Crónicas de Cannes: de ingleses y franceses

Citas a Godard y a Pappo en la segunda entrega de nuestro hombre presente en La Croissete, que ayer vio Jimmy’s Hall, del hombre récord Ken Loach, y Party Girl, una película francesa que compite en Un Certain Regard.

El gusto por el cine inglés del que hace gala Thierry Frémaux siempre me pareció una traición a la historia del cine francés. Y cuando hablo de historia del cine francés, obviamente, me refiero a Jean-Luc Godard y su célebre comentario acerca de la inutilidad del cine proveniente de la isla británica. Este año, Ken Loach, con su película Jimmy’s Hall, rompe récords de participaciones en la Competencia Oficial, y Mike Leigh, con Mr. Turner, se le acerca peligrosamente. Como el bueno de Jean-Luc también es parte de la Competencia, el enfrentamiento vuelve a plantearse.

Es cierto que usar este tipo de definiciones a la hora de argumentar es una trampa. Un amigo, vía Twitter, me hace notar que no es la primera vez que lee a un argentino referirse de manera despectiva al cine inglés. Puedo decir que, en mi caso, se debe a dos factores: uno es la célebre frase de Godard (y mi eterna fidelidad al arisco director franco-suizo), y el otro es la existencia de un ¿cineasta? llamado Peter Greenaway. Pero es cierto: hay que evitar las generalizaciones y los lugares comunes. Aunque a veces contengan, aunque sea, un mínimo porcentaje de verdad.

Mr. Turnercuenta la historia de J.M.W. Turner (1775-1851), pintor especialista en paisajes (esto lo dice el catálogo y también Wikipedia). El artista está interpretado por Timothy Spall, habitué de los films de Leigh, y aquí empiezan los problemas. La actuación de Spall es algo que roza lo monstruoso, desde su rostro siempre constreñido, los gruñidos (y otros ruidos corporales) que emite todo el tiempo y que van empeorando a medida que transcurre la película. El estilo de actuación, para emparejar las cosas, es el mismo en el resto del elenco, incluida la sirvienta del pintor, una mujer a la cual una enfermedad en la piel le va afectando cada vez más el rostro hasta transformarla en una especie de monstruo de novela gótica. Ellos dos, el artista y la empleada, protagonizan un par de escenas de sexo bastante particulares. Escenas que, hay que decirlo, no dejan de tener su gracia. A pesar de lo que se puede leer en mi descripción, no se trata de una película de enfermedades (aunque los personajes sufren más de un achaque: estamos hablando de épocas en las que los recursos médicos y sanitarios no eran los mejores), sino de un biopic (uno más en el segundo día del festival), sobre un artista que, más allá de ciertas excentricidades, tuvo una vida, si no normal, al menos no lo bastante estrafalaria como suelen ser las vidas de los artistas que llegan a la pantalla grande. De hecho, Leigh elige el recurso de mantener la narración y el transcurso de los hechos de manera asordinada y tomándose todo el tiempo (cinematográfico) del mundo para narrar los más de veinte años que se cuentan en la película. A pesar de esto, la película no escapa nunca de un academicismo que suele confundirse con buen cine. O cine a secas. Basta leer los tuits de Nick James, editor de la prestigiosa revista Sight & Sound(inglesa, valga la aclaración), minutos después de finalizada la función, en los que declaraba la grandeza de la película y su amor por la actuación de Spall, en desmedro de Takeshi Kitano, algo que no termino de entender del todo. En un jurado compuesto por nueve personas de las cuales cinco son actores/actrices, quizás los gruñidos de Timothy se terminen llevando alguna palma. Allá ellos.

Party Girl, película francesa encargada de abrir la sección Un Certain Regard, está dirigida por tres personas. Uno de ellos es el hijo de la protagonista. La historia, basada en elementos reales de la vida de la protagonista, es la siguiente: Angelique es una señora de sesenta años que trabaja en un cabaret y, a pesar de que esto pueda sonar raro, todavía disfruta de su trabajo. Un hombre (cuándo no) le ofrecerá matrimonio y, de paso, le pedirá que abandone su profesión. Angelique intentará vivir esta vida, pero (spoilers ahead, me dicen que diga) su amor por la noche y los hombres le ganarán finalmente a la idea de volverse una devota esposa y ama de casa. En ese hecho se encuentra lo mejor de la película. La protagonista, a diferencia de Grace Kelly, elige su felicidad por sobre el sentido común que le impone la sociedad. Party Girl está filmada con tonos y formas del documental, con actores no profesionales, y es lo que se dice una obra menor que deposita una gran parte de su gracia en la señora protagonista. Algunos la compararon conGloria, de Sebastián Lelio; es cierto que algunas líneas narrativas son similares, aunque otros dijeron que es la anti Gloria. Mientras veía la película, no podía dejar de pensar en la letra de una canción que los Pet Shop Boys nunca compusieron, ya que en la película sobrevuela ese espíritu de fiesta que se termina y de party animals que se niegan a pasar a cuarteles de invierno que suelen tener las letras del dúo. Pero, ya que estamos hablando de canciones, la que mejor representa la vida y el pensamiento de Angelique la compuso un argentino hace ya un tiempo, y dice más o menos así:

 

A veces me siento como un extraño ser,

todos me dicen qué es lo que tengo que hacer,

no obstante lo cual para mí lo que hago está bien.

 

Mis amigos me dicen que tengo que formalizar,

que busque un empleo y que haga una vida normal,

no obstante lo cual me sigue gustando el cabaret.

 

Entradas anteriores de nuestra cobertura en Cannes:

Crónicas de Cannes: un comienzo desgraciado