Compradora de fantasías

Con Kristen Stewart como nueva musa, Olivier Assayas reencuentra su mejor forma. Personal Shopper es esa mezcla moderna entre género y vanguardia que tan bien resultó en sus mejores películas, y quizás esta sea también una de ellas.

La Internacional Feminista. Dentro de la ya extensa filmografía de Olivier Assayas, existe un grupo de películas protagonizadas por personajes femeninos y cuyas tramas parecen moverse entre el zeitgest de la época y un mundo levemente alterado, al menos en la percepción de sus heroínas. Películas en las que la ficción parece estar a la vista, desdoblando a sus personajes e intérpretes (casi siempre figuras ajenas al cine francés) en un juego tan extraño como personal. Un juego en el que la vida real de las actrices potencia la interpretación y el significado de lo que estamos viendo. Algunas de esas películas son, o podrían ser, Irma Vep (1996), Demonlover (2002), Clean (2004) y Boarding Gate (2007), y las mujeres bellas y fuertes en cuestión son Maggie Cheung, Asia Argento y, en menor medida, Connie Nielsen.

A esta lista de películas, entre las cuales hay al menos una obra maestra (sí, claro, hablamos de Irma Vep), se suma ahora Personal Shopper (2016). 

S.O.S. fantômes (*). Personal Shopper es una historia de fantasmas. O, mejor dicho, es una historia en la que un fantasma es el disparador de la trama. Una película en la que su protagonista cree en el mundo espiritual, pero pasa sus días viviendo en un mundo tan terrenal como frívolo, y finalmente peligroso, desempeñando la tarea que indica el título de la película: es una personal shopper, una persona encargada de realizar las compras, en este caso de ropa, de una actriz súper famosa. La muerte del hermano de la heroína y unos extraños y amenazantes mensajes de texto que recibe en su celular terminarán de dar forma a una historia que, como suele ocurrir con el cine de Assayas, no se preocupa tanto por crear curvas narrativas perfectas y aclaraciones innecesarias o cerrar líneas argumentales. No se trata de una torpeza, sino de un estilo. Assayas pertenece a una herencia, y esa herencia es la del cine moderno. Un cine más preocupado por retratar las sensaciones de sus personajes que por contar una historia de manera tradicional. Si es que esto, hoy en día, aún sigue teniendo algún significado. 

La amiga americana. En el cine actual, ni siquiera los directores más prestigiosos pueden realizar sus proyectos sin la presencia de un protagonista famoso. Famoso, en estos casos, quiere decir un actor joven de Hollywood consagrado por la taquilla y en busca de proyectos que a sus millones les agreguen prestigio artístico. El ejemplo más claro de esto es la relación que une a Leonardo DiCaprio con Martin Scorsese. Incluso el bueno de Martin, considerado uno de los últimos maestros y defensor de la llama eterna de la historia del cine, necesita de la presencia de un joven y afamado actor para poder continuar con su obra. Si bien este no es exactamente el caso de Olivier Assayas, ya que las formas de producción europeas –y también la escala de sus películas– suelen proteger más a sus cineastas consagrados, la aparición de Kristen Stewart en su cine, desde su anterior obra El otro lado del éxito (Clouds of Sils Maria, 2014), aportó una estrella a la altura de sus ambiciones y un alcance que supera al de sus otras películas. El cine sigue funcionando, entre otras cosas, gracias a la tiranía de los actores. 

Vampiros y hombres lobos. Ni los críticos más optimistas habrían adivinado que Kristen Stewart y Robert Pattinson, la dupla protagónica de la saga iniciada con Crepúsculo (Twilight, 2008), terminarían siendo prestigiosos actores, dirigidos por nombres como David Cronenberg, Kelly Reichardt, Claire Denis, James Gray, los hermanos Safdie, Harmony Korine y Werner Herzog, entre otros. Realizadores que, gustos aparte, representan como pocos lo mejor del panorama autoral actual. Como decíamos anteriormente, la presencia de estos bellos y jóvenes actores les agregan un plus a proyectos que, a pesar del renombre de sus directores, difícilmente terminarían concretándose. (Taylor Lautner, el tercero en discordia de la saga, terminó formando parte de la troupe de Adam Sandler, pero esa es otra historia). 

El más allá. Personal Shopper es una película extraña y, al igual que su trama, dividida entre dos mundos. Es difícil saber los motivos por los cuales a Assayas le interesa mostrar a este personaje atrapado en un universo frívolo y a su vez preocupado, y acosado, por el mundo del más allá. Lo que sí queda en claro es que la aparición de Kristen Stewart en su cine, y en esta película en particular, revitaliza una carrera que, luego de la miniserie Carlos (2010) y Apres mai (2012), parecía estar estancada en la celebración de un pasado autorreferencial. La actuación de Stewart, que hace creíble hasta los más ridículos diálogos, y su presencia, que continúa la de las actrices citadas anteriormente, transforman a Personal Shopper en una película única. Aunque, como ocurre con los fantasmas, nunca estaremos del todo seguros de qué fue lo que acabamos de ver.

(*Este es el título con el cual se estrenó en Francia Los Cazafantasmas).