Caos y felicidad

Tres D, de Rosendo Ruiz, se estrena en Córdoba el 9/10 y en Buenos Aires el 6/11.

De caravana es una película que derrocha vitalidad. Una multitud de géneros y registros se apelotonan y apretujan sin miedo al ridículo hasta dar un objeto cinematográfico capaz de celebrar el cine por ser el gran medio narrativo de nuestros tiempos tanto como por constituir uno de los últimos resquicios a través de los cuales observar el mundo que nos rodea. Travestis, fotógrafos, buscavidas, ladronzuelos de poca monta pero con grandes planes, chicas peligrosas al mejor estilo femme fatale; todos se cruzan y chocan en un relato que se resiste a la sinopsis, que, en cambio, pide ser visto y escuchado en una sala de cine. El espacio de contacto de las criaturas de Ruiz es la ciudad de Córdoba que, como en un film noir, se convierte en la gran protagonista silenciosa de la historia, soporte material de las transacciones amorosas, económicas y delictivas que entablan los personajes. No es extraño que el relato empiece de noche y antes de que dé inicio un recital de la Mona Jiménez: el astro popular cordobés es la cifra misteriosa sobre el que se arremolina la energía apabullante que rebosa la película; alrededor de la Mona, lejos al principio pero cada vez más cerca, se tejen los ribetes de un relato que parece respirar el aire frenético de sus recitales, como si el ritmo y la alegría del cuarteto hubieran dejado su marca en cada fotograma de película.

Lo maravilloso de De caravana es que ese clima de ebullición nunca presenta signos de dejadez o falta de cuidado. Al contrario, la ópera prima de Rosendo Ruiz es un exponente más bien exquisito de puesta en escena: los planos, en su gran mayoría, son largos y obligan a convivir en su interior a los personajes, sin recurrir casi nunca al recurso típico y fácil del plano-contraplano. No por nada Ruiz menciona a André Bazin en la entrevista: buena parte de la diversidad que la película alberga y celebra se juega en la interacción de elementos heterogéneos dentro de una misma imagen. Entonces, los géneros, el humor, la acción (lo popular, qué tanto) aparecen homenajeados y enaltecidos por una técnica cinematográfica que destila respeto y asombro por el mundo que retrata. De caravana no podría transcurrir en otra ciudad que no fuera Córdoba, ni recurrir a un estilo que no contemple la mezcla caótica y feliz de géneros, ni haber sido terminada sin la elegancia formal que los realizadores concibieron.