"¿Quién mató a mi hermano?": Acompañar la transformación

En ¿Quién mató a mi hermano? los realizadores Ana Fraile y Lucas Scavino acompañan a amigos y familiares de Luciano Arruga, desaparecido y muerto en democracia.

Vanesa, su hermana, desde que Luciano desapareciera el 31 de enero de 2009, luchó incansablemente por dar con él, hasta que el 17 de octubre de 2014 dieron con sus restos en un cementerio municipal sin identificación.

La película acompaña a Vanesa, en los procesos judiciales y en su transformación como activa e incansable militante por los derechos humanos. HaciendoCine dialogó con los realizadores Ana Fraile y Lucas Scavino para conocer más de esta necesaria y dolorosa película.

¿Cómo conocieron a Vanesa?

Scavino: Un periodista nos pasó su contacto y la fuimos a ver en marzo de 2014 con la idea de realizar una demo para la señal Al Jazeera, queríamos trabajar sobre la toma del destacamento policial reconvertido en espacio para la memoria. Le propusimos a Vanesa registrar y trabajar sobre esa demo que finalmente no fue seleccionada pero con el compromiso de continuar con los registros e ir construyendo con eso en una película. Ella nos habló sobre lo que ya venía registrando en sus actividades y movimientos y al comienzo fue comenzar a conocer todo lo que ya tenían como archivo. Nahuel Tosto uno de los miembros del grupo fue el encargado de ayudarnos en la tarea.

Fraile: Yo sabía quién era Vanesa porque leyendo medios alternativos sabía quién era, la fuimos a buscar. Además con un grupo de abogados, estuvimos trabajando una idea para el canal Encuentro sobre violencia institucional y uno de los episodios era sobre Luciano. Era el caso más emblemático. No es fácil llegar a Vanesa y este periodista nos facilitó el acceso. Fue un proceso lento, empezamos en 2013 y recién la contactamos en 2014.

¿Qué sabían del caso antes de encarar el proyecto?

Scavino: Lo poco que los medios le dieron de cobertura en principio. Trabajando una propuesta que queríamos hacerle al segmento Joven de Canal Encuentro y trabajando junto a un Colectivo de Investigación Y Acción Judicial, el CIAJ de La Plata, con la ayuda de Esteban Rodríguez Alzueta, Julián Axat y Sofía Caravelos fuimos acercándonos más en profundidad al caso de Luciano. Ellos habían editado un manual sobre derechos para organizaciones sociales, para formar en una suerte de protocolo ante la detención arbitraria y el hostigamiento policial, y trabajando la estigmatización del pibe chorro. Así nos aproximamos más en profundidad hasta llegar a conocer a Vanesa.

Fraile: Conocíamos el caso, lo que estaba en medios alternativos, la interrupción de CQC, no recuerdo haberlos visto en las marchas del 24, pero estaban. Yo tenía el caso más como un caso más de gatillo fácil, y fuimos descubriendo que había otra cosa. Con la investigación accedimos más a la historia, con información del colectivo de abogados, hablando de “portación de cara”, eso que manifiestan los abogados. “Un pibe de gorra” y lo frenan. Las villas hoy son como mini cárceles, la franja de Gaza, no se cruzan límites, y Vanesa habla de cómo se reduce el universo para los pobres. Este fue un acercamiento distinto y lo que no sabíamos era qué le pasa a los familiares de un desaparecido en democracia. Seguimos en contacto con ellos.

¿Qué fue lo más difícil de filmar?

Fraile: Todo. El juicio fue muy difícil. Yo me la pasé llorando. Lloraba, lloraba, hubo partes en las que no podíamos filmar, porque los testigos no querían. Me perturbaba emocionalmente la situación. Todo es perturbador. Pero el testimonio de Vanesa es fuerte pero armado, el de Mónica es terrible. Yo no veo la película. Llego hasta lo de Vanesa, y dejo de verla. Me hace mal. Hice los subtítulos. La vi de nuevo. No me gusta mucho decirlo, pero lo difícil es ser Vanesa y ser Mónica.

¿Cómo hacías para ir al otro día a rodar en ese estado?

Fraile: Un día borré todo. Nerviosa. Tenías que dar muchas vueltas para acceder. Llegué a un salón y vi la tarjeta de memoria llena y pensé “no borré lo de ayer”, y lo borré, le avisé a Lucas. Ir solos también no ayudaba. No teníamos fondos del instituto porque lo rechazaron, tampoco subsidios. Ir a filmar y volver era siempre llamarlo a Lucas, fue de gran contención. Otras veces si rodábamos juntos.

