Por mi culpa

¿Fue acertada la decisión de los productores de Vaquero de lanzarse a distribuir la película por cuenta propia? Más allá de los resultados de taquilla, algunas enseñanzas que dejó la audaz iniciativa.

El 21 de septiembre, el día de la primavera, BD Cine, productora de Daniel Burman y Diego Dubcovsky, informó que a partir de ese momento iba a distribuir sus propias películas, empezando por Vaquero, de Juan Minujín, una semana más tarde. Para mí fue la noticia del mes, y una de las noticias del año. Los demás no deben haber pensado lo mismo: la novedad fue cubierta a la pasada, ese mismo día, sin mayores repercusiones. Que una de las productoras argentinas más visibles, decida prescindir de uno de los eslabones tradicionales de la cadena de valor de la industria del cine, para, en su lugar, abonar a la tendencia de la distribución Atendida por sus Dueños, no significa mucho, parece.
Me junté días más tarde con Dubcovsky para conocer algunos detalles más de este proyecto, y volver a felicitarlo por la iniciativa. Aparentemente, una cuestión coyuntural y otra más estratégica habrían incidido en esta decisión. Por un lado, la constante postergación del estreno de Vaquero, hasta hace poco en manos de Primer Plano, movió a BD a recuperar los derechos de su película para poder elegir una fecha fuera de la agenda de un distribuidor, y ser responsable del resto de las tareas de distribución de la película. Por otra parte, para BD pesaba la sensación de que el mercado se estaba achicando demasiado como para darse el lujo de incorporar un intermediario.
Según Dubcovsky, el acuerdo con los distribuidores entraña una injusticia: el productor pone en la sociedad todo el riesgo (los años de trabajo en una película, los gastos de lanzamiento) mientras que el distribuidor sólo recauda, mucho o poco, pero nunca pierde. Coincido a medias. El distribuidor pone trabajo y know how en una cantidad que sólo conocen los que alguna vez tuvieron que distribuir una película; y en un material (el cine argentino) que pierde más veces de las que gana. Por otra parte, es cierto que el mercado hoy, en términos de oferta y demanda, permite que el distribuidor elija qué películas nacionales quiere distribuir, e imponga las condiciones que considera más convenientes. Pero la responsabilidad de esto es también de los productores, que ignoran en muchos casos lo que significa ser los dueños de los derechos de sus contenidos, y firman contratos leoninos sólo para quejarse tres meses más tarde…
Con los magros resultados de las primeras semanas de exhibición de Vaquero, más de uno podría pensar que BD se equivocó al lanzarse por las suyas a esa pileta de pirañas que es el circuito comercial. A los que suponen que mejor hubiera sido ir con una distribuidora independiente cualquiera, lo invito a ver los resultados del estreno de Medianeras, cuyo primer fin de semana transcurre con más pena que gloria mientras escribo esta nota. Para los que piensan que la única forma de convocar público es asociarse a una major, le sugiero que revise los resultados de La Vida Nueva, estrenada hace pocas semanas por Buena Vista.
A diferencia de estos últimos dos ejemplos, le queda a BD el retorno de un gran aprendizaje. Según Dubcovsky, se hizo para Vaquero un buen trabajo de comunicación, se consiguieron todas las salas que querían y se estrenó en una fecha razonable. Sin embargo, el público no respondió en la medida que la productora hubiera querido (una medida ya muy por debajo de lo que el negocio considera exitoso). Para él, se trata simplemente de que la película “no interesó”. Y yo creo que esta conclusión, a la que se llega gracias a haber sido el único responsable del estreno de la propia película, tiene un valor inmenso. No hay teorías conspirativas sobre salas. No hay malas decisiones de distribuidores externos a las que echarles culpas. La respuesta a un fracaso, o a un éxito, está muchas veces dentro de cada película. Y el que sabe esto, lo sabe casi todo. Si una productora capitaliza estas experiencias (cuando distribuya sus próximas películas, pero también cuando las produzca), sin dudas va a ganar mucho más de lo que va a perder.  No se trata de lo que la Distribución puede hacer por nosotros, sino de lo que nosotros podemos hacer por la Distribución.