Abracadabra

La bruja, de Robert Eggers

Resulta cada vez más difícil encontrar una película de terror “en serio” como aquellas que se hacían en los setenta: películas con las que uno la pasaba realmente mal, en las que todo era más bien asfixiante y estaba teñido de oscuridad. Películas de terror que se tomaban este género bien en serio. La bruja, que viene recomendada por medio mundo, que ganó premios en festivales varios –Sundance incluido–, que tiene promedios altísimos en Metacritic y Rotten Tomatoes y que, según dicen, es una de las mejores películas de terror de los últimos años, es a todas luces un intento de volver a ese tipo de películas para no dormir, a la forma más pura del cine de terror. Pero lo que el debutante Robert Eggers nos entrega se aleja mucho de aquellos enormes exponentes del cine de terror setentero, y la razón es simple: Eggers confunde seriedad con solemnidad, con gravedad, y cree que la mejor manera de lograr esa tan mentada seriedad es dejando el terror de lado. Y si algo tenían aquellas películas, lo que las hacía perdurables, es que nunca renegaban de lo que eran. Sabían construir ese tipo de universo dentro del mismo género. En muchísimos momentos de esta historia de una familia de puritanos en Nueva Inglaterra, Eggers tiene tanto miedo de construir desde el género que termina virando la película hacia una especie de drama familiar intimista no demasiado interesante, con parrafadas de diálogo y momentos varios de catarsis a pura intensidad actoral. Y sí, por momentos La bruja es una película bastante aburrida, que pierde su centro porque pareciera no confiar en él.

Y esto es una lástima, porque cuando Eggers se aferra realmente al género logra salir airoso, y llega a demostrar cuán bueno puede llegar a ser. Es así que, en medio del tedio, en medio de esta galería de personajes que son un tanto esquemáticos –con la honrosa excepción de los dos hermanos menores de la familia, Mercy y Jonas, mellizos endiablados y personajes brillantes–, tenemos una secuencia realmente extraordinaria, que logra crear toda la tensión, el clima y el terror más puro que en el resto de la película se pierde gracias a su tendencia a lo qualité. Se trata de una escena de posesión que poco tiene que envidiarles a sus equivalentes en El exorcista de William Friedkin. Eggers decide que el plano general predomine, y también decide no intervenir demasiado desde la cámara; deja que la acción fluya. Y, de hecho, sobrecarga la escena de acciones: en todo momento les están pasando cosas a todos los personajes (los seis integrantes de la familia están presentes). Esta secuencia es pura atmósfera; es un momento altamente aterrador pero, a la vez, enormemente bello. Y si toda la película hubiera manejado este tono, estaríamos dándoles la razón a todos los que dijeron que se trata de un gran exponente del género. Esperemos que en su segunda película Eggers logre soltarse un poco más.

 

La bruja

The Witch

De Robert Eggers

2015 / Estados Unidos - Reino Unido - Canadá – Brasil / 92’

Estreno: 31 de marzo (UIP)