Ciento cincuenta ritos

Una larga noche de 1995 se iniciaba un rito. Nos sentábamos en la mesa de un departamento amigo y, frente a una pizza fría, relojeábamos de vez en cuando el monitor de una noventosa Macintosh. Se trataba de que el efecto que le habíamos puesto a la foto de tapa terminara de renderear. A veces llegábamos a esperar la noche entera, solo para descubrir, a la mañana siguiente, que quedaba horriblemente falso. Dormíamos por turnos en un sofá que probablemente fuera más incómodo que como hoy lo recordamos. No sabíamos cómo se hacía una revista. No sabíamos nada. Todavía vivíamos con nuestros padres y estudiábamos cine en el CIC. Éramos unos tiernos pero, por supuesto, nos creíamos mucho más inteligentes que el resto de la humanidad.

Le decíamos a quien quisiera escucharnos que las revistas que existían no nos representaban. Que queríamos hacer una revista que reflejara la mística de hacer cine. Algo parecido a lo que nosotros experimentábamos día y noche haciendo nuestros cortos, esos que veían familiares y amigos. Y nadie más, claro.

En la tapa pusimos una película de nuestro referente Raúl Perrone y agregamos, bajo el nombre de la revista, aquello de “un espacio para los estudiantes de cine”. Imprimimos solo 600 ejemplares, en blanco y negro, y se vendieron la mitad. ¿Eso estaba bien? Tampoco sabíamos. Al mes, cuando llegó el primer cheque de los kiosqueros, fueron ellos quienes nos aseguraron que era una marca buenísima y muy auspiciosa y que ni se nos ocurriera abandonar. Nos gusta creer que no hubiésemos abandonado de todas maneras. Pero hoy es difícil saberlo con toda certeza.

Hoy el ritual se repitió ya 150 veces. Muchas cosas cambiaron. Básicamente, crecimos. Pero también creció el cine argentino, y también (¡por suerte!) la tecnología y las computadoras. Y sumamos ayuda a la tarea cotidiana. Varios editores pasaron por Haciendo Cine, y estos 150 números también son suyos. Y es precisamente este número tan simbólico el que los caprichos del destino eligieron para que nuestro editor actual, Esteban Sahores, partiera rumbo a nuevos y, le deseamos, auspiciosos horizontes. Esteban comenzó en un puesto administrativo, y al poco tiempo ya estaba editando la revista. Lo hizo durante un tercio de estas 150 ediciones. Creemos no solo que su trabajo consistió en sacar adelante número tras número, sino que además lo hizo aportándonos su mirada e impronta personales. Porque de una cosa estamos seguros: es imposible hacer este trabajo sin poner todo de uno en ello.

Quizás el número 300 de HC ya no será en papel; quizás para ese entonces la idea de “revista digital” no sea la que existe hoy. Y quizás las versiones de revistas para tablets no existan porque las tablets ya no existirán, sino que serán un objeto jurásico reemplazado por un chip injertado en la parte lateral del cerebro. Pero de una cosa estamos seguros: se vienen los siguientes 150 números de tu revista favorita.

Los directores