Al costado del Edén

En María y el Araña, su quinto largometraje, María Victoria Menis se sumerge en el mundo de los adolescentes excluidos. Entre otros aspectos, la directora de El cielito reconoce en esta entrevista su experiencia como directora de exteriores de televisión a la hora de rodar en locaciones y contextos que rquieren celeridad.

Nota publicada en la edición 140 de Haciendo Cine.

María tiene trece años, vive en una villa con su abuela, trabaja en el subte y espera una beca que le permita costear la secundaria. En una de sus rondas por los vagones de la línea D vendiendo ejemplares de la Guía T se cruza con un malabarista un poco más grande que ella que recorre las formaciones disfrazado del Hombre Araña. Mientras se conocen y entablan algo parecido a una relación, María tiene que lidiar con los problemas de su casa, en especial con el compañero de su abuela que vive con ellos y que representa una amenaza cada vez más tangible para las dos. Cuando le preguntamos a la directora por el origen de la historia, nos contesta: “A mi me cuesta mucho escribir un guión paralelamente cuando estoy filmando o post-produciendo. Mi cabeza está absorbiendo libros, imágenes, películas, obras de teatro, situaciones que leo en los diarios, que la gente me cuenta. Asi que cuando se cerró el ciclo de La cámara oscura, nos sentamos en la misma oficina de siempre con Alejandro Fernández Murray (su coguionista habitual) y nos miramos un tanto emocionados porque comenzaba el primer día de otra película que se abría”. Cuenta Menis que los dos empezaron a proponer imágenes, personajes, ideas, y que en ese momento ella vio a “una chica embarazada de doce años, sola, caminando por la calle. Ale me escuchó y ahí mismo a esa chica la llevó al colegio, a su casa y empezamos a avanzar hacia otros temas, otros personajes, otros escenarios”. Aunque la directora reconoce que, salvo por Los espíritus patrióticos, sus películas siempre contaron historias de personajes marginales, que viven “al costado”.

Conociendo los espacios más comunes de esa marginalidad por haberlos recorrido en películas anteriores, los de María y el Araña incluyen, entre otros, Costanera Sur, la Reserva Ecológica, el barrio carenciado Rodrigo Bueno, el Museo de La Cárcova, Puerto Madero y el subte. Del rodaje en el barrio, la directora narra: “De ninguna manera encontré resistencia. Lo que sí quedó claro desde un principio fue que no íbamos a ser invasivos, a filmar en casas o sitios donde la gente quisiera mantener su privacidad. Inclusive hubo muchos que se ofrecieron para trabajar de extras. Pero a aquellos a los que no les interesaba, jamás los filmamos. Ni siquiera con lo que llaman ‘robando’ imágenes”. Para explotar lo mejor posible ese espacio y sus particularidades, era muy importante que el lugar siguiera con su vida cotidiana, por eso, Menis explica que no iban con camiones ni equipos grandes, para alterar lo menos posible el día a día de los habitantes.

Para una película que se apoya fuertemente en sus dos protagonistas como lo hace, ya desde su título, María y el Araña, la elección de los actores era fundamental. La tarea consistía en “encontrar nada más y nada menos que a una chica de trece años y un chico de diecisiete que fueran naturales, frescos, en la línea dramática pero que supieran reírse. No era fácil, nada fácil”. Sobre Florencia Salas, la joven intérprete que le pone el cuerpo a María, la directora relata: “Yo no podía creer la naturalidad que tenía. No había estudiado teatro, no había hecho publicidad, ni tele, nada. Había caído allí medio de casualidad. Era increíble. ¡Pobre Florencia! ¡La probé un millón de veces!”. Para la elección de el Araña, Menis cuenta que le pidió ayuda a Diego Lerman, que ya había trabajado mucho con chicos, y que este sin dudarlo le recomendó a Diego Verazzi. “No sabía de malabares ni de acrobacia, pero tenía algo en la mirada, algo muy fuerte que yo necesitaba del Araña. Me decidí a trabajar con Diego su costado violento (estaba escondido, pero estaba), y decidimos juntos que al otro dia empezaba con las clases de malabares y acrobacia”.

Consultada por la experiencia de filmar en un lugar como el subte, la realizadora detalla que lo hacían de noche, yendo de una estación a otra, durante pocas horas y pocos días debido al costo elevado de la locación. Cuando se le pregunta si había improvisación en el rodaje,  Menis responde: “No habia demasiado tiempo para improvisar. Realmente se iba con mucho ensayado. Desde los protagonistas hasta el movimiento de los extras, inclusive toda la luz ya la habíamos pensado con Daniel Andrade, el DF y cámara excelente que vino a trabajar con nosotros desde Ecuador. Creo que me ayudó mucho mi época de directora de exteriores de televisión, digo por la velocidad. No había tiempo que perder”.

Uno de los grandes peligros de las películas de temática marginal, se sabe, es que pueden llegar a explotar la miseria y el costado sórdido de las historias y olvidarse de todo lo demás en aras de emocionar al espectador. Menis acuerda: “Estoy convencida de que esas películas producen justo lo contrario. En todo caso, la gente que quiere ver el golpe bajo de la miseria tiene algunos noticieros y programas muy mediocres de la tele. ¿Para qué van a ir al cine?”. La directora de El cielito prefiere siempre ver películas de realizadores como los hermanos Dardenne y los Taviani, que pueden internarse en ese terreno sin relegar la profundidad de sus relatos. Ellos son sus modelos, y en ningún momento le interesó “hacer un campeonato de imágenes terribles, o ‘bellamente’ sórdidas, que pueden existir pero que no sirven para nada así contadas, en una pantalla de cine”. 

 

María y el Araña

María Victoria Menis

ESTRENO: 31 de octubre

2013 / Argentina - Francia - Ecuador  / 90 MIN