Crónicas serranas

Los dos se calzaron la mochila al hombro y se fueron a las sierras a filmar con un equipo mínimo y en condiciones límite. Después de competir por el premio mayor del BAFICI, ambos viajan al festival de Sitges (¿compartirán dormitorio?) para volver a hacerlo, justo cuando estrenan (el mismo día) comercialmente en salas argentinas. Hay coincidencias todavía más insólitas, como verán en esta nota (la versión completa, desde el martes en kioscos), pero también diferencias. Lo que sigue son tres horas de charla cinéfila con Gabriel Medina y Alejandro Fadel, directores de La Araña Vampiro y Los Salvajes respectivamente, injustamente condensadas en 10.695 caracteres.
Foto: Juan Patricio Campini.

(LA NOTA COMPLETA, JUNTO A LAS RESEÑAS DE LAS PELÍCULAS, EN LA HC DE OCTUBRE)

 

La entrevista que podrán encontrar en la edición de HC de octubre (desde el martes 9 en kioscos, aquí el sumario) es un invento, una creación de los redactores, jamás existió. No es que se digan mentiras ni falseen opiniones, sino que lo que hubo fue bastante menos una entrevista propiamente dicha que una charla cinéfila, pasional y dispersa, con momentos donde los cuatro hablaban a la vez y en los que complejas teorías del cine (u otras zonas del saber) eran convocadas y despachadas rápidamente con la misma ligereza con que circulaban los vasos de cerveza. Es que el historial de Medina y Fadel reclamaba una nota distinta: se conocían de nombre, se vieron por primera vez en la casa del segundo donde el otro estaba posproduciendo La araña vampiro, y ahora resulta que estrenan el mismo día y hasta viajan juntos a un festival internacional. Hurgando un poco en el pasado cinéfilo de cada uno, las conexiones se multiplican: por distintos motivos, a los dos los marcó El increíble hombre menguante, y hablando del tema descubren que cuestiones no menores de aquella sobreviven en sus dos películas. También hubo intervenciones desmedidas, chistes, cargadas y lecturas insólitas del cine y su historia que no quedaron en la nota final. De ese quilombo amable y gozoso se trató de rescatar lo que sigue a continuación.

 

¿Cómo fue la experiencia de producir y rodar una película en un lugar que no es el habitual para el cine argentino?

Gabriel Medina: En mi caso surgió naturalmente. Después de Los paranoicos me había agotado, había dejado toda la energía en filmar la ciudad de Buenos Aires. En algún momento apareció esta zona (el valle de Calamuchita) y la necesidad de contar una historia que tuviera que ver con el miedo en ese contexto. Pero no fue algo premeditado, la esencia de la historia tuvo que ver con el miedo como disparador de una nueva película.

Alejandro Fadel: Mi película nace con la idea de filmar ciertos paisajes, antes de tener un tema. Yo me crié hasta los dieciocho en un pueblo de montaña, era un ambiente donde me sentía cómodo. La forma que elegimos de producirla fue generar una situación de aventura y viaje (la película está contada como una peregrinación) también para el equipo de filmación. Sabíamos que era una película complicada, con la mayor parte rodada en exteriores, y decidimos producirla casi como si el equipo de rodaje estuviera atravesando una experiencia similar a la de los personajes y no poner ningún límite en cuanto a lo que se podía filmar en ese recorrido. Así uno comprende cómo la manera de producir incide en el resultado final...