Buscando a Silvina Ocampo

Eugenia Capizzano es la protagonista absoluta de Cornelia frente al espejo, sorprendente film en el que fue dirigida por su pareja, Daniel Rosenfeld. La película nos da la posibilidad de ingresar a dos universos. El primero es la infrecuente comunión entre la literatura de Silvina Ocampo y el cine. El segundo es el de la propia Capizzano, a quien el relato homónimo la cautivó tanto que la convirtió en el alma mater del proyecto.

Entrevista publicada en la edición impresa del número de octubre de 2012.

“Soy espejo, soy tuyo. Desde que cumpliste seis años, por mi culpa, quisiste ser actriz”, dice la voz narradora de Cornelia frente al espejo. En el fragmento se condensan lo especular (es sabido que Ocampo estaba fascinada por Alicia en el país de las maravillas, relato esencial para el mundo de los espejos) y ese tono íntimo que definió tanto a la trayectoria literaria como a la propia vida de la escritora. Hacia ese universo se sumergió Eugenia Capizzano, dueña de unos ojos que se abren a la realidad como un infinito. Es imposible mirarla y no imaginar un misterio. Y algo similar ocurre con Cornelia, el personaje que compone con sensibilidad, mujer escindida de su propio yo que tanto en el cuento como en la película tendrá tres enigmáticos encuentros personales.

“Fui yo la que le propuse a Daniel trabajar con este texto, que me impactó personalmente. Ya había trabajado con él como coguionista en La quimera de los héroes. Pero teníamos pendiente el sueño de hacer algo juntos como director y actriz. Contábamos con materiales en los que estábamos trabajando, pero de pronto yo me encontré con este cuento y me surgió un deseo muy fuerte”, comenta Capizzano. “Entonces le comuniqué lo que me estaba pasando, me surgieron muchas ganas de actuar eso. Pero no pensé mucho más en ese momento. Solamente sentí una conexión muy fuerte con el texto. Al comienzo creí que daba lugar a una experimentación, para hacer un corto o un mediometraje. Dani se copó y me dijo ‘hagámoslo’, avaló la idea de que los diálogos se pudieran decir. Son los originales los que aparecen en la película.”

¿Y cómo surgió ese vínculo tan fuerte con el relato?

Yo había leído unas pocas páginas de otro cuento de Silvina, que me había pasado un amigo. Y no puedo recordar por qué lo cerré y no volví a él. Se trataba de un relato del libro Autobiografía de Irene en donde el personaje se está por morir. Hay muchas historias de Silvina que exploran a un personaje que se está preguntando por la vida y la muerte. No son cuentos tristes, no son el relato desgarrador de alguien que está muriendo de cáncer y lucha. Cuando abrí la primera página de Cornelia frente al espejo tuve el deseo de querer ser la persona que escribió eso. Nunca me había pasado algo así, imaginate que estaba en la primera página. Un psicólogo diría “identificación”. Creo que Silvina hablaría de “transmisión”. En el libro Encuentros con Silvina Ocampo dijo que en un libro de otro ella buscaba encontrar algo entrevisto, algo que hubiera querido escribir. Y hablaba de las transmisiones, de que cuando encontramos esos textos sentimos que alguien que vivió en otra época o en otro país puede transmitir a otro. Y se produce ese encuentro. A mí me atrapó no sólo lo que decía el cuento, sino también la musicalidad de las palabras. Yo quise decir aquellas palabras, no otras, para acercarme lo más posible a esa voz.

 

Además de actuar sos coguionista. En el texto original se funden cuestiones muy metafísicas: aparece el tema de la especularidad que en relación a Silvina Ocampo remite no sólo a la forma en la que aborda la existencia, sino también a su propio círculo literario. Con Borges y Bioy Casares a la cabeza. ¿Cómo fue transponer ese universo de palabras en imágenes?

