Canciones perdidas

Nombre insoslayable del viejo Nuevo Cine Argentino, Ezequiel Acuña se mantuvo siempre en esos orígenes de frescura. Sea por resistencia, por inadaptado, por querer al cine como a un pequeño tesoro, conformó una obra que le pertenece totalmente. La última pieza es La vida de alguien, que tuvo su estreno mundial en la competencia del Festival de Mar del Plata.

Son pocos, casi ninguno, los directores surgidos de aquellas buenas nuevas épocas del cine argentino que supieron mantener una filmografía con cierta coherencia o rigor; quizás por responder a estilos de producción que les eran ajenos, quizás por la necesidad de mantener un oficio. Ezequiel Acuña, haciéndole honor al título de su ópera prima, se mantuvo siempre como una figura solitaria dentro de un grupo que, traicionando sus orígenes, se volvió cada vez más dependiente. Su secreto siempre fue el de tener un universo propio y dedicarse a seguir a unos personajes que le fueron cercanos. La vida de alguien se agrega como un nuevo capitulo a una obra única, que pareciera mantenerse secreta dentro del cine local.

 

Desde Excursiones, tu película anterior, pasaron cinco años. ¿A qué se debe el hecho de que no filmes más seguido? ¿Es por una cuestión personal o económica? ¿Qué paso en estos años?

No es de vago, no creo que se pueda filmar tan rápido. A mi entender, no tengo todavía un lenguaje aprendido, y cada película, más allá de lo que queda, tiene un proceso largo de investigación, de estudio, de planificación, aunque muchas veces no se vea. Los directores que más me gustan, como Szifron, Martel o Bielinsky, no filmaron una película por año, y creo que el tiempo les dio la razón. En cada caso sus obras son contundentes; lo mismo pasa con Rejtman. Lo económico incide, aunque eso es tanto para las películas grandes como para las chicas. Tal vez cuando sepa narrar con más solidez filme más seguido, aunque para eso falta demasiado tiempo, a mi entender. En mi caso siento que hay una gran ansiedad, pero por otro lado hay un proceso más racional, en el que es clave saber cuál es el momento. No me sirve filmar una película por año, aunque eso no signifique que no esté preparando o ensayando algo. En el medio con Fernando Lockett (el DF) y Mario Pavez (con el que coedito) hicimos varios videoclips (Viva Elástico, Nubes en mi Casa, Ojas, Fidel Nadal, Chocho, Birabent y Moris, La Foca) y hasta un pequeño documental sobre Viva Elástico, que quedó en stand by, llamado Lo que quiero.

 

Si me permitís, voy a contar una anécdota personal. Yo te vi vendiendo discos para pagar la finalización de Nadar solo, lo cual, por otra parte, parece una escena sacada de una película tuya ¿Mejoraron tus condiciones de producción?

Sí, eso fue en el parque Rivadavia en 2002, cuando el dólar se había ido al tacho. Estuve seis meses para ver todo lo que había filmado en Mar del Plata, sin saber si estaba bien o no. La forma de producción es algo acerca de lo que me pregunto todos los días; no tengo distribuidor, no tengo coproducción de otros países, nunca gané un fondo y tampoco viví viajando. No sé si eso es lobby, culo, no creo que sea mala suerte, seguramente debería haber aprendido más de algunas experiencias pasadas. Tampoco me puedo quejar ya que hay mucha gente que me bancó en las películas y eso fue clave para hacerlas.

 

Cuando escuché la trama de la película, pensé inmediatamente en la historia de la banda Los Pillos. O en alguien como Syd Barrett, que en un momento desaparece y a partir de ahí se empiezan a crear mitos. ¿Cómo nació la idea del guion? ¿Volviste a trabajar con Alberto Rojas Apel?

Lo de Los Pillos es verdad; también estaba El Lado Salvaje, una banda del sur, y a veces pensaba en Big Star y la relación de Alex Chilton con Chris Bell, y tantas historias parecidas. De Barrett no se sabe casi nada, sí que fue tremendo guitarrista y lo mejor de Pink Floyd, aunque haya estado en un solo disco. Lo de Los Pillos consistió en bajarme información de todos lados, leer, mirar lo poco que había… Ellos tienen un único disco que está adelantado cien mil años; ahora apareció otro que se llama Nómades (que tiene un sonido primitivo, y dentro del estilo hasta tiene elementos percusivos rarísimos). Para colmo, Adrián Yanson cantaba con una onda Morrissey mal. Gran disco ese; creo que cuando me viste vendiendo discos en el parque el de Los Pillos estaba ahí seguro. Y es raro que un país en el que gustan mucho los Smiths los conozca tan poca gente, ya que debe ser la banda más Smithsque existió en esta tierra. Con Alberto Rojas Apel empezamos escribiendo el guion de una película acerca de una banda de rock y, más allá de que lo terminamos, hubo algo que se rompió en el vínculo y que yo no manejé bien. Desde ahí me puse a escribir solo, obviamente dejando atrás ese guion y buscando otra historia con un costado musical, que era lo que me interesaba. Más allá de que este es el primer guion que escribí solo, lo de Rojas Apel, para dejarlo en claro, fue un aprendizaje total: con él aprendí todo lo que se puede saber de la escritura (más allá de que yo siga investigando por mi cuenta). Fue un gran profesor para mí, y clave en la coescritura de los otros guiones.

