Promesas del Este

Rumania / Nota I:

La caída del emperador rumano

La actual cinematografía rumana tiene, en Nicolae Ceausescu, un pilar fundamental. Líder durante 25 años, su presencia corpórea o espectral sobrevuela los films.

 

 

A los exponentes que conforman la efervescente cinematografía rumana, no sólo los hermana un dispositivo técnico-narrativo en común (cámara fija que captura largos planos secuencias), sino que los atraviesa la presencia, espectral o corpórea, de un personaje fundamental: Nicolae Ceausescu. Líder del Partido Comunista Rumano des-de 1965, accedió a la presidencia del Consejo del Estado, autoridad suprema del país, en 1967. Las ínfulas de independencia ante la Unión Soviética le valieron un iniciático apoyo popular, que su carácter déspota y personalista se ocupó de so-cavar, al tiempo que la sociedad empezó a sufrir su omnipresencia casi orwelliana: parecía verlo y oírlo todo. A fines de los 80, con la Cortina de hierro ya caída y una pobreza galopante, la reconfiguración geo-política era inminente. El fin llegó durante la revolución del 22 de diciembre de 1989. Fue ejecutado tres días después.

¿Fue o no revolución? Esa pregunta plantea el título original de Bucarest 12:08, donde un conductor televisivo, con más oficio que recursos, rememora el decimoquinto aniversario de la caída resolviendo el supuesto enigma. Estrenada en Cannes 2006, la ópera prima de Corneliu Porumboiu es un registro del legado edilicio del otrora mandamás. En sus planos iniciales y finales subyace la profunda desazón de una Bucarest monocromática, de casas bajas casi tan grises y apagadas como la calle y el cielo encapotado que las circundan.

Sin relegar esa presencia de lo físico (los espacios habitacionales y sus intersticios son espacios preponderantes), Cómo celebré el fin del mundo y 4 meses, 3 semanas, 2 días retratan la influencia del totalitarismo en la vida cotidiana de quienes lo padecen: son personajes ordinarios sometidos a un proceso extraordinario. La primera, revelación de la sección Un Certain Regard en Cannes 2007, adopta el punto de vista de un chico y dos amigos que se proponen el menudo objetivo de asesinar a Ceausescu. La segunda, Palma de Oro en el mismo festival, se centra en dos estudiantes universitarias que intentan abortar el embarazo de una de ellas. Más allá de cierto halo a qualité for export (en Cómo celebré...) y del abuso de golpes bajos (en 4 meses...), Catalin Mitulescu y Cristian Mungiu cuelan en cada gesto de sus criaturas, en sus actitudes y pensamientos la presencia del todavía mandatario.

El archivo arroja un dato curioso. El trío se estre-nó en 2007. El éxito de público (casi diez mil espectadores con sólo dos copias en DVD) y crítica que en enero de ese año significó La noche del señor Lazarescu, fenómeno festivalero durante 2005, sirvió de ariete para que sus coterráneas adquirieran la atención de los distribuidores. El opus dos de Cristi Puiu narra el derrotero hospitalario del hom-bre del título, rechazado por todos y cadauno de los nosocomios de una Bucarest post Ceausescu, tierra de seres egoístas, que priorizan el desentendimiento ante el compromiso, ensimismados y empecinados en no ver más allá de sus narices.

Pero no sólo de estrenos comerciales se alimenta el cine. Tales from the Golden Age es un film colectivo impulsado por Mungiu, el mismo de 4 meses, 3 semanas, 2 días, aquí uno de los cinco directores. El eje es la etapa crepuscular de Ceau-sescu y los segmentos pecan de irregulares, pero los enlaza la capacidad para reírse de un tema que aún genera resquemores. Menos tangencial es el abordaje del rumano Andrei Ujica y el alemán Harun Farocki en Videogramas de una revolución, vista aquí en el BAFICI 2003. El film reconstruye las últimas horas del régimen y los momentos previos a la ejecución del mandatario y su esposa Elena(funcionaria durante la gestión) mediante videos de aficionados y programas de la televisión pública rumana.

