Con la muerte en los talones

Enrique Piñeyro -director de Whisky Romeo Zulú y Fuerza Aérea Sociedad Anónima- vuelve a tocar una fibra sensible de la realidad argentina con El rati horror show, documental que es un nuevo llamado de atención sobre la corrupción policial y el gatillo fácil.

Entrevista publicada en la edición impresa del número de septiembre de 2010.

 

El hecho ocurrió en enero de 2005. Fernando Carrera –un joven de 30 años sin antecedentes penales– atravesaba el Puente Alsina con su auto al momento en que comienza a ser perseguido por un auto ilegal –sin patente, ni sirenas–, conducido por personal policial de la cuestionada comisaría 34 (responsables de la muerte de Ezequiel Demonti, el chico que arrojaron al riachuelo). Los policías buscaban a tres ladrones y el único dato que tenían era que su fuga había sido por medio de un vehículo de color blanco, he aquí la única razón –el color de coche– por la cual comenzaron a perseguirlo. Un hombre le dispara desde el autoy le da de lleno en la mandíbula y lo deja inconsciente, y  su auto sigue avanzando 500 metros por la Avenida Sáenz, trayecto en el que su Peugeot atropella y mata a tres personas –dos mujeres y un niño de seis años– e impacta contra una camioneta frente a la Iglesia de Pompeya. Los policías bajan del auto y continúan disparando sobre Fernando Carrera dieciocho veces. Ocho de esos disparos impactaron en su cuerpo.  Los medios denominaron  este hecho como “La masacre de Pompeya”. Finalmente, Carrera es acusado de robo agravado y homicidio, siendo trasladado al penal de Marcos Paz donde está hasta el día de hoy. Pero lo que El Rati Horror Show termina demostrando es que la supuesta “masacre de Pompeya” era un nuevo caso de gatillo fácil armado de causas judiciales por parte de la Policía Federal.

De alguna manera El Rati Horror Show es un film meta policial: es un policial de policiales. Documental de exhortación política, thriller de archivo, el nuevo documental de Piñeyro invita a pensar en un proyecto cinematográfico que siempre advierte sobre peligros pasados y futuros; y con el cual no sólo el cine gana espesor, sino que también enriquece la apreciación de nuestro entorno social.

Hubo una instancia que terminó siendo el germen de El rati horror show. El director junto a Nora Cortiñas y Pérez Esquivel presentaron un video en la Corte Suprema. Comenta Piñeyro: “Con el voto de tres jueces  mandaron el video a Esteban Righi (Procurador general de la Nación). Después fuimos a verlo con Pérez Esquivel y nos prometió que iba a revisar la causa. Pero luego sacó un dictamen de mantener la condena. Ese dictamen es alucinatorio donde, por ejemplo,  se dice textualmente: `Si bien es cierto que los damnificados no lo reconocieron a Carrera ni al arma, en dos oportunidades, eso lo único que prueba, es que no lo reconocieron en la ronda, pero no su ajenidad al hecho.´ O sea que invirtió la carga de la prueba y eso atenta contra una garantía fundamental que es la presunción de inocencia. “

A nivel legislación abre un tema candente eso…

Yo creo que se viene un debate jurídico que no es menor. En cierto sentido estamos volviendo a la presunción de culpabilidad, a los autos no identificados que te interceptan y si no parás te tiran. Y ya hay un desaparecido en una comisaria –Luciano Arruga- de Lomas del Mirador y no veo a las autoridades particularmente preocupadas. Prácticamente estamos en un Estado Policial: hacen y deshacen y nunca pasa nada. No he visto a ningún gobierno abordar ese tema con voluntad política.

¿Cómo se abordaría el tema?… ¿la película te parece un disparador para eso?

En principio, que Asuntos Internos sea un poco más independiente porque si controlás Asuntos Internos no te audita nadie, controlás todo. Si no hay política de profesionalización de la fuerza policial, nada va a estar bien. Tiene que haber estudios, no puede ser que lleguen a la policía para zafar o porque no tienen otra cosa por hacer o que tengan una preparación insuficiente. No se le puede dar un arma a gente que no tiene preparación. Tiene que ser una carrera universitaria. ¡No está bien este esquema!

El acercamiento masivo a la institución policial tiene que ver también con necesidades económicas estructurales tal vez…

Sí, y por otro lado también es verdad que los niveles de remuneración son ridículos. Casi que incitan a la corrupción.

¿Te parece que hay alguna continuidad entre Fuerza Aerea… y El Rati Horror Show?

Sí,  la impunidad y la corrupción. La manera en que gente inocente sigue perdiendo la vida: en el caso de El rati… en la cárcel, y en el caso de Lapa, arriba del avión. El valor de la vida es totalmente accesorio.  Tenés el caso de un patrullero que atropella a un chiquito y ¡lo entierran para no afrontar la responsabilidad del accidente!