 

Me da la sensación de que La vida de alguien forma (y quizás cierre, no lo sé) una trilogía con Nadar solo y Como un avión estrellado, más allá de que los protagonistas vayan creciendo con cada película. ¿Lo ves así?

Sí, totalmente. Aparecen los protagonistas de las tres películas anteriores y Santi Pedrero, que estuvo en esas tres. La idea siempre fue mejorar un estilo. Hay temas como la ausencia (el hermano en Nadar solo, la desaparición de un personaje en Como un avión estrellado, un secreto guardado en Excursiones) que tiene que ver incluso con cierto tono de misterio. Lo mismo pasa en La vida de alguien, y me hace pensar que es lo que viene después de esta película.

 

En tus películas la música siempre fue muy importante, y esta vez aún más, ya que los personajes son en su mayoría músicos. La música de la banda en la ficción es de una banda real, La Foca. ¿Cómo hiciste para transformar a tus actores en una banda de rock?

Santi Pedrero es músico (de alguna manera, es el lado B de su personaje de Nadar solo, que tocaba la guitarra y se llamaba igual que este personaje), tiene una banda que se llama Ideal Para el Invierno. Ailín Salas fue un descubrimiento, canta muy bien, es un metrónomo, y por eso nos animamos a hacer canciones con ellos dos. Larquier, que es el bajista, toca el teclado y canta en su banda Julian; Ema, el baterista, era alumno de actuación y yo sabía que tocaba la batería; y Matías Castelli era el único que no tenía conocimientos musicales. Hasta Julián Kartun, que no aparece tocando o cantando, tiene su banda, El Kuelgue, en la que canta. Las canciones de La Foca abarcan varias etapas: hay canciones que tienen veinte años y están grabadas en Dat o en casetes; otras ni están grabadas y Fede González (el cantante)trataba de recordar en el living de casa; y otras son más actuales. Algunas son tocadas en vivo por los actores, otras son playbacks con agregados de algunos instrumentos.

 

A pesar de lo que indican estos tiempos, la película está filmada en 35 mm, y también vas a tener al menos una copia de proyección en 35 mm. ¿A qué se debe este empecinamiento con el fílmico? ¿Te ves haciendo una película en otro formato en el futuro? ¿O pensás hacer como Tarantino y retirarte cuando no exista más el fílmico?

Lo de filmar en 35 mm fue raro, es la primera vez que filmo en ese formato: las tres películas anteriores fueron en Super 16 mm ampliadas a 35 mm, y los cortos que hice mientras estudiaba fueron en Super 8. No es una postura canchera ni vintage, es simplemente un respeto personal a mi época de aprendizaje, en la que se filmaba en Super VHS o en 16 mm blanco y negro y no había un término medio. También tiene que ver con los profesores que tuve: Paula Félix Didier, Fernando Peña, Claudio Caldini, que proyectaban en la pared de la escuela de cine tanto en 16 mm como en Super 8. Es doloroso lo del fílmico; trataré de filmar y respetar ese formato hasta que pueda (o se pueda), es el origen de todo y además se ve mejor que el digital. Que sea tan complicado me parece un desafío que va de la mano con las películas que hice. Igual es muy personal; hay gente más joven a la que le parece primitivo y hay otra gente a la que no le importa tanto el soporte y es totalmente respetable. No me puedo retirar de ningún lado: Tarantino juega en el Barcelona y yo, como mucho, en Deportivo Riestra.

 

¿Cómo ves el panorama del cine actual en relación con el momento en que estrenaste Nadar solo?

El otro día leí una nota en la que Gastón Gaudio, el ex tenista, contaba que empezó a sacar fotos con película y a revelar en su casa; hablaba de lo que le hubiese gustado vivir en otra época, y se preguntaba si todo tiempo pasado fue mejor. Yo creo que esa época para el cine argentino y para mí fue especial, más imperfecta, más inmadura. Por eso te digo lo del tiempo pasado; creo que en el panorama actual todo es más inmediato, las películas pasan más rápido, y hay cosas a las que se les dan menos tiempo de lectura o de análisis. A veces me siento como el personaje de Medianoche en París, como corrido del tiempo (lo del fílmico puede ser), y termino hablando de gente que tiene el doble de edad que yo de una manera única.

 

La vida de alguienva a tener su estreno mundial en Mar del Plata, en un festival en el que nunca mostraste ninguna de tus películas. ¿Cuáles son tus expectativas y cuándo y cómo va a ser el estreno comercial?

Lo de Mar del Plata es rarísimo. No fui nunca al festival ni con una película ni como espectador, y es la ciudad que más conozco junto con Buenos Aires: ahí pasé grandes momentos e incluso filmé parte de las cuatro películas. Mar del Plata fue muy especial y va a seguir siéndolo, por eso es una sensación rara eso de no conocer nada del festival y a la vez conocer la ciudad de memoria. Creo que la expectativa está ahí, en el lugar: no es ajeno, es una ciudad que está llena de recuerdos por todos lados. Espero que podamos estrenar en 2015, con una salida muy pequeña, con la que la película pueda mantenerse unos meses. Obviamente, al ser una película narrada en parte con canciones (tiene 32 tracks, entre repeticiones de música incidental y canciones), haremos algo relacionado con la música, que creo que es el alma de la película.