Atrocidades entrañables

La llamada Nueva Comedia Americana (o lo que va quedando de ella), cada vez más lejos del radar de nuestros distribuidores, llega este mes a la cartelera con nada menos que tres exponentes. En este caso nos ocupamos de la sorprendente Buenos vecinos y de su hasta acá más ninguneado y desaforado director, Nicholas Stoller.

Nota publicada en el número 148 de Haciendo Cine.

El estreno local de Buenos vecinos es un acontecimiento bastante único: es la primera de las cuatro (enormes) películas de Nicholas Stoller en estrenarse comercialmente en cines en Argentina (tanto Cómo sobrevivir a mi ex como The Five-Year Engagement estuvieron a punto de estrenarse en algún momento pero, como sucede mucho –demasiado– con las “nuevas comedias americanas”, al final los señores distribuidores decidieron que no). Encima, este estreno viene acompañado por los de otros dos exponentes de la NCA: Luna de miel en familia, de Frank Coraci, en la que Adam Sandler se reúne con Drew Barrymore; y A Million Ways to Die in the West, de Seth MacFarlane, director de Ted y creador de Padre de familia y American Dad!. Esto no alcanza para perdonar el crimen de no haber estrenado Anchorman 2 (ni ninguna otra película de Adam McKay, uno de los mejores directores de la actualidad), pero no deja de ser algo digno de festejo.

Para quienes no conocen a Nicholas Stoller, bueno, deberían ir corriendo a ver todas sus películas, pero aquí les dejamos un poco de historia: luego de haber escrito un episodio para la serie de Comedy Central Strangers with Candy, entre 2001 y 2002 (cuando tenía 25 años) formó parte del equipo de guionistas de la fugaz pero memorable serie Primer año (Undeclared), de Judd Apatow, que, al igual que la también fugaz y aún más memorable Freaks and Geeks (1999-2000, de Apatow y Paul Feig), fue todo un semillero de talentos (de estas series salió gente como Seth Rogen, Jason Segel, Martin Starr, Jay Baruchel, James Franco y montones de etcéteras). Su primera película como director, luego de haber escrito Las locuras de Dick y Jane de Dean Parisot y ¡Sí, señor! de Peyton Reed, fue Cómo sobrevivir a mi ex (o Forgetting Sarah Marshall), comedia brillante de 2008 escrita y protagonizada por Jason Segel (quien hace un desnudo frontal en una secuencia antológica y más bien rupturista). Dos años después, Stoller realizó Cómo sobrevivir a un rockero (o Get Him to the Greek; ¡estos tituladores locales!), en la que tomó a un personaje secundario de Sarah Marshall (el rockstar demente Aldous Snow, interpretado por Russell Brand) y lo puso en una dupla protagónica junto al gran Jonah Hill. El resultado es otra comedia de timingperfecto, bastante más extrema que la anterior pero con la misma ternura y el mismo amor por los personajes que solemos ver en películas de Apatow y aledaños. 2012 fue el año de su película más ambiciosa, más personal y, también, más incomprendida: en The Five-Year Engagement volvió a juntarse con Jason Segel (esta vez escribieron ambos) para una comedia agridulce de duración desorbitada (124’ en la versión que se vio en cines –en cines de otros países, no olvidemos– y casi 140’ en su “versión extendida”). Al igual que Hazme reír de Judd Apatow, con la que tiene varios puntos de contacto, o las películas de James L. Brooks, de las cuales tanto Stoller como Apatow toman varias cosas, la película utiliza esa duración para desarrollar una galería de personajes brillantes y repletos de matices.

Finalmente –y sin dejar de mencionar que Stoller también fue productor y coguionista de ambas películas de los Muppets, para que sigan viendo cuán bueno es este hombre–, en 2014 llega el turno de Buenos vecinos (o Neighbors, título compartido con la gran comedia de John G. Avildsen de 1981 que protagonizaron Dan Aykroyd y John Belushi). Aquí Stoller vuelve al modo “comedia desaforada” que tenía Get Him to the Greek, y el desafuero es aún mayor: la película se mueve a velocidad rayo; pareciera estar bajo los efectos de la misma merca que toman los integrantes del trío cómico-musical The Lonely Island (Andy Samberg, Jorma Taccone y Akiva Schaffer) en un flashback a 1930 que aparece en la película. La premisa es más bien anecdótica; de esas que bien podrían derivar en una bosta atómica, en lo mejor del mundo o en un tedioso intermedio, aunque, por suerte, Stoller y su equipo se encargan de que sea lo segundo: Mac y Kelly (Seth Rogen y Rose Byrne) acaban de tener una hija (interpretada por las gemelas Zoey y Elise Vargas, minicomediantes perfectas) y se mudan a una casa en los suburbios. Cuando llega un camión de mudanza a la casa de al lado, ellos esperan que se trate de “una pareja gay adorable” o algún “sueño-del-pibe-cool-hipster-progre” por el estilo. Pero no, al lado de ellos se muda una fraternidad comandada por Teddy y Pete (Zac Efron, comediante sorpresa, y Dave Franco, de quien no les sorprendería nada si vieran los brillantes cortos que hizo para el sitio Funny or Die). Y, bueno, lo que empieza relativamente bien termina en un Mac & Kelly vs. the Frat Boys.

Buenos vecinoses, antes que nada, una película sorprendente. Y lo es en el sentido más literal de la palabra: la película transita por tópicos ya vistos –y tiene detrás de ella un historial de obras maestras de frat houses como Colegio de animales,de John Landis, o la más reciente Old School (bueno, Aquellos viejos tiempos), de Todd Phillips– pero, si bien intuimos cómo va a terminar todo, el camino que recorre la película está repleto de sorpresas, de cuestionamientos que películas de este tipo y con este tipo de personajes no suelen hacerse. Incluso sorprende en la manera en que democratiza a sus personajes: cualquier película actual se pondría incondicionalmente del lado de Mac y Kelly y su casita nueva y su hijita nueva y pintaría a los antagonistas de ellos como nuestros antagonistas; como los villanos. Buenos vecinos, en cambio, entiende a unos y a otros, los pone al mismo nivel, festeja las fiestas de estos chicos y nos muestra cómo Mac y Kelly extrañan eso y, a la vez, cómo un personaje como Teddy tiene mucho miedo de que todo esto se termine y de que él termine siendo Mac-y-Kelly. Hay una nobleza en la película y en los personajes que va más allá de las maldades que puedan hacerse unos a otros y, si semejante empatía era esperable en una película que se toma su tiempo para generar exactamente eso como lo es The Five-Year Engagement, aquí, donde todo logra colarse dentro de una narración que no da respiro en su exhibición de atrocidades entrañables, todo resulta aún más sorprendente. 

Buenos vecinos

Nicholas Stoller

Estreno: 19 de junio

2014 / Estados Unidos / 96 minutos

UIP