Cine de generosidad

Se estrena Polvareda, un western local dirigido por el argentino Juan Schmidt. Hablamos con él sobre sus claras influencias de Melville y Johnny To, sobre cómo es adaptar géneros clásicos a la idiosincrasia local, y sobre la cinefilia como un camino lúdico hacia la dirección.

¿Cómo surgió la idea central de la película?

Entre asados y tardes de cine que teníamos con los coguionistas Fabián Roberti y Marcos Vieytes, allá por el 2009. Un día nos preguntamos: ¿y si probamos hacer una película? Así fue que abandonamos nuestro lugar pasivo de espectadores y nos mandamos a la aventura de la realización. La idea original era darle forma a un guion en el que pudiéramos volcar nuestras inquietudes alrededor de los géneros cinematográficos y la puesta en escena. Había también un espíritu muy lúdico.

 

¿Cómo elegiste a los actores?

Evitamos los castings, algo que nos pone bastante incómodos; no queríamos hacerle perder el tiempo a nadie. Primero pensamos en qué actores necesitábamos y, con una imagen bien clara en la cabeza, fuimos y los contactamos personalmente. Como hicimos con el uruguayo Horacio Camandulle (el protagonista de la multipremiada Gigante), o con Cutuli, un actor muy verborrágico que en Polvareda hace de mudo. Nuestro personaje principal, el de El Jefe, lo iba a interpretar Víctor Hugo Carrizo, un actor que falleció seis meses antes de comenzar el rodaje. La película tiene una dedicatoria en sus títulos.

 

¿Cuáles fueron tus influencias a la hora de escribir y de filmar?

Johnnie To y Jean Pierre Mellville son influencias indisimulables. Por el camino que tomó la película, con la larga espera de nuestros protagonistas en este pueblo de mala muerte, también revisamos Sonatina, de KitanoOtras influencias son John Ford, Sergio Leone, Seijun Suzuki, John Woo (por eso nos gusta decir que le pagamos a una bandada de palomas para que apareciera en una toma clave de la película) y otras tantas más. Pero no busquen guiños a lo Tarantino, queríamos que fuera una película cinéfila pero no canchera.

 

¿Cómo trabajaste con la estructura narrativa? ¿Por qué decidiste empezar la película después del robo?

La estructura narrativa tiene mucha relación con el western. A partir de la llegada de un grupo de forasteros a un pueblo chico, existe un primer encuentro antagónico en el bar, luego sube la tensión en una práctica de tiro en la estación de trenes y así, hasta llegar al enfrentamiento final. Es una estructura muy clásica, pero que nunca falla. Decidimos empezar después del robo porque queríamos centrar la película en un ámbito rural: nos interesaba jugar a cómo se comportarían esos personajes que parecen sacados de cinematografías de otras latitudes en el paisaje rural de la Argentina. El robo pertenecería a otra clase de película, esas que se conocen como big capers (un género mayoritariamente urbano), y es parte del gran fuera de campo que conforma el pasado de nuestra banda de delincuentes profesionales.

 

¿Cómo fue transponer el género del western y de gángsters a un pueblo chico de Argentina? ¿Qué tipo de aspectos tuviste que adaptar a la idiosincrasia local?

En lo primero que pensamos fue en la cuestión ritual. Cómo trasladar un asado, un partido de fútbol o una kermese de pueblo a la lógica de géneros como el western o el de tríadas y yakuzas orientales. Después fuimos trabajando sobre otros de sus elementos constitutivos: los espacios, personajes, tópicos, iconografías. Una de nuestras preguntas fue: ¿qué pasaría si un grupo de delincuentes aterrizara armado y hambriento en un campo lleno de vacas? Y así surgió la primera escena de la película.

 

En el Festival de Mar del Plata estrenaste tu documental Los monstruos. ¿Encontrás alguna relación entre ambas películas, tanto en el proceso de realización como en tu mirada presente en cada una de ellas?

Son dos películas muy distintas, tanto en la realización como el resultado. Ambas tienen una preocupación por adaptar géneros populares a la cultura argentina. Los monstruos es el producto de un trabajo de investigación que realicé en 2012 sobre mitos y leyendas del interior del país para una futura película de terror, uno de mis géneros favoritos.

 

¿Cuáles son tus próximos proyectos?

Hay tres: un documental sobre evangelistas, otro sobre luchadores medievales y una ficción que, dicen, revolucionaría el cine nacional. 

 

Polvareda podrá verse todos los miércoles de marzo a las 20 h en el Centro Cultural de la Cooperación (Av. Corrientes 1543 - Sala González Tuñón).