Copiando París en Buenos Aires

¿Realidad o mito? ¿Documental o ficción? Hablamos con el director de “Los corroboradores”, Luis Bernárdez, para meternos en esas grietas.

“Los corroboradores” eran, en teoría, una sociedad porteña secreta que, a principios del siglo 20, envió ingenieros y arquitectos a París para copiar sus diseños y edificios y construir una Buenos Aires a imagen y semejanza de la ciudad gala.

“Los corroboradores” es, también, una película que mezcla ficción y documental, realidad y ficción, de una manera tan orgánica y fascinante que es imposible discernir los límites de una y de la otra. Una periodista francesa llega a Buenos Aires a investigar a esta misteriosa logia porte- ña, en una historia plagada de conspiraciones, secretos y hasta muerte.

Luis Bernárdez debuta en el largometraje con este filme nacional, que se estrena en mayo, y hablamos con él sobre este particular proceso creativo.

¿Cómo eligieron o llegaron al formato de la película, en la que documenta la ficción, o se ficcionaliza el documental?

El planteo de desdibujar los límites es originario del guión. Me interesaba trabajar el límite entre ficción y realidad. Para ello era fundamental investigar y vincular datos, hechos y personas reales en una trama coherente. La investigación histórica, política y cultural del imaginario de la Generación del 80 me llevó más de 5 años.

Pero lo más complejo fue qué dejar afuera de todo ese riquísimo mundo de ideas y hechos que aún nos moldean. Para que ello cree el verosímil, más allá del material de archivo, fueron claves quienes eran los entrevistados, como el ámbito que representan (Arquitecto, Arqueólogo, Historiador, Sociólogo, etc.). Fue un trabajo delicado y de confianza. La película no se contenta con mezclar ficción y documental, sino que maneja distintos géneros. Me interesaba crear un relato que mute: comienza como documental y termina como thriller arquitectónico. El trabajo de escritura y montaje fue fundamental para que todo funcionara. Trabajé con tres montajistas distintos durante tres años (Agustín Rollandelli, Hernán Rosselli y Ernesto Felder. Sumando a Alejandro Brodersohn quien hizo un seguimiento durante la etapa final). En ese proceso, el tiempo jugó a favor. Me pude dar el lujo de reescribirla, re-filmar y cambiarle la forma varias veces.

Salvo para un historiador, es imposible discernir en la película lo que podría ser mito o leyenda, y hecho histórico comprobado. ¿Cómo trabajaron ese límite a nivel creativo?

La película es una investigación sobre un mito olvidado. Los Corroboradores fueron una sociedad secreta de la élite porteña de fines del siglo XIX que se propuso copiar París en Buenos Aires. Pero llegando a 1929, se pierden los registros de su existencia. Hubo un gran trabajo de investigación donde pasaron cuatro archivistas distintos que encontraron muchas sorpresas. Las condiciones de relectura que encontré, permitía que esas imágenes comiencen a mostrar otros sentidos que, dentro del imaginario de época, eran factibles. Y para que ello funcionase fueron los entrevistados quienes muchas veces aportaron más de lo que había investigado e imaginado.

Y que la película esté casi totalmente hablada en francés permitió que la voz de autoridad sea extranjera, que Suzanne, quien viene a relatar y descubrir la verdadera historia de la ciudad sea francesa, interpela nuestra relación con el saber, con lo extranjero y con la dependencia que aún hoy con ello tenemos. En ese sentido, una de las apuestas más fuertes de la película es que a quien devela el mito no se le ve el rostro. La entrevista con Suzanne estuvo pactada a contraluz. Y esto influye decisivamente en la identificación del espectador.

¿Qué referencias estéticas y narrativas, de otras películas u obras, tuvieron en cuenta a la hora de armar la película?

No trabajo con referencias. Siento que achata el imaginario. Preferí trabajar autores de otras disciplinas. Cesar Aira es uno de ellos. Me gustan sus relatos que van mutando y no sabés dónde pueden terminar. Creo que algo de ese espíritu está en la película.

¿Cuánto tiempo llevó la realización en sus distintas etapas?

Desde la primera idea al estreno pasaron 10 años. Fue un proceso muy lento. Más de 5 años de lecturas, investigación, buscar material de archivo fotográfico y fílmico. Desde el primer borrador del guión hasta tener una versión satisfactoria habrán pasado 6 años. Luego vinieron varias presentaciones a Concursos hasta que ganamos Ópera Prima en 2013. Pero el dinero para filmar estuvo un año después. Filmamos 5 semanas. Y al final del Rodaje me quedé sin plata para vivir (mis sueldos de guionista, director y productor los aporté).

Así que tuve que salir a trabajar como Asistente de Dirección e iba montando tras juntar plata para continuar. Todo esto que en un momento fue tedioso hizo crecer la película y le permitió encontrar su forma con el paso del tiempo. Federico Eibuszyc, el productor, fue indispensable en esto ya que me bancó durante todo el proceso.

¿Qué tan útil les fue el aporte del Mecenazgo de la ciudad para su producción, y quiénes eligieron participar dentro de esa estructura?

Fue esencial para poder terminar la película. Con el tiempo que pasó desde que ganamos Ópera Prima, obtuvimos el dinero del Premio y cerramos el corte, pasaron dos devaluaciones, la inflación fue avanzando constantemente y reduciendo el monto real que contábamos para la Post-Producción. Sin el apoyo de Mecenazgo, la película no se hubiera terminado. Es un tema apasionante que no se queda sólo en un interés local. ¿Están trabajando para ventas internacionales? Estamos trabajando en ello. Sinceramente hoy en día es muy difícil encontrar lugar en las ventas para este tipo de películas. Un sueño es estrenarla en Francia y ver cómo repercute con el público local.