En ese sentido El Rati Horror Show señala, entre otras cosas, un alto grado de alienación social…

Claro, fijate que en la película se ve incluso ¡cuando lo quieren linchar a Carrera! Hay que parar un poquito. Toda esta cosa de la mano dura y el gatillo fácil son dos caras del mismo problema. Pensar que vas a resolver la inseguridad con gatillo fácil es la teoría de Blumberg y es patético. 

Crónica levanta esa escena en caliente, pero ese pedido de linchamiento se repite después en el juicio ¿no?

Sí, y esa es la personificación de lo que sucede cuando legislan las víctimas… Blumberg, por ejemplo, inicialmente levanta una reivindicación que era de todos: “No hay que secuestrar a nuestros hijos”. Pero cuando le monta su ideología encima, se convierte en “no hay que secuestrar a los chicos rubios de San Isidro”. El problema es que no pueden legislar las víctimas, ni tampoco puede haber legisladores que sean tan susceptibles a la presión de 70 mil personas en la plaza y que después aprueben cualquier cosa. ¡Le dieron 30 años a Carrera por un delito que no cometió y dejaron sueltos a los de Lapa! ¡A Bignone le dieron sólo 25 años!

Hay algo muy presente tanto en Fuerza Aérea Sociedad Anónima como en El Rati Horror Show que es el trabajo fino y puntilloso para analizar la manera en que  utilizan las palabras los implicados. ¿Te parece que existe algo en el terreno de lo lingüístico que condiciona luego las prácticas?

Lo que sucede es que desde lo lingüístico pasa todo. Righi, en el 73, le da un discurso a la policía diciendo que todo ciudadano se presume inocente hasta tanto se demuestre lo contrario y después saca un párrafo como el que condena a Carrera que es un inocente... Hay una frase de Carrera en la película que a mí me impresiona mucho, dice:  ”La prensa se manejó con lo que le dijo la policía y el lector con lo que le dijo el diario. Cómo no le va a creer la prensa  a la policía y lector al diario”. La connivencia delictiva comunicacional, policial y judicial es terrible.

Este hecho quedó retratado automáticamente en los medios como “La masacre de Pompeya”… ¿Considerás que El rati… puede llegar a hacerle contrapeso a ese relato, o por lo menos hacerse cargo de comunicarle al espectador lo que la televisión no pudo o no quiso retratar?

Lo único que puede hacer la película es confrontar la densidad del cine con la evanescencia de la televisión. Cuando tuvimos Fuerza Aérea pensamos en hacer un programa de televisión, pero serían dos millones de espectadores que en 48 horas se olvidarían todo lo que vieron. En el cine la ve la décima parte de público, pero la densidad que tiene y la repercusión política judicial y mediática es inigualable. El cine tiene una circulación más larga porque va a las salas, al video, la piratean, etc. Es todo un circuito que la televisión no te da, además creo que la televisión es un aparato muy nocivo. Vos ves una noticia en la gráfica y hay cierta elaboración, y la ves en la tele con la entonación de los locutores, la musiquita que le agregan y esa extraña credibilidad que profesa, me da por sospechar que las emociones del espectador de televisión están muy manipuladas.

Vos estás muy presente en toda la película, incluso el recurso de mostrar el proceso de producción está más explotado que en Fuerza Aérea Sociedad Anónima, ¿a qué se debe esta decisión estética?

Primero a que no hay nada más aburrido que una causa judicial. Yo tenía  que transformar treinta tomos de papel en un producto audiovisual entretenido. Si no hacés un despliegue histriónico uno puede estar contando la historia más triste del mundo y no importarle a nadie. Lo histriónico está en función de captar la atención del espectador. ¡Hay que sazonar la información!

Otra de las cosas que “sazonan” la información es la utilización del humor…

Sí, claro. Yo desconfío cuando se abordan los temas graves con solemnidad, me parece una actitud de funcionario público. A mí el vínculo con los familiares de las víctimas de Lapa me hizo entender que es gente que perdió a sus familiares, no su sentido del humor.

Este año hiciste un corto institucional del BAFICI donde evocas a la historieta El Eternauta… ¿no fantaséas con trabajar una versión en largometraje?

Sí, claro que me interesa…pero no tengo los derechos. Soy fanático de las historietas y El Eternauta me parece la mejor historia jamás contada, ¡Borges soñaría con un final como ese! Es un tema de que quienes tengan los derechos decidan que yo soy la persona adecuada. Yo sé que lo soy, pero bueno…ellos no lo saben… (Risas).