Abismos de locura

Un thriller psicológico local se estrena bajo una premisa histórica: Necrofobia es la primera película argentina de terror en 3D. Las dificultades para filmar. Los festivales de cine. Las muecas internacionales. Los ghettos y el gran público. Los fantasmas y el cine del futuro.

Es difícil hacer cine. O vivir de él. Sentado en el hall del Centro Cultural San Martín, Daniel de la Vega, una de las caras más importantes del cine de género en Argentina, está por estrenar su nueva película, Necrofobia, un film atípico para el mercado local. “Las películas son del tiempo”, reflexiona. Vestido con una campera negra, una camisa roja y una remera del Inspector Clouseau, De la Vega lamenta lo difícil que es vivir de su oficio, el cine. Aun así, un impulso hercúleo lo empuja a seguir haciendo películas. “Siento que es mi rol social”. Una verdad: Necrofobia, su última película, no se adocena al Nuevo Cine Argentino y, desde su afiche, busca un atractivo de carácter internacional. “Pretende ser una película honesta y entretenida”. ¿El verdadero objetivo? Cautivar al gran público, más allá de los nichos. Lograr romper ese cerco que rodea a los fanáticos del palo y convertirse en un largometraje de masas. Para eso, Necrofobia golpea con emociones fuertes sin renunciar, a su vez –y eso es lo bueno–, a tomar las astas del cine de género. “A mucha gente le quemó la cabeza”, remata.

La película se exhibió en abril dentro del marco del Bafici, donde vivió algunas tribulaciones. Iba a proyectarse en formato 3D –sería la primera película de terror local en hacerlo en este formato– y, finalmente, no llegó con la copia. “Fue un fracaso personal”. Y agrega: “Básicamente, hice el 3D con un software open source, y los proyectores parecen haber detectado mi precariedad”. ¿Por qué hacer la película en 3D? “Es una impronta de producción. Todavía no termina de conmoverme. Me interesaba pensar qué hubiera pasado si Roman Polanski hubiera filmado Repulsión en 3D”. De la Vega reconoce haberse juntado con Marcelo Panozzo, actual director del Bafici, y con José Celestino Campusano, otro de los héroes de los bordes, para hablar de la imposibilidad de pasar sus películas en el Festival de Cine Independiente de Buenos Aires. “No puede ser que nuestras películas nunca estén en el Bafici”, retrucaron. Finalmente Necrofobia entró a la Competencia Nacional; todo un logro, teniendo en cuenta que se trata de una película de convenciones. Por esa misma colectora entraron los FARSA Producciones con la trilogía Plaga zombie. Sin embargo, De la Vega venía con un palmarés fuerte como para justificar su presencia: en 2012 ganó el Festival Internacional de Cine de Mar del Plata con Hermanos de sangre. Y es el mismo tipo que alguna vez dirigió a la oscarizada Faye Dunaway en la gema de culto Jennifer’s Shadow. Ahí lo estafaron fuerte, pero esa es otra historia. Ahora, ya colocado en la “fase de estreno comercial”, sigue aprendiendo del oficio al consumir pilas de películas y series vía Netflix. “Ya me vi toda Dr. House y ahora voy por Six Feet Under, que me la vienen vendiendo bien”.

Necrofobiaestá protagonizada por Luis Machín, Viviana Saccone, Julieta Cardinali, Gerardo Romano, Raúl Taibo y Hugo Astar (si usted, lector, anda por los festivales de cine, seguro lo tiene: es un señor refinado con saco color mostaza). Un valor de producción en sí mismo. Aun así, el póster no saca brillo de sus figuras y apuesta –como el cine norteamericano– a alguna referencia del universo de la película. En este caso, apenas asoma un rostro entre la bruma pintada de rojo por una tijera ensangrentada. Y en la historia, Dante (Luis Machín) es un sastre con serios problemas. Su hermano gemelo se suicidó hace algunas semanas, su mujer lo dejó y, para rematarla, sufre de necrofobia. Le pasa algo: al ver a su hermano en el cajón, de alguna forma, asiste a su propio funeral, se enfrenta con su propia muerte. Pero esto es apenas el inicio de una oscura pesadilla. Alguien está comenzando a realizar una serie de asesinatos en su círculo íntimo. Todo apunta a que Dante es el principal sospechoso y, mientras se cuestiona su sanidad mental, deberá encontrar al verdadero asesino. Y su fobia lo abraza sádicamente.

“El cine quedó estandarizado”, dice molesto –enojado, desangelado– sobre el estado actual de la industria hollywoodense. Y tiene una teoría que lo sostiene: “Hoy el cine no se va de la media. Las series sí. En Estados Unidos, los directores filman de acuerdo con el éxito de su película anterior. Sos la taquilla de tu última película. En la Argentina es como si estuviéramos en los setenta”. Entretanto, cree que el mercado local conserva un gesto genuino que permite libertades: “Vos no tenés un comité de bancarios que te dice qué hacer y qué no. Yo hago lo que se me da la gana. Y hacer una nueva película no depende del éxito de la anterior. Así, tenemos posibilidades de hacer cosas distintas, de contar historias que nos representen, que sean nuestras, y ningún comité va a decir qué es lo que tenés que hacer o dejar de hacer. Es algo legítimo, todavía. Pero el cine norteamericano ocupa todas las salas y, para mí, se está encargando de defenestrar al cine mismo. Es muy triste lo que está pasando”. Por eso, prefiere el cine independiente por sobre el industrial: “Cada vez elijo más qué ver, porque las películas no me satisfacen. Una que me gustó muchísimo se llama John Dies at the End. Es como una película de los ochenta, no debería existir hoy. ¿Quién podría haber financiado una película como esa? Tiene el grado de demencia, arbitrariedad y desparpajo que el cine de hoy no tiene”. ¿Otra más? “Oculus es bastante original en su planteo y no se ajusta a la forma hollywoodense del cine de terror. Entonces, en algún punto, me retrotrae al momento en que me gustaba el cine”.

Las puertas corredizas del Centro Cultural San Martín se abren: no hay nadie allí. “Hay fantasmas y me están siguiendo”, dice. Aunque lo niegue, De la Vega es uno de los pioneros del cine de género en Argentina. Arrancó en 1997 con sus cortos universitarios, y desde ahí no paró. Y, claro, es un tipo que respira cine de horror. Lo que viene: Más acá, un documental que sigue las andanzas de un grupo de investigadores paranormales. “Junto con el guionista Albert Fasce, pasamos varias noches en lugares embrujados”. Se detiene y corrige su frase: “Perdón, lugares habitados”. Mientras prepara este nuevo trabajo –pese a lo dificultoso de hacer cine, sigue haciéndolo–, espera que al público le ocurra lo mismo que le pasaba a él cuando quemaba tardes enteras dentro de las salas: asustarse un poco, cautivarse con una historia, pasarla bien pasándola mal y entregarse por un rato al enrevesado mundo de las tinieblas, los doppelgängery la muerte.