“Lo que busco es hacer un cine de conciencia”

Elegida por el público como la mejor película de la reciente edición del festival costero, este jueves se estrena en salas comerciales El Impenetrable, notable documental sobre la restitución de tierras a los pueblos originarios, la deforestación en el Chaco Paraguayo y las tensiones con los poderes económicos y políticos. Hablamos en Mar del Plata con Daniele Incalcaterra, codirector junto a Fausta Quattrini.
Incalcaterra, en un momento de la filmación.

Cuando a Daniele Incalcaterra se le ocurrió, en 2010, restituir 5.000 hectáreas adquiridas por su padre durante la dictadura de Stroesnner, a sus dueños originarios en el Chaco Paraguayo, dio rienda suelta a una exótica y extraordinaria odisea que lo llevó a combatir con pocos recursos e inagotable paciencia la inexplicable (en el mejor de los casos) burocracia estatal y los manejos mafiosos de los grandes estancieros como el magnate ganadero-sojero Tranquillo Favero. La experiencia, registrada y dirigida por su protagonista junto con Fausta Quattrini es frustrante y atrapante a la vez. Cada movimiento que da Incalcaterra es consecuentemente reprimido por algún capricho burocrático o por la fuerza de los bandidos de los caminos del latifundio ganadero-sojero-petrolífero. Cuando, a mitad de la película, el proyecto original deviene en establecer una reserva natural en esas hectáreas, los obstáculos no sólo continúan sino que se multiplican, convirtiendo a la aventura en un desafío laberíntico inacabable. A los matones y los caminos privatizados, se le suman títulos de propiedad dobles, aprietes, abogados, reuniones inconducentes. Y por si fuera poco, todo se desarrolla en un ambiente de barro, vegetación espinosa e insectos tropicales.

Suerte de road movie documental, Incalcaterra y Quattrini dirigen esta admirable obstinación llamada El impenetrable, ganadora del premio del público en el Festival de Cine de Mar del Plata. Alguien dijo por ahí que es un The Wire en el Chaco Paraguayo. No lo sé, lo que sí sé es que es uno de los documentales más extraordinarios de los últimos años.

Hablamos con Daniele Incalcaterra.

 

¿Cómo se produjo la película? ¿Con qué apoyos contaste para hacerla?

 

Es una coproducción argentino-francesa, 50 y 50. En la parte argentina estoy yo, con mi pequeña productora de Buenos Aires, Atelier Video Palermo, y en la parte francesa está los Films d' ici, una sociedad importante de cine documental, de París. También tuvimos apoyo del INCAA, segunda vía, y apoyo del Instituto Francés de Cine.

 

¿Cómo surgió la idea de El impenetrable?

 

La idea al comienzo fue de Fausta. El proyecto empezó con la pregunta de qué hacer con 5.000 hectáreas de herencia. Ella había realizado La Nación Maphuce conmigo (estuvimos 4 años filmando a los mapuches de Neuquén y de distintas comunidades), y entonces me dijo “Vos tenés 5.000 hectáreas, y no vas a ser un estanciero, así que lo mejor que podés hacer es devolver las tierras a los guaraní ñandevas”, pueblo originario de la zona del Chaco Paraguayo.

 

¿En ese momento ya pensabas en filmar esta historia?

 

Si, apenas empezamos se me ocurrió hacer la película, porque era una forma de continuar el discurso sobre los pueblos originarios y especialmente, sobre la concepción de tierra comunitaria, un discurso que ahora se está abriendo un poco más en Latinoamérica. La devolución de la tierra en el impenetrable no era lo más importante, lo que queríamos era hablar de la deforestación que se sufre tanto en Paraguay como en Argentina.

 

¿Qué diferencias hubo entre la película que imaginabas y la que terminó siendo?

