¿Quién es esa chica?

Linda, simpática y sencilla. Malena Sánchez se destaca por esa combinación de atributos poco frecuente, pero hay más: también se preocupó en formarse, bailó en factorías juveniles, debutó con Norma Aleandro, y ahora es parte de varias de las próximas apuestas fuertes del cine argentino.

Es mediodía y el sol radiante pega en una casa del barrio de Villa Crespo. Un mensaje de texto que dice: “El timbre anda mal: golpeá la puerta que se escucha re bien”. Toc, toc. Y ahí está Malena Sánchez, 23 años, actriz, estudiante de Filosofía. Hoyuelo en la barbilla –según la gilada, representa el carácter de personas alegres y cariñosas–, pelo enrulado, olor a crema de enjuague, jean azul, remera verde oscuro y ojotas negras. Sobre la mesa, un libro: La voluntad, de Martín Caparrós y Eduardo Anguita, sobre la militancia revolucionaria del peronismo. “Me obligo a leer”, asegura.

Decir que los comienzos de Malena Sánchez tienen que ver con Chiquititas es regalarle un punto al universo Cris Morena. Malena Sánchez debutó con Norma Aleandro. “Toda mi vida quise ser actriz, y mi viejo, como es actor de teatro, me decía que no, no y no. Que tenía que estudiar”. De lanzada, un día le dijo al actor que hacía de carpintero en Chiquititas que quería trabajar con él. Y él le consiguió una audición: finalmente quedó. Bailó en dos videoclips, y a su padre no le gustó nada. “En ese momento cumplí mi sueño”, dijo. Pero, con el tiempo, le daría la razón a su papá. De los 7 hasta los 11 años cursó en el Instituto Vocacional de Arte, a contraturno del colegio. Para esa época, su mamá le decía: “Vos querés ser la linda tonta de la tele”. Y ella: “No, no y no”. Al tiempo, le salió un bolo para Rebelde Way. Su padre estaba que trinaba. “Hice dos capítulos y miré a cámara todo el tiempo”, comenta y larga una carcajada. Terminó el secundario en la Escuela Superior de Comercios Carlos Pellegrini. Y, mientras, también cursó actuación con Julio Chávez. Entonces, ahí donde todo es incomodidad y rebeldía, Malena Sánchez fue una rara avis, linda y aplicada: “Siempre le tuve miedo a lo que decía mi mamá sobre ser linda y tonta”.

Llegó a protagonizar Familia para armar con Norma Alendro, su verdadero debut actoral, después de un casting. Y otro casting. Y una coach que la siguió. Y otro casting más. “No me gustaste mucho, pero sos de lo mejorcito”, le dijo aquel castineador. Y quedó. Malena va al frente: “Mi papá me fue inculcando eso de las críticas: todo me chupa un huevo”.

La profesión del actor invita a momentos de luz y otros de oscuridad. “Puede pasar que seas la mejor, la más divina, y de pronto te quedes seis meses sin trabajar”, reflexiona. Se baja el cuadro de Chiquititas, se sube el de Norma Aleandro. No se la creyó: “Uy, se me rompió la ojota”, se sorprende mostrando una ojota con visibles intentos de reparación.

“Hace dos años que mis papás no me pagan nada. Salvo un seguro contra robos que le pusimos a la bicicleta”, comenta. ¿La bicicleta? Una Olmo color roja. ¿Por qué le puso un seguro? “Porque cuando me robaron la anterior sufrí mucho”. Estuvo durante tres meses en la tira Dulce amor e iba en bici hasta los rodajes en Martínez. “Creo que los Estevanez no me volvieron a llamar por ser cabeza, ja”, comenta risueña. En el living hay unas flores, un libro de Boca Juniors (“Ay, no te hablé del Diego”) y una invitación: las otras habitaciones. Malena Sánchez vive con un amigo. En su cuarto, un quilombo de esos de mujer. En la pared, algunas anotaciones: “Hablar menos, escuchar más [...] Actualizar el reel”. Malena Sánchez tiene un novio. “Ahora está durmiendo”, dirá. Y su novio, como en un truco de magia, aparece y retruca: “No estaba durmiendo”. Lo curioso: su reel actoral dura quince minutos. “Ahora me lo va a acortar él”, arremete juguetona. Y su novio –director de cine– asiente como asienten los novios: el sí viaja despacio con la cabeza de arriba hacia abajo.

Sánchez participó con asiduidad en televisión. Hizo Herederos de una venganza, La celebración e Historias de corazón. En cine se desempeñó en De martes a martes, película ganadora de unos 26 premios internacionales. Ahí tiene una escena shockeante: es violada por el personaje de Alejandro Awada. Carne sobre carne, voluntades coartadas y un llamado que sorprendió: antes de rodar, Awada telefoneó al padre de Malena para contarle sobre la escena y le prometió –una y mil veces– que la trataría con cuidado y respeto. ¿Y qué onda en la actualidad? “Tenía 300 pesos en mi cuenta. Siempre traté de evitarlo, pero ahora estoy trabajando en publicidad”, dice. Igualmente, para este año, espera filmar tres largometrajes más –Tuya, El aprendiz y La misma mirada–, y ahora forma parte de Arrebato, con Pablo Echarri, Leticia Bredice y Mónica Antonópulos. La posta es que, pese al ruido, Malena Sánchez vive como habla: con alegría. Ah, claro, ¡el hoyuelo de la barbilla! Así las cosas, mira el reloj, muestra un diente roto, agarra su bicicleta y se va, feliz, escupiendo volutas de humo.