Post-party

¿Qué pasa cuando una fiesta termina y no hay ganas de irse a dormir? La cámara de Iván Fund se adosa como un imán a los rostros agotados, jocosos y agobiados de cuatro amigos que siguen de largo para vivir una suerte de resaca emocional en La Risa, ópera prima a estrenarse este mes en el MALBA.
Iván Fund.

Entrevista publicada en la edición impresa del número de marzo de 2011.

 

Iván Fund tiene 26 años y está a punto de estrenar su ópera prima (rodada a los 24) pero, inquieto como es, ya está buscando financiamiento para su cuarto proyecto. ¿Cómo lo hizo? Este santafecino con formación autodidacta, personalidad seria, y que prefiere sin embargo evitar hablar de “carrera” (como también de presupuestos y de eventuales apoyos del INCAA), hizo en el medio, y junto a Santiago Loza, Los Labios, con la que se cansó de recibir elogios y premios (Cannes incluido), y en estos días está haciendo el corte final de Hoy no tuve miedo, su tercer largo. Tal fue el raid de hechos sucedidos desde el rodaje de su ópera prima que, admite al comienzo de la entrevista, mientras de fondo suena el nuevo disco de Radiohead, le cuesta volver a pensar La risa a la distancia.

Los personajes de su película descorchan un champagne a las 8 am, con lo que, naturalmente, disparan momentos muy graciosos. Pero en algún punto parecen estar ahí para dar pie a momentos de tensión y de gran intimidad, donde, por ejemplo, bromas y miradas libidinosas sobre lo buena que está la hermana de uno pueden derivar en un llanto silencioso, y donde, alcohol mediante, lo risible amenaza con tornar un viaje en auto entre amigos que se conocen mucho en un mal momento. Avatares de la compañía y de la amistad que Fund retrata con rigor documental, revelando el agobio y la frustración general que puede esconderse bajo una noche de joda.

¿Qué te motivó a retratar a un grupo de amigos en estado de borrachera matinal?

 

Surgió de inquietudes que ya venía explorando en los cortos previos. Hay algo de esa franja horaria, del momento posterior a la fiesta, que conlleva una especie de estado de pureza que me atrae. Me interesaba observar a los personajes desenvolverse en ese momento en que lo cotidiano se dilata y se vuelve confuso: las cosas suelen presentarse como nuevas, parecidas a un renacer, pero también vienen acompañado de un cierto hastío y angustia. A veces bromeábamos con una conexión directa entre el post parto y el post party...

Usaste tantos planos cerrados de rostros, que el pueblo (Crespo, Entre Ríos) aparece casi de rebote. Sin embargo, no deja de ser un actor fundamental de la película.

Sí, parte de la idea era hacer un documental de rostros. Y para mí, esos caminos aledaños a las afueras del pueblo, esos campos desiertos donde ellos vuelven una y otra vez, funcionan como un límite concreto del que no pueden escapar...Pero creo que ese deseo de escapatoria es inevitable tanto en un pueblito como en el conurbano. Es algo del orden de lo íntimo... Pero ahí, y para bien o para mal, es cuando aparece la compañía, que es lo único que les devuelve un sentido a los personajes y los ayuda a sostener ese hastío...

¿Son actores de formación? Realmente parecen amigos de toda la vida.

Son actores y, aunque no parezca, se conocieron el día anterior a que empezáramos a filmar.

¿Cuánto hubo de improvisación?

Hubo un tratamiento previo con las escenas. De hecho, Santi (Santiago Loza) me ayudó con el armado del tratamiento que era una especie de escaleta de cinco páginas. Ahí estaban las bases de los incidentes y tonos que quería para la peli...Pero a la hora de rodar fue totalmente improvisada.

Imagino que el presupuesto fue mínimo.

Más que mínimo era ridículo: unos 5mil pesos. Incluso los chicos pusieron plata para poder costear algo de la comida, y paramos todos juntos en un departamento, los cuatro actores y las tres personas del equipo técnico... La película se gestó de manera muy espontánea, ya que cuando conseguí la cámara pensé que no hacía falta nada más…

Una vez que consegui apoyo para el sonido, llamé por teléfono a los chicos y les hice una doble propuesta: si querían protagonizar una pelicula y si querían poner algo de plata (risas). Por suerte creyeron en la propuesta y a la semana siguiente ya estábamos con reuniones.

¿Cuántas jornadas de rodaje fueron? Parece filmada en un sólo amanecer…

Fueron casi dos semanas, en las que filmamos tanto en las madrugadas como en los atardeceres. Tenía muy pocas horas al día para filmar dado que sólo quería utilizar luz natural. Había que levantarse muy temprano y hacía muchísimo frío, y me parece que se nota en el cansancio real de sus rostros...Incluso la escena del final se filmó casi mes y medio después que el principio. Ya estaban todos barbudos (risas).