 

Si vos lees mi proyecto escrito para el que obtuvimos los fondos, no corresponde para nada con lo que es la película. Cuando encontramos las dificultades que teníamos para entrar en la propiedad, y entendimos la situación latifundista del Chaco, nos dimos cuenta de que la película no podía ser la que habíamos imaginado. La película tenía que ser yo, el propietario que intenta entrar a su propiedad y que tiene que encontrar una nueva solución para devolver esa tierra, en este caso instalar una reserva natural en medio de las propiedades de Tranquillo Favero, lo que al fin de cuentas es ponerle una piedrita en el zapato.

 

¿El hecho de estar rodando el documental, facilitó o complicó el proceso de instalar la reserva?

 

Lo facilitó. Por ejemplo, Favero estaba contento con ser filmado por otro italiano como yo. Para él era una especie de reconocimiento de su país. Pero en realidad lo que más nos facilitó las cosas fue que yo jugara el rol de propietario, porque eso te da derecho a encontrarte con todos. Yo, a fin de cuentas era el vecino de Favero. Vecino raro, porque no desmonta y pone vacas, pero vecino al fin.

 

Te escuché comentar que no te gustaba la idea de ser el protagonista de la historia. ¿Por qué?

 

En el proyecto inicial, mi presencia se daba en momentos puntuales, pero cuando cambió la película también cambió esto. De todos modos, más que personaje principal, soy el que organiza la filmación, el que facilita la comprensión de la historia. Creo que, finalmente, jugar el rol de propietario y poner mi cuerpo y ponerme en el medio de las secuencias fue una toma de riesgo interesante. Es decir, yo nunca sabía qué iba a pasar al comenzar cada escena. Descubro el doble título con Favero, descubro la existencia física del doble título en el catastro, o sea que esas secuencias se dieron como se ve en la pantalla y el mismo descubrimiento que yo hago, lo hace el público. En los documentales la gente siempre piensa en qué está en la cabeza del director. Acá está muy claro, soy yo el que está en imagen, y la gente puede seguir la historia sin una voz en off que explique todo. Como con el far west, soy yo el que recibe e intenta dar golpes, sin mucho más que interpretar. Eso facilita la aprensión.

 

¿Cuál es la situación actual de la reserva natural Arcadia?

 

Un desastre. La verdad es que no creo que el gobierno actual tenga muchas ganas de que exista la reserva. Tienen como escollo el decreto firmado por Lugo, pero al mismo tiempo está detrás la maniobra de los grandes propietarios, del gobierno actual, de la petrolera que firmó hace pocos días un acuerdo con el Senado y la Cámara de Diputados para explotar petróleo en la zona, etc.

 

Teniendo en cuenta Fasinpat y El impenetrable, ¿podemos decir que te interesa hacer más un cine de praxis, de resistencia que de denuncia?

 

Yo no creo hacer un cine de denuncia, sino un cine ligado con mi vivencia. Lo que busco, en definitiva, es hacer un cine de conciencia, un cine de tomar conciencia. A mí me ayudaron mucho los obreros de Zanón, por ejemplo. Entender su sistema cooperativista, sin patrones, ver que puede funcionar, todo eso me ayudó mucho, y pienso que después de las cosas que pasaron con la crisis del 2001 quedaron muchas semillas interesantes en este país. Hay ejemplos que permanecieron, otros que se perdieron, pero las semillas quedaron, quedó un pueblo con más conciencia. Y si vos tomaste conciencia de algo no podés volver atrás. Yo tomé conciencia de la cuestión ambiental a partir de mi problema personal y veo mal hacer una película ahora sin tocar este problema. Siento que tengo que seguir haciendo otra película sobre Arcadia, mi conciencia me dice que tengo que seguir en Paraguay y hacer otra película, con todo lo que eso conlleva, para terminar de asentar la reserva y una vez que funcione entregarla a sus legítimos dueños.

 

¿Cuáles son los próximos pasos de la película?

 

Se estrena el 29 en la Argentina, esto es Buenos Aires y algunas ciudades del interior. Pedí empezar en el norte de la Argentina, especialmente con las provincias que limitan con Paraguay, porque son parte de una misma historia. Así que la idea es empezar en el norte, y presentar la película en todo el país hasta llegar al sur.