Causa perdida

Justa ganadora del Oscar a mejor película extranjera, del Oso de Oro en Berín y de cuanto premio asiático hubo, la película de Asghar Farhadi logra, con elementos mínimos, armar un melodrama familiar y un thriller judicial de encarnizadas resonancias éticas.

Reseña publicada en la edición impresa del número de abril 2012.

 

A separationno es exactamente lo que uno se imagina si va cargado de prejuicios a ver una película iraní. A separation aborda una historia urbana, familiar que, en vez de apostar al localismo, a simple vista podría transcurrir en cualquier lugar del mundo. Pero tampoco es una película globalizada: si miramos con un poco más de detenimiento, veremos que tanto sus personajes como su conflicto están enraizados en un contexto bien concreto. Si la película nos habla del Irán actual, no es desde esa suerte de exploitation del Tercer Mundo quemuchas veces parecen esperar y avalar los fondos y festivales internacionales, sino desde unas estrategias dramáticas mucho más sutiles y orgánicas.

Tanto el título como la introducción de la película pueden prestarse a confusión. A separation es, sí, la historia de una separación, la de Nader y Simin, un matrimonio que entra en crisis ante el deseo de Simin de irse al exterior, esperando que su hija, Termeh, pueda tener una vida más prometedora, y la negativa de su marido, atado a la situación de un padre con Alzheimer. Pero lo que se perfila en las primeras escenas como un drama familiar cobra una dimensión mucho mayor y toma un rumbo diferente a poco de avanzado el relato, cuando obligado por la ausencia de Simin, que pide el divorcio y se va a vivir a casa de sus padres, Nader se ve obligado a contratar a una mujer para que cuide de su padre. Pero esta mujer, Razieh, carga con sus propios conflictos, conflictos que son –podemos intuir- los de otra clase. Un acto de irresponsabilidad va llevando a otro, y pronto Nader y Razieh, y con ellos ambas familias, se ven enfrentados en un proceso judicial que es mucho más un dilema ético y un síntoma de un contexto histórico-social complejo que una simple cuestión legal.

Y es que cualquier espectador atento notará que este enfrentamiento, y así como los choques en la intimidad de cada núcleo familiar, son a la vez la expresión de problemas sociales, religiosos, morales, de género. En esto, ambas familias funcionan, a la vez, por contraposición y en espejo. Pero estas cuestiones nunca van por encima de la historia, sino que están firmemente entrelazadas en un guión sólido que se preocupa, primero, por su conflicto y sus personajes, antes que por dar un mensaje sobre un estado de cosas. A separation respeta a rajatabla una de las reglas de base de la dramaturgia clásica: su estructura se basa en el crecimiento de un conflicto fuerte que nuclea, a su vez, a todos los conflictos secundarios. Y lo hace con una sutileza capaz de evadir toda obviedad, a la vez que construye una tensión creciente y constante con elementos mínimos.

A separationes una película de discusiones, de debates, de choques de puntos de vista. Su guionista y director, Asghar Farhadi, le da el suficiente espacio a sus personajes como para que expongan sus posiciones, y no sólo a través de sus argumentaciones sino, principalmente, a través de sus acciones. Y si por un lado plantea la suficiente cercanía como para que empaticemos incluso con aquellos que son más cuestionables, por otra parte la contraposición de voces complejiza la situación, obligando al espectador a replantearse una y otra vez sus (pre)juicios y opiniones.

Quizás en esto resida el mayor de sus méritos: estamos ante una película que no subestima a sus espectadores, y que confía y se apoya en la fuerza narrativa del cine para expresar sus ideas, sin necesidad de recurrir a ninguna estrategia panfletaria. En un contexto en el que encontrar un buen guión parece ser cada vez más difícil, no es un detalle para nada menor.