Copia certificada

Una remake más de una película de terror que nuestra redactora define más específicamente como cover. El cine-cover, que ahora le toca a Cabin Fever, es copiar una película plano por plano igual a la anterior. Un paso más ya no en la falta de ideas, sino en la pura y directa vagancia.

Hace unas semanas fui a ver unas bandas en vivo. Cuando escuché los primeros acordes de la guitarra de un tema de Radiohead, pensé que había terminado una banda y habían puesto música para esperar a la otra. Pero entré y me di cuenta de que lo que estaba escuchando era un cover exactamente igual al original (como las interminables bandas de covers que pueblan la Argentina, desde Coverheads hasta Agapornis). Por un lado me gustó porque la guitarra sonaba igual y el tema me gustaba mucho, pero me acuerdo de que pensé y lo hablé con amigos: ¿cuál es el objetivo de hacer un cover si no le vas a poner tu onda, tu impronta, algo que lo diferencie del tema original, que lo convierta en tu interpretación de esa pieza?

Lo opuesto me pasó con un tema del Indio que una amiga mía reversionó y que, cuando escuché el original, sentí que el cover era infinitamente mejor, lleno de sentimiento, alma y emoción.Lo mismo pasa con el cine, con las remakes, con el objetivo detrás de hacer una remake, con lo que el director le va a poner a esa pieza que toma y que va a hacer suya. O no. Veamos.

Hace 14 años Eli Roth filmaba su primera película, Cabin Fever, sobre un grupo de jóvenes que se van a una cabaña en el medio del bosque para divertirse, fumar porro y coger. Lo que también hacían era cagarse en la naturaleza:dejabanfogatas prendidas en el bosque, cazaban animales y se burlaban de los lugareños. El viejo tópico de películas como Deliverance –a la que Cabin Fever hace referencia en varios momentos, homenaje final con banjo incluido–: la ciudad versus la naturaleza, la soberbia y la ignorancia de los hombres de ciudad versus la sabiduría del medio ambiente y de sus habitantes. Y, como ya sabemos, la naturaleza enfurecida y los pobladores –sin dientes– del sur profundo de EE.UU. siempre triunfan. Y los “pendejos fiesteros imprudentes” (la película los trata así) que tienen sexo sin protección siempre la ligan, castigados por sus conductas pecaminosas, en un acto de pacatería bastante aceptado y celebrado dentro de la peor tradición del cine gore.

Recién en 2013 los jóvenes drogones e imprudentes tendrían su revancha en The Cabin in the Woods, esa película que subvertía todas las convenciones del género, las procesaba en una minipimer y nos las escupía en la cara en un acto de notable metalenguaje y autoconciencia. Acá la ligábamos todos, la humanidad entera, condensada en cinco jóvenes arquetípicos que no podían zafar de ese monstruo que venía a arrasar con el cine de terror como lo conocíamos hasta ese momento. Spoiler alert: de las profundidades de la tierra emergía una mano gigante que acababa con la cabaña, los jóvenes hormonales y nuestra concepción del cine de terror, sus subgéneros, sus monstruos. Borrón y cuenta nueva. ¿Cómo se sigue después de eso, después de esa redefinición y parodia del género?

Este año a un tal Travis Z (porque ponerse Zariwny es menos cool) le pareció copado hacer una remake casi plano por plano de Cabin Fever, sin agregarle nada, sin modificarle nada, sin darle una nueva lectura, sin ponerle una mínima cuota de mirada personal sobre el mundo. La nueva Cabin Fever es igual a la original pero con otros actores y sin el final con el banjo (eso sí, uno de los personajes llama a uno de los lugareños “Deliverance”, para no perder la referencia obvia). El resto es una remake sin sentido, sin nada nuevo que aportarle al espectador, excepto actores sin gracia y escenas gore más explícitas.

En 1998 Gus Van Sant hacía una remake plano por plano de Psicosis, en una suerte de experimento extremo sobre la posibilidad de copiar enteramente una obra, a la vez que una denuncia sobre la falta de ideas en el cine y las limitaciones del propio género. A diferencia de él, Travis Z hace esta remake sin ninguna búsqueda estética, temática o narrativa y sin ningún cuestionamiento al género. La nada misma. Como el tema de Radiohead que escuché aquella vez.

Y, como si eso no fuera suficiente, ahora Travis Z planea hacer la remake de Hostel. Tal vez estemos frente a un nuevo tipo de género, que ya excede la idea de la remake, una especie de cine-cover berreta, que nunca se apropia de nada, que lo único que ofrece es imitaciones fieles (y a veces ni siquiera eso) de sus directores preferidos para un público mediocre como ellos que se contenta con una copia, sin sentimiento, sin alma y sin emoción. El cine-cover como un paso más allá de la remake: un cine muerto antes de nacer.

 

Cabin Fever

Travis Zariwny

2016 / Estados Unidos / 99’

Estreno: 12 de mayo (SBP)