Se trató de un proceso natural, al comienzo nosotros mismos no sabíamos hacia dónde iba lo que estábamos armando. Nos parecía que era un corto, una experimentación. En algún momento nos dimos cuenta de que estábamos haciendo una película, pero no recuerdo exactamente cuál. Hicimos un trabajo previo a los ensayos, de convertir el cuento en un “guión”. No se trataba de un guión clásico. Y fuimos reelaborando ese material durante los ensayos. E incluso durante el rodaje y el montaje hubo cambios. Para mí, el vínculo amoroso con el texto perdura. De hecho, Silvina Ocampo es una escritora que empecé a leer asiduamente. Una preocupación que tuve fue la de estar a la altura de esos textos. Acá, de alguna manera, había que traducir el lenguaje escrito en actuación, sentir esas palabras. En los primeros ensayos estuve como paralizada. Habíamos empezado a ensayar con Rafael (Spregelburd) pero ni él ni Daniel se quejaron. Yo me sentía paralizada.

 

Es indudable que encontraste en Ocampo algo más que una buena escritora. ¿Qué valorás de sus aspectos biográficos?

Silvina fue una mujer muy libre, que hizo lo que quiso pese a los mandatos. Incluso fue libre sexualmente. Una mujer muy fuerte, mucho más moderna que algunas mujeres que están vivas. Se pasó la vida escribiendo, no fue una persona pública por su carácter. Una famosa frase que dijo fue: “no soy sociable, soy íntima”. Y creo que la definía muy bien. De hecho, hay muchas obras de ella inéditas y textos que se publicaron de forma póstuma. Fue una mujer tremendamente precoz en su percepción del mundo. Y creo que Cornelia tiene mucho de su propia biografía. En su literatura persiste un tinte infantil, pero la mirada de Silvina se abre a una percepción mucho más amplia.

 

Cornelia frente al espejo posibilita el encuentro entre distintos “yoes”. A la hora de componer actoralmente, ¿qué tipo de acercamiento tuviste? Se trata de un personaje que, a priori, presupone una psicología no tan clara como la que se espera de un guión más clásico. ¿Desarrollaste alguna teoría sobre la historia de Cornelia?

No hice una reconstrucción de la historia familiar. Sí coincido con vos en que había una dificultad para abordar a estos personajes que no están construidos como los que por lo general se escriben en un guión o en una obra de teatro. Para mí era importante que el personaje sostuviera esta especie de agobio de su propio ser. Algo muy humano, del hombre que es consciente de que existe. Había una cantidad de elementos que no se limitaban al pasado, a conocer su historia. Está el momento en el que ella cuenta un trauma infantil. Y pienso que eso explica un poco esa relación con la muerte. Yo estudié psicología y pienso que este cuento trata también sobre cómo se construye un trauma. Lo digo de forma un poco grosera, porque no soy psicóloga ni terminé mis cursos de psicología. Se trata de un relato en donde hay una mujer a la que admira tanto que es casi una madre para ella. Y ese hombre del que se enamora, al que encuentra junto a aquella mujer. A partir de allí se siente destrozada. A raíz de toda esa historia es expulsada de la casa y su tía la recibe bajo la condición de que no se dedique al teatro, que era su vocación. Entonces, creo que el relato funciona como un nudo. Algo de la estructura psíquica queda atrapado y ella queda como fuera del mundo, desplazada. Me parece que eso es el fondo de donde viene su deseo de destruirse.

 

Creo que la película también es inusual porque el universo fantástico no es muy explorado en el cine nacional, si bien es una especie de “fantástico metafísico”, no tan argumental. También considero curioso que Ocampo no sea una escritora “canónica”.

Lo cual es bastante injusto. De hecho, Borges siempre decía que ella era una genia. Y muchos escritores con los que he conversado, por ejemplo Fogwill (del que fui amiga), decían que era injusto que no fuera valorada tanto como su amigo (Borges) y su marido (Bioy Casares). Esta película es fantástica y no. Lo “raro” siempre está al borde de lo verosímil. Creo que no es realista ni fantástico el cuento.