Rompecorazones

El hombre de tu vida, la serie unitaria de Juan José Campanella, seduce a un amplio espectro de audiencias con un trío protagónico que convalida sus pergaminos a todo brillo en esta comedia sentimental.
Foto: Telefe Prensa

Nota publicada en la edición impresa del número de septiembre.

 

Francois Truffaut insistía en identificar a los guionistas europeos (más precisamente franceses) como creadores únicos, que pretendían estar contando una historia por primera vez. En cambio, destacaba la importancia de los americanos: autores con plena conciencia de que contaban con los cuatro o cinco modelos de historia existentes y a cuya estructura se limitaban a añadirles algunos “toques personales”. Juan José Campanella no es ni francés ni norteamericano pero se acerca más al segundo grupo por trabajar con el timing justo, por darle a una ficción episódica de organización clásica y visitada repetidas veces por el público, la frescura de un primer visionado. En El hombre de tu vida la comedia costumbrista (desempleado que “transa” con una ocupación poco habitual) y el sketch de piolada argenta (esa ex monja que tiene un orgasmo cuando la besan en la frente, colindante al vodevil marca Olmedo) están levemente corridos de su eje, con los mecanismos necesarios para eludir la previsibilidad más rayana, con el aporte de leves variaciones que realzan el conjunto. Esto quiere decir que el lugar común sirve como plataformapara transitar zonas temáticas originales como la burla prejuiciosa que va mutando en “pedagogía de la diferencia” conforme transcurre el inolvidable capítulo donde Jorgelina Aruzzi interpreta a una médica con una discapacidad neurológica.

Aquí, el director de El secreto de sus ojos, compone un retrato social donde se construye un “nosotros clasemediero” desde el que se trata de provocar una identificación directa, aunque tan sólo sea con un mínimo de los rasgos de aquello que vemos en la pantalla.  Ahí está Guillermo Francella tratando de lidiar con su trabajo de Casanova tercermundista, usando el recurso que tiene a mano (chamuyar, seducir con su argentinidad al palo) para “parar la olla”; ahí está ese cura díscolo siempre a punto de cruzar los límites éticos de su castidad encarnado por Luis Brandoni y, por supuesto, esa frutilla del postre que es la brillante actuación de Mercedes Morán como la micro-emprendedora que ofrece batallarle a los dilemas sentimentales de mujeres solas. Habría que destacar el inmenso trabajo en la dirección de actores, sobre todo por lograr economizar aquellos tics cristalizados del trío protagónico (tal vez, quien quede más pegado a sus interpretaciones del pasado sea Luis Brandoni) y apelar a una gestualidad novedosa; y además por incorporar personajes secundarios de inmensas actuaciones que le dan respiración a la historia cuando ésta amenaza con ampararse en la efectividad de sus estrellas.

Si algo deja en claro esta ficción televisiva, es que Juan José Campanella  se instituye como un realizador curtido en el arte de la serialización, con un prontuario basado en el sistema de las series norteamericanas como Dr. House y La ley y el orden donde supo colaborar. Hoy, en El hombre de tu vida aplica esa experiencia narrativa con la mayor elegancia y entrega lo mejor que le pasó a la pantalla catódica en mucho tiempo.