Corte fino

Este año el afilador pasó por lo de Julieta Zylberberg. Además de haber sido parte de ese evento cinematográfico llamado Relatos salvajes, se le vienen nuevos trabajos con Ana Katz y Daniel Burman. También, la experiencia de El 5 de Talleres, la tele y ese dream team que formó con Esteban Lamothe y su hijo Luis Ernesto.

Dijo Hollywood Reporter: “Una de las actrices que pueden explotar”. Y ella rio. Es que Julieta Zylberberg no tiene reverso: es lo que es. Así, sencilla y campeona. La muestra cabal de que no se necesitan aires para tener luces. La rompió en Relatos salvajes, una de las películas más taquilleras en la historia del cine nacional. Tanto que la reconocen por la calle. Cosas del rating. Y ella, tranquila. “Me parece patético creérsela”, dice, y le creemos. Julieta Zylberberg, la protagonista de este número de balance, tiene una relación desde hace siete años con el actor Esteban Lamothe, otro que anda por esta vía. Juntos forman una familia sencilla, y ese vínculo –que fue laboral y luego amoroso: cuenta la leyenda que se conocieron en el Instituto Goethe, que los dos andaban de novios, que se reencontraron al tiempo y ¡pum!– anda atravesando un gran momento, fruto, entre otras cosas, de Luis Ernesto, su pequeño hijo. En las últimas notas de la pareja, la novedad de ser padres se coló fuerte: no hay, no hubo ni habrá un sentimiento parecido. Los entendemos, y por eso los queremos. Aun siendo una pareja muy activa laboralmente, no renuncian a la magia del amor: “Somos padres todo el tiempo”.

Julieta comenzó de muy joven en Magazine For Fai y no paró. Trabajó con todos (Norma Aleandro, Mercedes Morán, Guillermo Francella, Oscar Martínez), hizo teatro (con Ana Katz, Sergio Renán, Claudio Tolcachir), televisión (de aire, de cable, telenovelas y ficciones de alto perfil), ganó premios (Cóndor de Plata, Clarín, Premios Sur) y, actualmente, siendo una actriz muy joven –tiene 31 años: la gracia es que siempre parecerá menor–, goza de un CV musculoso. Y, aunque lo pongan en discusión como una posibilidad, es puro presente y mucho más futuro: ya explotó y, ¡pum!, va a seguir explotando.

 

¿Qué pasó con Relatos salvajes?

Lo que pasó con la película fue bastante espectacular. No sé si estaba en la mente de los que la hicimos… Aunque, bueno, un poco sí. No sé si esperábamos esta cantidad de espectadores, pero sí, fue un delirio. Como actriz siempre estás un poco afuera del rating. Haciéndola la pasé re bien, fue una experiencia muy linda. Fui a Baradero a filmar cuatro noches, y me llevé a mi hijo, que era muy chiquito: tenía tres meses. La verdad es que yo tenía muchas ganas de trabajar con Damián Szifron.

 

¿Cómo llegaste a él?

Me llamó. Leí el guion y dije: “Esto es una bomba, va a ser espectacular”. Mucha gente estaba esperando su retorno al cine. El guion me lo leí en cinco minutos, es impresionante cómo te captura. El formato me parecía muy seductor, también. Se dio algo medio televisivo; la gente me ve y me dice: “Vos estás en Relatos salvajes”.

 

¿Cómo te pega el hecho de que te haya visto todo el mundo?

Bien, ja. No sé, no me pega. Si viene con buena onda y a la gente le gusta, está buenísimo. Me llegan buenas impresiones.

 

¿Cómo les escapás a las mañas para no creértela?

Creo que tiene que ver con la crianza. Me daría vergüenza ajena verlo desde afuera. Me parece muy mediocre y triste que la cabeza de alguien cambie por algo como esto, un papelón.

 

¿Y recibiste muchos llamados luego del éxito de Relatos salvajes?

