“Tenía muchas ganas de filmar en La Habana”

Pablo Trapero habla de su muy buen corto Jam Session, del proyecto colectivo 7 días en La Habana del cual forma parte y, entre otras cosas, de su trabajo con Emir Kusturica, quien lo protagoniza. La película, compuesta de cortos firmados por directores como Laurent Cantet y Julio Medem, se estrena el jueves en 20 salas argentinas.
Emir Kusturica y Pablo Trapero, actor y director de 7 días en la Habana.

Identidades autorales de varias partes del mundo se reúnen para dar vida al film colectivo 7 días en La Habana. Producidoen Francia y España, el proyecto lleva la marca estilística de Gaspar Noé, Elia Suleiman, Laurent Cantet, Julio Medem, Benicio del Toro, Juan Carlos Tabío y entre todos ellos, un argentino se suma a la lista de realizadores: Pablo Trapero, que luego de estrenar este año Elefante Blanco parece no darle tregua a su libido creativa. Con guiños y referencias al interior del mundillo del cine, en su corto Jam Session, un director del séptimo arte -el mismísimo Emir Kusturica- llega a la ciudad para ser homenajeado en el marco del Festival de Cine de La Habana y se pierde en una fuga juerguista que esconde tanta melancolía familiar como avidez por dejarse perder en un recorrido de improvisadas vicisitudes por una ciudad arrobadora. HC pudo hablar con el director de este destacado cortometraje que compone 7 días en La Habana.

¿Cuándo y cómo surge la propuesta de hacer esta película colectiva?

Me llamaron hace años y llevó bastante tiempo llevar adelante el proyecto porque éramos siete directores de distintas partes del mundo que tenían que combinar muchas cosas. Decidí aceptar porque tenía muchas ganas de filmar en La Habana.Tengouna relación afectiva muy particular con esa ciudad, porque viajé mucho allí para presentar mis cortos. Me pareció que era una buena oportunidad de conocer La Habana desde otra óptica, filmando.

¿Cómo llegaste a encontrar el tema del corto?

Los productores nos fueron ofreciendo distintas maneras de acercarnos a los temas y a las historias, distintos materiales de referencia para comenzar a escribir. Había cuentos del escritor cubano Leonardo Padura. Algunos de los cortos se basaron en algunos de sus textos, e incluso él participó como guionista. En el caso de Jam Session, mi cortometraje, utilicé un cuento suyo sólo como disparador. Ese cuento principalmente habla de las “descargas”, nombre que reciben las jam session en Cuba. Sobre esa base escribí este guión que cuenta, de alguna manera, la vida intima y la vida pública de un cubano y de un director de cine famoso que llega a La Habana para ser homenajeado, pero que a la vez carga con un conflicto familiar.

Tu corto es tal vez el más cinéfilo, por el marco en que se desarrolla la historia…

Yo les propuse a los productores hacer algo en relación al Festival de Cine de La Habana, porque para mí es un evento importante no sólo para el mundo y Latinoamérica; si no para la propia gente de La Habana que cambia su rutina y sus hábitos durante los días que sucede este festival. Era una buena forma de hablar de la ciudad y, además, de hacerle un homenaje al Festival.

¿Cómo fue el trabajo en conjunto con los otros realizadores?

Para mí fue lindo compartir con ellos el proyecto. Todos son directores, o actores en el caso de Benicio del Toro, de los cuales conozco su filmografía. Yo ya había participado en cortos colectivos, pero no tenia el mismo contacto con los otros realizadores. En este caso, hubo distintas etapas de intercambio con el resto de los directores. La primera parte fue la más importante: la de guión. Por supuesto, que esto estaba sujeto a la afinidad o la curiosidad de cada uno por ver el trabajo del otro. Con Benicio del Toro, por ejemplo, intercambiamos los guiones en el proceso para asegurarnos de que no nos estuviéramos cruzando, porque sabíamos que ambos cortos tenían puntos en común, de personajes y situaciones. O, por ejemplo, con Elia Suleiman quien no había visitado nunca Cuba, tuve conversaciones tratando de “traducirle”, a la distancia, algo sobre La Habana.

Fue un intercambio estimulante…

Sí, porque uno no siempre tiene la posibilidad de charlar tanto con directores. En general uno siempre está enfrascado con su propia película y estas conversaciones las tiene con sus actores o con la gente de su equipo. Lo curioso es que acá todos éramos directores que nos poníamos a hablar sobre cine, sobre una película que teníamos que hacer en común. Si bien cada uno de nosotros realizó un corto, al fin de cuentas fue una película colectiva. A diferencia de lo que sucede con un proyecto individual, en 7 días en La Habana un poquito de la responsabilidad del proyecto la compartimos todos. Fue muy lindo ese proceso. Siempre se habla de “la soledad del director”. Con esta película sentí que éramos siete directores compartiendo nuestras “soledades”. En ese sentido fue interesante cuando se presentó la película en Cannes, porque ahí la presión de estrenar una película se bancó entre siete directores.

¿Cómo surgió la idea de convocar a Kusturica para darle el personaje protagónico?

Después de pensar varios nombres me surgió Kusturica: un tipo que tiene su posición y opinión bien tomada acerca de la realidad cubana. Cuando decidimos llamarlo fue un interrogante para nosotros. ¿Como hacemos?, nos preguntábamos, porque hay muchos mitos sobre su “humor”, que es una persona complicada. Pero finalmente fue todo lo opuesto, fue participativo, primero con charlas telefónicas y luego en el rodaje mismo. Además Emir estuvo siempre atento al resto de las áreas de rodaje, no solamente a la actuación. Es una persona muy curiosa. Yo me sentí muy acompañado por él, por su actitud generosa.

¿Cómo se logra eludir la tentación de filmar La Habana como si fuera una postal o una publicidad turística?

Supongo que es un ejercicio que, como director, tengo que hacer en distintas ocasiones: puede ser abordando una ciudad, un personaje o un tema determinado. La Habana es una ciudad muy fascinante, quizás no por lo que se conoce a nivel turístico. Cuando uno llega descubre otra ciudad, es algo que genera mucho shock en la gente que va buscando esa postal turística que nunca encuentra, más allá de tomar mojito en el bar de Hemingway. El desafío era contar una historia en 15 minutos que dejara descubrir distintos lados de la ciudad.

¿Crees que 7 días en La Habana se puede poner en serie con Paris, je t'aime(2006) y New York, I Love You (2009) o te parece que son propuestas distintas?

Con cierta lógica se las va a poner en línea, porque las tres hablan de ciudades. Creo que la diferencia importante es que en 7 Días…son historias de más metraje y son menos directores los que participaron. La duración de 15 minutos o más, te permite probar cosas que en un metraje más acotado se vuelven films más conceptuales.