Un impostor en pantalla

De una “equivocación” que le comunicó Pablo Trapero, nos cuenta Alan Pauls, surgió la idea de encarnar al marido veterinario de Martina Gusmán en La nueva vida. Devenido actor protagónico, el autor de El pasado responde sobre su incursión en la materia y aclara: “Soy un escritor: soy incapaz de actuar, pero mucho más de pensar y actuar al mismo tiempo”.

Juan es el veterinario rural de un pueblo de la Provincia de Buenos Aires del que nunca se definen sus coordenadas geográficas específicas, más allá de alguna referencia a la Capital o la cercanía a un caudaloso río. Esa vida apacible, que discurre entre la rutina y su consecuente parsimonia, se interrumpe cuando presencia una picardía adolescente que deviene en tragedia. El saldo es uno de los jóvenes internado en un coma profundo. De allí en más, la vida nueva del título: ya nada será lo que fue. Porque el tío del herido, un rockero que triunfó en la gran ciudad (Germán Palacios), vuelve a la tierra que lo vio nacer y, por qué no, enamorarse por primera vez de la por entonces veinteañera y promisoria pianista Laura (Martina Gusmán, el rostro más armónicamente luminoso del cine argentino actual), actual esposa del veterinario.

Juan tiene el rostro de Alan Pauls. Sí, el mismo que miércoles tras miércoles ocupa el emblemático sillón robusto de los copetes del ciclo Primer Plano, de I-Sat; el escritor y ensayista; el autor de las novelas El pasado y Wasabi; el guionista de El Censor y Vidas Privadas; uno de los críticos más importantes del Nuevo Cine Argentino; se le anima a un protagónico en la nueva película de Santiago Palavecino, La vida nueva. “La idea me llegó vía Trapero, productor del film. Me llamó, me contó el proyecto, me dijo que sabía que podía sonar descabellado pero que me había visto en una fiesta y había pensado en mí para un papel. Le pregunté qué tenía que hacer. ’Veterinario de pueblo’, me dijo. Le dije que estaba loco y que me mandara el guión enseguida. No me hace feliz que tengan una idea un poco equivocada de mí, pero las ideas muy equivocadas siempre me dan curiosidad”, explica Pauls desde Chile, entrevistado por esta revista vía e-mail.“Además me gustaba Santiago Palavecino: había leído muy buenos textos suyos sobre cine y su primera película, Otra vuelta, me interesó mucho. Me gustaba también que estuviera Martina Gusmán en el elenco. Soy medio fan de Carancho. La vi como una especie de Crash argentina”, completa el escritor, quien ya había hecho una pequeña participación en la desquiciada ¿De quién es el portaligas?

 

¿La idea siempre fue que actuaras o en algún momento se pensó tu participación desde la escritura?

 

Sólo que actuara. Pero tenía la impresión (es una superstición que me gusta alentar) de que también me llamaban por la relación particular que tengo con el cine. Como un viejo cool que sólo por un azar generacional no había salido del semillero de la FUC como ellos. Un plus que quizá no se vea en la pantalla, pero que rendía bastante en las charlas entre toma y toma.

Vos siempre mencionás que las obras artísticas de tu interés son aquellas que te plantean desafíos. ¿Cuál es el desafío que te planteó La vida nueva?

 

El desafío de ser un impostor. Yo era la única persona real de este lado de la cámara. ¡Todos los demás eran actores! Y tener una vida nueva durante casi un mes. Viajar a San Pedro todos los días, charlar con remiseros escuchando Radio 10, dormir en un hotel frente al Paraná, dejarme meter mano por microfonistas y maquilladoras, manejar pick-ups, darme baños de cama solar, hacer toda clase de cosas sin que tengan ninguna consecuencia, decir textos ajenos, confiar en otros. Y esperar. Esperar mucho. Esperar es el factor Beckett de la actuación.

¿Qué papel jugó tu capacidad para crear personajes literarios al momento de pensar a Juan?

 

Ninguno. En parte porque los de mis novelas no son personajes convencionales: no suelen tener psicología, ni aspecto físico, ni ninguna otra característica demasiado visible; sólo una conciencia hiperdesarrollada y deforme. Y en parte porque nunca llegué a “pensar el personaje“. Cada vez que empezaba a pensar...¡había que actuarlo! Soy un escritor: soy incapaz de actuar, pero mucho más de pensar y actuar al mismo tiempo.

 

La entrevista completa, en la edición impresa del número de septiembre.