No, no que yo sepa por el momento. En una nota de Hollywood Reporter, pusieron que soy una de las actrices que podrían explotar en Cannes. Sí me llegan buenos comentarios de mi trabajo, pero no sé si hay algo en concreto. Ahora, no sé si la película irá a los Oscar o a los Goya; yo creo que sí.

 

¿Te interesaría trabajar Hollywood?

Me gustaría, claro, pero no es algo que esté esperando.

 

¿Qué onda El 5 de Talleres, tu próxima película?

Es un comedión, está buenísima. Fue re lindo hacerla porque trabajamos juntos por primera vez con Esteban Lamothe, mi pareja. Fue una experiencia divina, que llegó después de Relatos salvajes. Fue como hacer una película familiar. Nos íbamos todos para Remedios de Escalada, ahí en Lanús; en el barrio están todos excitados.

 

¿De qué se trata?

Es la historia de un jugador de fútbol de Remedios de Escalada, de la Primera C, que se va a retirar. Ahí empieza a ver, junto con su mujer, qué hacer, a qué dedicarse. No tienen plata. No hay mucho conflicto en la película. Se toma muy en cuenta a la pareja, pero en una instancia muy linda. ¿Viste que siempre en las películas se muestra a las parejas cuando se conocen o cuando están en una crisis? Bueno, acá es una que está hace mucho tiempo. Una pareja que la pasa bien, que coge, que hace de todo. La película muestra una instancia de la pareja que es una meseta. Pero una meseta buena. Muestra el interior de la pareja, el boludeo. Y, mientras tanto, se muestra la historia de él mientras va dejando el club. Es muy graciosa; el director es adorable, y su película es muy genuina. Ya estuvo dando vueltas por festivales: pasó por Venecia, Mar del Plata y Gijón. Todavía no tiene fecha de estreno, pero irá el año que viene.

 

¿Tenés alguna otra película por estrenar?

Sí, otra película para el año que viene. La nueva de Ana Katz, que no tiene fecha de estreno aún. Se llama Mi amiga del parque. Es un protagónico; es hermosa la película. Yo soy muy amiga de Ana y amo lo que hace. Es la historia de una chica que tiene un bebé de dos meses y su marido está de viaje. Ella está como en un momento de locura y novedad absoluta siendo madre. En un parque se encuentra con su amiga Ana, que es muy distinta, y juntas comprenden una aventura que, después de muchas vueltas, se afirma en un nuevo lugar.

 

¿De qué género es?

Del de Ana (risas). Tiene mucho humor y, a la vez, es re emocionante; tiene una profundidad muy particular. Esta también es para el año que viene. Participó del work in progress en el Festival de San Sebastián.

 

Siempre andás con un montón de proyectos. ¿Tenés alguno más?

Ahora ando con una miniserie. Y siendo mamá; todo el tiempo soy mamá. Igual, este año no trabajé tanto. Esteban tenía una tira diaria. Yo hice la película de Ana, hice un par de cosas, pero fue más tranquilo. El año pasado sí, hice dos películas y Farsantes, pero Luis era muy bebé y me lo llevaba a todos lados.

 

¿Te gusta la tele diaria?

Yo tuve buenas experiencias, aunque es un poco enajenante. Es mucho tiempo, pero bueno, todo el mundo trabaja todo el día. También lo pienso así. Me cambió un poco desde que tuve a Luis, me agarra como una desesperación, aunque este año pude organizarlo bien. Como trabajo, he tenido muy buenas experiencias con las tiras. Es mucha convivencia, un trabajo muy social. A veces llegás a la noche y decís: “Estuve haciendo escenitas, ¿qué me tiene tan cansada?”. Y sí, después te das cuenta de que son muchas horas de interacción permanente. Que es lindo, pero a veces, todos los días, diez horas, te agota.

 

¿Y cómo manejás tus malos días delante de cámara?

