A seguro le pusieron un tag

SICON

 

En épocas de convergencia, de expansión y explosión de las comunicaciones, los esquemas tradicionales de producción y distribución de los productos culturales tambalean. Las posibilidades de emisión de mensajes se han ampliado y la propiedad sobre el discurso ya no es monopolio de tan pocos.

En ese marco, la palabra “seguridad” habilita unos cuantos interrogantes. ¿Qué es “proteger” una obra artística? ¿De quién y de qué hay que protegerla? ¿Es un debate técnico o político y cultural?

En la era digital, la llamada “pira-tería” de contenidos es un gran signo de interrogación. Con el afán de brindar una solución a este problema, Sicon Strategies lleva adelante la implementación de un sistema de “trackeo” de cintas, que permitiría reducir el riesgo de copias ilegales.

Sobre esto, su Director de Consultoría, Christian Quattrocchi, nos contestó algunas preguntas:

 

¿Cómo una empresa de seguridad se propone el desafío de trabajar con el cine?

No hay en Latinoamérica otra consultora de seguridad que haya desarrollado soluciones para la industria cinematográfica en el sentido de la protección de los contenidos. Pero más que una ocurrencia nuestra fue una demanda del mercado. Hace unos años la MPAA (Motion Picture Association of America) empezó a emitir estándares de seguridad contra la piratería, y a exigir a los laboratorios cumplir con esos estándares, para generar una cadena de seguimiento que permita identificar, por ejemplo, en qué sala de cine se generó una captura de pantalla durante la exhibición de una película.

 

¿Qué es el RFID (identificación por radiofrecuencia)?

Es una tecnología de seguimiento de productos que permite hacer un “trackeo” de cada rollo de cinta de 35mm dentro del proceso de un laboratorio. El RFID trabaja con “tags”, que son como unos stickers electrónicos que se agregan a la cinta.

 

¿En qué punto de la cadena está el mayor riesgo?

Los grises más grandes están en el intercambio de los rollos. Desde que salen de los estudios y llegan al laboratorio, y en la salida hacia distribución. Durante el proceso, con esta solución de RFID, queda muy aco-tado el riesgo de copia y de extracción de material. El desafío que vie-ne es extender ese proceso de “trackeado” desde dentro del laboratorio hacia la distribución a las salas. Se puede segurizar toda la cadena de copias con esta misma tecnología.

 

¿Han tenido casos de vulneración del sistema?

No. No hay manera de vulnerarlo si estás adentro del laboratorio. Por ejemplo, cuando se hicieron las copias para la distribución en Latinoamérica de Avatar, estas medidas de seguridad fueron aprobadas por la Fox en forma directa.

 

Parece un servicio dirigido sólo a grandes productoras ¿es accesible a pequeños y medianos reali-zadores?

Se trata de algo accesible a cualquier laboratorio. En lo que redunda esto es en la calidad que va a tener su producto final. Cualquier productora tiene dos premisas básicas: una es que su producción tenga una excelente calidad visual y auditiva, y otra es que se distribuya como ellos quieren. En definitiva es arte y es negocio. En lo que hace al arte, de eso se encargan los especialistas y el laboratorio. En lo que hace al negocio, ahí entramos nosotros. Si una producción se distribuye por medios ilegales o se “piratea” antes de llegar a la comercialización que estaba pactada, no le sirve a nadie.