseudoespiritual, es un camino a ninguna parte”.
Un film duro, sin dudas, pero al que, pese a la tragedia, el director le imprime su sello autoral con imaginación y frescura.
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