Y bueno, salís con una cara de ojete impresionante. El año pasado estuve sin dormir, me levantaba cada 40 minutos. Con Esteban estábamos muy limados los dos. Lo llevaba a Luis a todos los rodajes; ahora lo pienso y toda la movida me da un poco de fiaca. Este año mi hijo tiene una vida más activa, no puedo llevarlo ni adosarlo a mi vida. Él quiere ir a la plaza, dormir la siesta, hacer sus cosas.

 

¿Creés que se podría hacer un Magazine For Fai hoy?

No, me parece que no. Lo veo y tiene otra temporalidad. No hay tiempo para eso. Yo lo veo y me muero de la risa, me parece recontra actual. Pero lo que no es de ahora son los sketches largos que duraban 25 minutos. Ahora la televisión es muy videoclip.

 

¿Preferís hacer cine?

Es donde me siento más cómoda. Por los tiempos, la preparación, esa temporalidad, el ritmo frenético. Me siento bien. Ahora estoy haciendo una serie: una adaptación de Los siete locos de 30 episodios dirigidos por Fernando Spiner. No había trabajado con él, pero lo conocía. Dirigen él y Ana Piterberg, la directora de Todos tenemos un plan, que es lo más. Ahí hago de Hipólita, la mujer del farmacéutico. Sale con todos, se la van pasando. Están Diego Velázquez, Carlos Belloso, Pablo Cedrón, Daniel Fanego, Belén Blanco, Moro Anghileri, muchos actores. La armaron muy bien, la ambientaron en el año 30. En Canal Siete se están haciendo cosas que antes no tenían lugar. Filmamos mucho en Temperley; no sabés lo que era la casa: una mansión impresionante.

 

¿El año que viene qué vas a hacer?

Ahora empiezo a filmar con Daniel Burman una película que se llama El rey del Once; es la vuelta de Burman a la temática judía. Es una película con Alan Sabbagh, que empezamos a filmar ahora a mediados de enero. Es una combinación de pura sepa judía (risas). Me estoy interiorizando en el judaísmo; si bien soy Zylberberg, no tengo una educación para nada religiosa. Soy judía de comer knishes. Me junté con una psicopedagoga para que me instruyera en el judaísmo ortodoxo.

 

¿Y te encontraste o no?

¡No! No es lo mío, digamos. La psicopedagoga no es ortodoxa, pero está en contacto con mucha gente que lo es. Yo le pregunto de todo. Mi personaje es ortodoxo, pero tiene una gran duda: abandonar o no. No como el personaje de Alan; ambos tienen un encuentro espiritual que decidirá su camino. Ya está el guion, todo. Ahora voy a ir a una cena de shabat. Esto es lo espectacular de ser actriz: te da la oportunidad de conocer culturas únicas.

 

¿Pensaron en hacer algo con Esteban?

Sí, escribimos un guion con él y dos amigos más. Estamos buscando producción; estaría bueno arrancar el año que viene. Es una película que se llama La fiesta, que cuenta la historia de una madre (Graciela Borges) que tiene tres hijos y está al borde de la muerte, e invita a todos a pasar las fiestas a una quinta familiar. Todos acceden por distintas cuestiones. Es una madre con relaciones conflictivas en las que saltan cosas del pasado y del presente. La película tiene un lenguaje bastante propio, un humor con el que jodemos nosotros, y está buenísima. Veremos qué onda la producción. Queremos hacerla bien, y necesitamos plata para eso, porque hay que pagarle a Graciela Borges (risas). No, además, ¿a quién conseguís que admires y venga a laburar sin plata? No va a ser una película con un gran presupuesto, pero queremos tener lo mínimo para que funcione.

 

¿Cómo te llevás con Esteban, en la pareja?

Muy bien, somos una sociedad, un equipo. Estamos hace ocho años juntos. Es una relación hermosa, crecimos un montón juntos. Además pasamos distintas instancias de la vida laboral: éramos muy distintos cuando nos conocimos. Me da bronca que parezca más joven que yo, ¡y hasta me lleva unos años!