Buenas y malas para el cine de autor

Las malas: cerraron 791 cine y el Arteplex Belgrano. Y la buena: las dos cómodas y modernas salas del C.C. San Martín comienzan a operar a partir de julio a un costo de $15 la entrada. Las razones de los cambios en el siempre frágil mercado del cine de autor.
Ilustración: Manuel García.

Nota publicada en la edición impresa del número de junio de 2012.

 

1.    Hace un par de años surgió el 3D y, después de un par de experiencias exitosas, pensamos que el futuro del cine tenía que incluir forzosamente esa tecnología. Era un mal momento en las boleterías, y parecía que sólo el revival del anteojito podía darle chances a una película. Incluso a una pelicula independiente. En ese momento se me ocurrió que el cine de autor, por su naturaleza, no tendría que sumar dimensiones, o información, o sensorialidad, sino más bien restarlas. No hacer películas más fáciles de digerir, sino aun más difíciles. No hacerle la vida más fácil a los sentidos, hacérsela más ardua: en el ADN del cine de autor está la dificultad, los obstáculos, y hasta el sufrimiento. En fin, imponer para el cine de autor las películas 1D, películas que podríamos ver sólo en Horizontal o Vertical, una idea que extrañamente no prendió. La experiencia de ver una pelìcula independiente, si es cómoda, se vuelve sospechosa. Y quizás por esa cuestion fatal sea que también, muy seguido, nos llegan malas noticias acerca de la exhibición y distribución de cine de autor. Ventas que caen, empresas que cierran, gente que decide dedicarse a otra cosa. Este mes tuvimos, para no perder la costumbre, una nueva mala nueva. Pero también tuvimos una buena. Y eso, créanme, es noticia.

2. Poco después de que, en medio de una incomprensible indiferencia, cerrara ese gran proyecto que fue 791cine, el Arteplex Belgrano anunció su (para algunos previsible) final. Una distribuidora y una sala que, durante los últimos 6 o 7 años, habían sido emblemas de la circulación de cine de autor, desaparecieron y (casi) nadie dijo nada. Desde un tiempo atrás, mucha gente se quejaba de las escasas comodidades y la pobre calidad de proyecciòn del Arteplex, una sala creada encima del viejo Savoy y anunciada como “el primer complejo de cine arte de la Argentina”. Un primer complejo que completó un primer micro-circuito junto con las salas de Caballito (cerradas desde hace un tiempo) y las del Centro (abiertas no se sabe por cuánto tiempo más); el Arteplex fue un primer complejo que nunca tuvo un imitador. El Arteplex, bueno o malo, cómodo o incómodo, caro o barato, fue único en su especie. Pasaron por sus salas peliculas que, probablemente, no vuelvan a encontrar una salida natural. Un tipo de material, y también un tipo de distribuidora, encontró en el Arteplex un refugio, mientras los multipantallas decidían prescindir del cine de autor en su misión de dominar el mundo . Los que nos quejamos porque no era todo lo que nosotros nos merecíamos y tirábamos al voleo un “cuándo va a venir alguien y poner una sala decente en Palermo”, hoy nos quedamos con la opción de no ver cine de autor, o no verlo en salas. Y vemos cómo la ventana de theatrical, o exhibición en salas comerciales, se cierra para los independientes.

El secreto a voces es que el alquiler de la sala de Belgrano era demasiado alto: 19.000 dólares, o una cosa por el estilo.A algunos les parecerá mucho y a otros poco. Pero a los que van a salir pidiendo que alguien (alguien que no sea ellos) se haga cargo de la sala, la alquile, la pinte, cambie las butacas, ponga proyección digital en DCP y sirva cafe de llly, lo invito a hacer la siguiente cuenta: el Arteplex tenía, aproximadamente, un promedio de entrada de $20. A eso le descontaba impuestos, y la parte del distribuidor, para quedarse con un poco menos de la mitad. Digamos $8. ¿Cuánta gente por mes tenía que pagar su entrada sólo para pagar el alquiler (por no hablar de otros costos fijos ni, mucho menos, la posibilidad de una ganancia)?. En su último fin de semana, entre sus 5 salas, Arteplex vendió 3.500 entradas. El último mes, unas 12.000. O sea, algo así como $96.000, apenas $15.000 más de lo que cuesta sólo el alquiler (que seguramente aumente mas rápido de lo que lo haga el valor de las entradas). ¿El agujero que queda se resolvería con mejores butacas, mejor proyección y mejor programación? ¿Quién se anima a sacarse la duda?

3. Durante el BAFICI fui a ver una película a las nuevas salas del C.C. San Martin, esas que fueron rumor durante mucho tiempo, tanto que llegaron a generar un contra-rumor, el que decía que esas salas del San Martín no iban a abrir nunca. Sin embargo, el mes pasado pude confirmar con mis propios ojos que ahí, en un 5º subsuelo, había dos salas nuevas para el cine de autor (o de arte, o independiente, o cualquier otro cine olvidado por la exhibición comercial de nuestro país). Se trata de dos salas de 100 butacas cada una, ubicadas en espejo (una cabina compartida), que proyectará entre viernes y domingos, en 35mm, Bluray y DVD, películas a un costo de $15 la entrada. Las salas son cómodas y la calidad de proyección muy buena, en un contexto agradable, con un café y un restaurant, escaleras mecánicas y ascensores, todo un oasis difícil de imaginar desde la calle, y que comenzará a funcionar desde el mes próximo con programación propia. Quedan algunas dudas por resolverse, como por ejemplo: ¿cómo generar visibilidad para dos salas nuevas operando 15 metros debajo del suelo de un edificio viejo? O bien, ¿cómo darle identidad a estos espacios funcionando al lado de la Lugones, una sala reconocida que proyecta un material similar, aunque en condiciones bien diferentes? Y aún así, pareciera que está todo dado para que estas nuevas salas que aún no tienen nombre, dejen encendida por un tiempo una luz de esperanza para los independientes. Y si funciona, querrá decir que efectivamente estábamos esperando una sala que pudiera combinar una gran programación con mucho comfort. Si no funciona, querrá decir que las salas no son lo que estábamos esperando, y que “cuándo va a venir alguien y hacer una sala decente en Palermo”.

Y podríamos desnivelar la balanza y hablar de una tercera noticia: el posible cierre del Gaumont, último bastión del cine nacional. Pero, como están las cosas, uno por uno es negocio.