¿Cómo acompañaron a Vanesa y familia durante las jornadas del juicio y qué cosas sabían que no iban a proponer desde la película? ¿Aceptaron rápidamente la propuesta?

Fraile: Hicimos como un acuerdo con Vanesa. Le dijimos que íbamos a presentarnos a un fondo,  y nos preguntó si no sale qué, le dijimos al INCAA, y nos preguntó qué iba a pasar si no salía y le dijimos que la íbamos a hacer igual. Nahuel nos ayudó en un principio. El trabajo con los familiares empieza a partir de ahora, ver de qué manera trabajarla con ellos y en comunidades y lugares donde estas situaciones son frecuentes. Creemos que la película así no va a envejecer.

Scavino: Teníamos muy claro el punto de vista que íbamos a adoptar, el personaje colectivo del grupo funcionando en la búsqueda y reclamo con Vanesa como representante y voz. El peso propio del material de archivo, el registro del juicio como línea de relato que en principio dependía de los tiempos de la justicia pero que nos resultaba atractivo como línea de relato, la oportunidad de que la voz de Vanesa, Mónica, de testigos y acusados se revelara y se expusiera, que visibilizara el hostigamiento y la forma de disciplinar a los jóvenes de los barrios por parte de la policía a demanda de los vecinos, y todo en esa puesta en escena tan naturalmente incorporada que todos tenemos de lo que sucede en un juicio oral y público. También el viaje a Ginebra a la ONU que necesitaba todo un esfuerzo de financiamiento y de producción que cubrimos con recursos propios y de gente que nos quiere, nos apoya y confía en nosotros.

¿Cómo se sienten con el aporte que la película hace a la visibilización del caso?

Scavino: Creemos que la película permite compartir el punto de vista de Vanesa y el grupo y desde allí enunciamos y por eso el título y ese diseño tachado y corregido que cuenta la constante transformación en el proceso de conocer la verdad y buscar justicia. Pero también te interpela como espectador, es fuerte verla y creemos que quedas con más preguntas que respuestas.

Fraile: Creo que con el material que teníamos hicimos una muy buena narración sobre personajes que les pasan ciertas cosas, y que las reflexiones las hagas vos. No quisimos nunca mostrar la otra parte. Vanesa es tan potente que ayudó mucho. Siendo ella ayuda, confrontando cuando tenía que hacerlo. El grupo de familiares siempre nos tendió lazos. Nosotros no somos con Lucas avasallantes, y cuando no daba no hacíamos nada, eso te retrasa el proyecto, pero sabíamos que no podíamos violentar nada, porque ya bastante mal la han pasado.

¿Qué cosas les quedaron afuera?

Scavino: Testimonios, registros fallidos, bastante archivo valioso en si como expresión del reclamo, pero lo que quedó fuera quizás fue lo que creímos no tenía lugar dentro de QMAMH, elegir implica eso, quedarse con algo y no con todo. Eso no quiere decir que no sea valioso aquello que no elegimos pero en esta oportunidad no encontramos el lugar para ubicarlo. Eso habla más de nosotros que del material en sí y es difícil evaluarlo.

¿Expectativas con el estreno?

Fraile: Tenemos que trabajar mucho las salas INCAA que son las que vamos a tener, yendo a cada una, y también ir a otras salas, que no son de cine, pero con un público que no es el de derechos humanos. En Venecia participé de un taller para ver cómo poder distribuir y exhibirla, desde la construcción y presentación de la familia.

Scavino: Llego el momento de soltar y que camine, vamos a acompañarla por supuesto porque es muy valiosa para nosotros y hay mucho esfuerzo puesto. La expectativa obvia es que tenga la mayor cantidad de espectadores pero también la mayor variedad posible. Que movilice y ayude a cambiar el punto de vista sobre los jóvenes de los barrios, sobre lo que significa la desaparición de un ser querido, que obligue a pensar y tomar conciencia de que en nuestro país continúan las desapariciones forzadas, que los métodos y formas han variados y hasta refinado, que las víctimas no son invisibles y a la vez somos todos responsables por acción u omisión, que están ahí, sólo hay que saber mirar, que ayude a entender para luego poder cambiar y exigir esos cambios.