Cierra Liberarte: El fin de una era

Desde su creación en 1987, la Videoteca de Liberarte significó para la cinefilia argentina uno de los pocos lugares de Buenos Aires donde podían encontrarse todo tipo de películas, además de un punto de encuentro para estudiantes de cine y cinéfilos de todas las edades. Después de 27 años de funcionamiento, el local cerrará sus puertas definitivamente en poco menos de un mes. Haciendo Cine habló con Felipe Bonacina, uno de los tres socios encargados de llevar adelante la videoteca que marcó a fuego a toda una generación.

¿Cuál es el motivo del cierre?

Los motivos son varios. Aunque con sus particularidades, la Videoteca de Liberarte es un videoclub y no escapa a la crisis de este tipo de negocios. Pudimos competir con la piratería que se disparó con la llegada del DVD con la estrategia de especializarnos aún más en el cine no comercial. Pero contra la difusión en Internet es imposible, aunque contamos en nuestro catálogo con mucho material inhallable en la web. Internet cambió los hábitos de los consumidores de películas, que naturalmente prefieren llegar al cine desde su casa y a menor costo. También surgió el problema del cierre de la mayoría de las editoras de cine en DVD, por lo que, aunque quisiéramos, no podríamos adquirir novedades de un modo legal. Te agrego que en 27 años de trabajo nunca tuvimos ni una denuncia por material ilegal. Lo más frustrante para los coleccionistas como nosotros es no poder seguir agrandando la colección de un modo transparente. Otro motivo de cierre es el costo de alquiler del local en el que estamos. El espacio físico que requiere nuestra colección es muy grande y el costo de los alquileres sube cada vez más y es imposible de cubrir. Por último están las decisiones personales de los tres socios que llevamos adelante la Videoteca. En mi caso son más de quince años de trabajo, y en el de mis socios es de 27 años; cada uno de nosotros tiene otras inquietudes que no son satisfechas, máxime cuando es tan cuesta arriba seguir con este proyecto. 

 

¿Cuál fue la reacción de los clientes históricos? ¿Recibieron llamados, adhesiones, etcétera?

Fue muy sorprendente lo que sucedió. Yo solamente publiqué algo en mi FB personal en el cual tengo pocos contactos, con algunas fotos del desmonte parcial de la Videoteca (te aclaro que estaremos al menos un mes más hasta cerrar definitivamente). La noticia se difundió muy rápidamente. En un principio la reacción es de sorpresa y de pena, pero a medida que pase el tiempo irán comprendiendo que la situación era insostenible. Hay gente que se ofreció a darnos una mano e incluso se armó una página de "No al cierre de la Videoteca", lo cual agradecemos profundamente, pero no creo que prospere demasiado porque la decisión ya está tomada y es la más sensata. Suponemos que cuando la noticia se difunda más aparecerán más reacciones. Lo mejor que nos puede pasar es poder reubicar nuestra colección (son cerca de 15.000 películas) en alguna institución, universidad, etcétera. 
 

¿Qué rol te parece que tuvo Liberarte en la cultura cinematográfica de la ciudad?

La respuesta que te doy es un reflejo de los comentarios de la gente, no una apreciación personal. La Videoteca aportó a la formación de un par de generaciones de estudiantes, investigadores, periodistas, cineastas y sobre todo cinéfilos, siendo esto último lo que todos tenemos en común. Este aporte no vino solo de parte nuestra sino de tantos otros videoclubes que se animaron a extender sus colecciones más allá de lo previsible. Ahora mi punto de vista: nuestra colección no solo se armó a partir de nuestros conocimientos sobre cine, sino de las sugerencias e inquietudes de mucha gente que se acercó a nosotros con su voracidad cinematográfica y con ganas de compartir sus gustos. Esto creo que es lo más hermoso, ya que en definitiva se trató de una construcción colectiva en la que participó gente de diversos orígenes. Es por eso que en nuestro catálogo conviven, por ejemplo, las películas de Godard con el cine mudo argentino, el cine experimental, cortos amateurs, documentales sobre plástica, óperas, la saga de James Bond y alguna película sobre la independencia de Egipto que aunque no fuera muy buena merecía su lugar por ser la única en tratar el tema y a alguien le podía servir. Humildemente, nuestro trabajo fue escuchar las inquietudes del público y armar una Videoteca que estuviera a la altura. No hay persona en el mundo que sepa tanto de cine como para armar de un día para otro una colección; a nosotros nos llevó 27 años y nos quedó muchísimo por conocer.

 

¿Cuál es tu opinión acerca del presente y el futuro del mundo de las librerías, las disquerías y los videoclubes?

Es una cuestión de tiempo. Las disquerías y los videoclubes ya están sentenciados por los motivos que mencioné al principio. Quedarán en pie algunos negocios especializados o que cuenten con un respaldo económico que nosotros no tenemos. Seguramente a las librerías les llegue su hora, aunque creo que falta mucho para eso; todos sabemos que el libro es un bien mucho más arraigado en la cultura popular que un CD o un DVD. Los videoclubes hemos cumplido un ciclo en la difusión del cine, por eso la pregunta que deberíamos hacernos es si la desaparición de estos negocios conlleva la desaparición de la costumbre de escuchar música, ver películas o leer libros. Yo creo que no es así. Simplemente cambia la forma de acercarse a las obras, y nuevamente el dilema es cómo hacer que estas producciones sean rentables, sobre todo para los artistas. Lo que se pierde con la partida de los videoclubes son esos espacios maravillosos en los que la gente se reunía a hablar y a recomendarse películas, o simplemente a compartir una charla cara a cara con cinéfilos apasionados. Lo mejor que nos dejó la experiencia Liberarte, y lo que más vamos a extrañar, son esas largas tertulias hablando de millones de temas distintos,  siempre alrededor del cine. Alguna vez una habitué nos dijo: “Yo no sé si me interesan tanto las películas, pero vengo porque aquí puedo encontrar la mejor conversación de la Avenida Corrientes”. Tarea cumplida.