La temática no parece agotarse. Durante el último Cannes, Ujica presentó The autobiography of Nicolae Ceausescu. Sin estreno comercial asegurado en Argentina, el film utiliza un dispositivo similar al de Videogramas…: tapes e imágenes oficiales tomadas durante los veinticinco años de gobierno que implican la resignificación de la historia rumana. La definición de Luciano Monteagudo en Página/12 pinta de cuerpo entero la concepción que Ceausescu tenía sobre sí y la gestión. Su autobiografía no es sino la “improbable ficción sobre un imperio que jamás existió”. ▀

Rumania / Nota II
La noche del señor Lazarescu

 

La premiación en el último BAFICI de Policía, adjetivo (segundo film del rumano Corneliu Porumboiu), en los rubros mejor actor y mejor director, sirvió como una suerte de reparación a una anécdota un tanto agridulce ocurrida en algunas de las proyecciones que la película había tenido durante el festival. Resulta que sin llegar siquiera a la media hora de comenzada la función, se producía inevitablemente una tímida pero inocultable diáspora desde las butacas hasta las afueras de la sala. Las largas secuencias en las que el policía que protagoniza la historia persigue sigilosamente a un joven fumador de hachís, impacientaban a una parte de la audiencia que en muchos casos optó por levantarse e irse. Pero los que eligieron quedarse pudieron experimentar el giro que toma el film en su recta final, no para contrastar o evidenciar fallas de su desarrollo sino justamente para darle sentido a esa elección del director. De cualquier forma, nada de lo ocurrido sor-prendió a la productora Marcela Ursu, que viajó desde Rumania con la película: “Eso pasa siempre. La película divide al público en dos partes muy marcadas: el 50 por ciento no tiene paciencia, está esperando ver un policial con armas y todo lo demás. Y los otros aman la película. Si se quedan y tienen paciencia, encuentran la clave del film y salen muy satisfechos.”

Es probable que algunos de esos que optaron por quedarse en la sala estuvieran al tanto de que la película en cuestión llevaba la firma del director de Bucarest 12:08, ganadora de la Cámara de Oro a mejor ópera prima en Cannes y del premio del público en la edición de 2006 del BAFICI. No obstante,para la productora, los laureles cosechados por Porumboiu en su debut no allanaron el camino en la distribución de la actual película. Lo que sucede con una parte del público en las salas no es más que una réplica de lo que se da entre algunos distribuidores europeos, incapaces de encontrar un modo de exhibición acorde a una película de este tipo, que en el peor de los casos es “de nicho”. “Todo el mundo estaba esperando la segunda película de este director -recuerda la productora-, pero una vez que la veían, ya no la querían. No fue nada fácil venderla. Es una película muy difí-cil para el mercado. De hecho la mandamos a 50 agentes de venta en Europa y todos los que estaban tan entusiasmados después dejaron de contestar los mails”.

 

Dado el volumen no demasiado grande de esta y otras tantas producciones de la actual cinematografía rumana (los presupuestos no suelen superar el millón de dólares), una productora como Marcela Ursu puede sentirse fuertemente identificada con el discurso de su película, así como también con los ideales de la generación de directores que desde hace poco más de cinco años vienen cambiando la cara al cine rumano. Incluso antes de la consagración definitiva que le llegó al cine de este país en 2007, cuando Cannes distinguiera con la Palma de Oro a 4 meses, 3 semanas y 2 días, de Cristian Mungiu, toda una nueva camada de cineastas ya estaba buscando la forma de rebatir el daño cultural que la dictadura había provocado en la sociedad. “Hay una estadística que dice que el 80 por ciento de la población rumana de entre 11 y 35 años no ha visto una película en el cine jamás. Ni siquiera hay demasiadas salas. Sólo algunos complejos multisala y para películas de-masiadocomerciales”, se lamenta Ursu. En respuesta aese empobrecimiento cultural fue ganando vigor el nuevo cine rumano, nocon un afán dedenuncia, sino más bien con inteligencia y buen humor. La noche del señor Lazarescu(CristiPuiu, 2005) empezó con esta nueva forma de hacer cine en Rumania. Y eso lo hizo más fácil para los demás. Creo que tenemos un gusto en común para hacer películas. Cada uno tiene su manera, pero todos venimos de la dictadura, todos fuimos educados en ese momento y las historias de algún modo reflexionan sobre esa etapa. Tenemos la misma educación y punto de vista de la vida, pero el modo de expresarlo es distinto entre los directores. Y por supuesto, no todas las películas pueden ir a Cannes”, completa Ursu sobre una filmografía nacional donde también brillan los films de directores como Catalin Mitulescu y el fallecido Cristian Nemescu.

Pero el superávit creativo que siguen demostrando las producciones rumanas todavía no puede escapar deun profundo déficit económico.La experiencia de producción de Policía, adjetivo le permite a su productora dar cuenta de los desafíos que debe asumir una cinematografía emergente, que aún no logra ponerse de acuerdo con las autoridades nacionales en la creación de un sistema satisfactorio de financiación (ver recuadro). “El presupuesto para una película como esta es de 800.000 euros.Existe un fondo nacional de cine, pero funciona como un crédito. Te prestan la plata y después la tenés que devolver. Por eso nosotros tratamos de no gastar dinero en vano. Cuando hay poca plata, no queda otra que trabajar mejor”.