Ébano y marfil

Con el pecho inflado por haber conquistado a una gran masa de espectadores en su país natal, Huye se acomoda en la cartelera con la promesa de asustar a varios. La ópera prima del actor y comediante Jordan Peele utiliza los códigos del cine de terror para tejer entre climas escalofriantes los conflictos de las relaciones de raza en Estados Unidos.

El cine de terror siempre fue un terreno fértil para las metáforas sociales y políticas. Jacques Tourneur usó al zombie como una marca del exotismo de una cultura extraña, Wes Craven le dio forma a una de las primeras revenge stories de la clase media ultrajada, George Romero mató a su protagonista de un disparo en la cabeza equiparando zombies con gente de piel negra, Carpenter construyó esa píldora de irreverencia sobre la lucha de clases y los medios de comunicación que es They Live, y Ginger Snaps o Teeth explotan la analogía entre volverse mujer y encontrarse poseído por algo ajeno y terrible. Las películas de terror danzan en un sincretismo de significados.

Get Out, el gran éxito inesperado de la temporada yankee, canaliza y explota muchas ansiedades sociales alrededor de las relaciones de raza en Estados Unidos en una película de género impecable, bastante creepy, con toques de humor y grandes actuaciones principales. Fue dirigida y escrita por Jordan Peele, conocido por ser la mitad del dúo cómico Key & Peele, famosos justamente por haberse burlado de los estereotipos raciales en su programa de televisión, aquellos concernientes tanto a los afroamericanos como a los latinos. En esta, su primera película, logra una traslación de estas mismas preocupaciones a un código estilístico diferente con un gran éxito.

Chris (Daniel Kaluya) es un joven fotógrafo negro que sale con Rose (Alison Williams), una joven blanca que proviene de una familia adinerada. A los seis meses de relación se presenta el importante momento de presentárselo a sus padres, Dean y Rose (Bradley Whitford y una supremamente inquietante Catherine Keener), quienes viven en una casa de campo aislada, la imagen misma del privilegio. Poco antes de salir de viaje (el viaje hacia lugares extraños y desconocidos, una imagen típica del género), él se entera de que ella no les comentó que es negro, algo que provoca una primera señal de incomodidad que Rose intenta despejar al decirle que sus padres no son racistas y que “hubiesen votado a Obama para una tercera presidencia”. Una vez que la pareja llega a su destino, estas mismas certezas progresistas son reforzadas por los progenitores. A pesar de ello, Chris no puede evitar observar que tanto el jardinero como la mucama, de raza negra, tienen un comportamiento sumamente peculiar, que se mueve entre la obsecuencia con ojos alucinados y señales de desesperación. Como esta es una película de terror, por supuesto que todo se revelará como algo más siniestro y Chris se verá obligado a escapar de esa casa idílica y aislada.

La película resalta varios puntos conflictivos de las relaciones de raza de una manera excelente. En primer lugar, el lugar subordinado que los negros ocupan aún hoy en Norteamérica. Sin ánimos de spoilear nada, solo voy a decir que cada uno de los personajes negros que aparecen (excepto Chris) se encuentran en trabajos menores y de servicio, trabajos a los cuales fueron consignados por los blancos de una manera literal. En segundo lugar, hay una reflexión acerca de cuán fácilmente el racismo más virulento puede ocultarse debajo de una fachada de progresismo cuidadosamente ensayada, y una crítica sutil pero no por eso menos poderosa a las fantasías de la “izquierda” demócrata norteamericana y su completa ineficacia a la hora de modificar el desbalance de poder y privilegio, su descanso en algunas felices fórmulas verbales y actitudinales de compromiso. Luego la película se pregunta, también, por la fascinación de nosotros, los blanquitos, con la cultura y, sobre todo, con el cuerpo negro: ¿qué representa para nosotros? ¿Cuánta de esa fascinación que intenta colocarlos como cuerpos elegantes, fornidos, con ritmo, más cool, no es simplemente otra versión del racismo que veía a las personas solo por su presencia corporal, que los admiraba por su capacidad muscular y de trabajo, como una especie de buenos salvajes? Y, por último, se encuentra presente el espinoso tema de la identificación de los negros con los blancos y el intento de transformación de los rasgos exteriores en algo que sea aceptado por la clase media blanca norteamericana. O sea, la pregunta por las variantes modernas del Tío Tom.

Todo esto que parece un complejo tratado sobre la raza en la Norteamérica actual es presentado en la forma de una película entretenidísima, que equilibra la sofisticación de sus temas con una anécdota simple y clásica del cine de terror y momentos de virtuosismo en el movimiento de la cámara y la dirección de arte. Peele entiende que la mejor manera de hacerles tragar una píldora subversiva a sus espectadores es cubriéndola de la atracción de la metáfora y, también, de las marcas del género. Utiliza, entonces, al género como una maquinaria de rasgos externos aparentes que oculta un motor inmensamente manipulable destinado a trastocar los sentidos evidentes en algo mucho más oscuro y preocupante.

 

Huye

Get Out

DeJordan Peele

2017 / Estados Unidos / 103’

Estreno: 11 de mayo (UIP)