Creo que estoy paranoico

Como en Judíos en el espacio, otra vez Gabriel Lichtmann toma el policial como género-molde sobre el cual escribir y hacer comedia. El resultado es Cómo ganar enemigos, un cuento moral sobre el bien, el mal y un héroe de verdad, enemigo de los tiempos cínicos que corren.

Tortuoso: así define Lichtmann el proceso de realización de Cómo ganar enemigos. “Me tomó siete años, durante los cuales reescribí la película ocho veces, cambié dos veces de productores y pasaron tres elencos. Por suerte llegué vivo al rodaje, a pesar de que, dos semanas antes de que comience, el actor que iba a interpretar a Max tuvo que renunciar por motivos personales. Filmamos cinco semanas, luego editamos cinco meses y trabajamos en el sonido por tres meses más”. En Cómo ganar enemigos, Lucas Abadi (Martín Slipak) es un joven abogado de fuertes convicciones y una evidente competencia profesional, que comparte estudio con su hermano Max (Javier Drolas), un típico porteño chanta, agrandado y piratón. Cuando Lucas tiene una cita con la misteriosa Bárbara (Inés Palombo), sus ahorros desaparecen y las sospechas se ciñen sobre amigos, compañeros y familiares. ¿Fue un robo al voleo o alguien de su entorno lo marcó? La película, sin embargo, no se esfuerza en ser un policial de precisión quirúrgica ni mucho menos (de hecho no hay mucho desarrollo paranoide entre el comienzo de la sospecha y la resolución), sino que apunta más a construir un contrapunto moral de comedia ligera, burlón y tenuemente sarcástico, entre los hermanos Abadi. Pero mejor leamos lo que tiene para decir su director, a quien no le preguntamos cómo ganar enemigos pero sí otras cosas igual de constructivas.

 

¿Cómo surgió la idea de la película? ¿Qué te interesaba contar?

 

Soy nieto, hijo, y hermano de abogados; crecí rodeado de personas que hablan en jerga legal, pasan la mitad de su día recorriendo los pasillos de un “palacio” y viven rodeadas de delitos, aunque sean delitos menores. Así que en algún momento tenía que hacer una película que transcurriese en el mundo del derecho. ¡Tengo a mano una cantera muy rica de la cual extraer historias! Partiendo de esta base, cuando terminé Judíos en el espacio me propuse hacer una película como Crímenes y pecados, o sea una comedia dramática pero policial, por lo demás una tarea imposible, porque jamás voy a conseguir hacer una película tan buena. Como siempre empiezo por elegir un título, le robé el nombre a una canción que me gusta mucho (“The Gentle Art of Making Enemies”, de Faith No More), y empecé a buscar entre mis apuntes alguna idea, hasta que me encontré con una anécdota que me había contado mi viejo sobre una mujer de clase alta que perdió todo su dinero en la crisis del 2001 y consiguió salir a flote extorsionando a conocidos y familiares. Yo empecé a trabajar un guion con este punto de partida, pero en un momento lo abandoné porque me sedujo mucho más escribir sobre los hijos de esta chantajista, y empecé a escribir otra historia, esta vez alrededor de ellos dos, Max y Lucas.

 

En tu película anterior,Judíos en el espacio, también había un robo y una sospecha. ¿Qué es lo que te atrae de lo policial y qué es lo que te permite hacer en tus historias?

 

Ambas son comedias que toman prestados elementos del género, por eso me gusta decir que Cómo ganar enemigos es un thriller neurótico. Como te conté, la escribí siguiendo el modelo de Crímenes y pecados porque siempre me maravilló cómo ahí Woody Allen plantea problemas éticos muy profundos con las herramientas de una comedia policial. Yo quise hacer lo mismo en mi humilde escala. Por otro lado, te confieso que como guionista el policial me permite pisar sobre un terreno muy firme, porque se cimenta en la sospecha, y este es el punto de partida ideal para construir una narración, cualquier narración, incluso una comedia… La paranoia es la mejor estructura para un relato.

 

¿Cómo fue el casting y el trabajo con los actores?

 

A casi todos los actores los había visto trabajar en cine y en teatro, por lo que ya conocía su color y su tono actoral, pero de cualquier modo les pedí que hicieran un casting o se tomaran un café conmigo, que tuviéramos una primera cita en la que las dos partes pudiéramos evaluar si nos interesaba trabajar con la otra. Yo armo mis películas con la colaboración de todo el equipo y me apoyo en los actores para reescribir los diálogos y construir los personajes, por lo que para mí es fundamental que haya química. No me gusta trabajar con alguien solo porque es un “buen profesional” o es famoso.

 

El héroe, Lucas Abadi, es un personaje honesto, íntegro pero moralista en un nivel algo irritante. ¿Cómo fue la construcción del personaje?

 

Lucas se convirtió en el que es cuando reescribí el guion con mi compañera, Viviana Vexlir. En las primeras versiones era un fumón irresponsable pero genial, una mezcla entre Sherlock Holmes, Petrocelli y Lebowsky. Cuando Vivi se sumó al equipo, le imprimió su personalidad. Ella es tan ética y responsable como Lucas (algo que nos trajo –y nos trae– eternas discusiones de pareja). A partir de allí construimos al personaje junto con Martín Slipak en los ensayos y en el rodaje; los dos entendimos que para que la película funcionara había que llevar esta característica de Lucas al extremo, aun a riesgo de convertirlo en un moralista. Y yo lo prefiero así, estoy cansado de los héroes cínicos y amorales del cine contemporáneo; después de todo, vivimos en tiempos cínicos y amorales y estos me parecen una expresión del conformismo y la mediocridad de nuestra época. ¿Un héroe se puede cagar en el prójimo? Yo creo que no. Javier Cercas dijo que el héroe es el que dice que no cuando todo el mundo dice sí.

 

Hay algunos personajes que amagan con una tener mayor participación pero luego desaparecen, como la wedding planner o la bibliotecaria. ¿Esto ya estaba en el guion o se fue dando así?

 

Si bien es cierto que estos dos personajes en las primeras versiones del guion tenían más escenas y que estas eran más largas, en la última sacamos muchas y las que quedaron las redujimos hasta llevarlas a su mínima expresión. Para mí esto tiene una explicación: mi mujer trabaja como montajista, y yo además de director soy guionista, por lo tanto nuestro proceso de escritura de a ratos es bastante parecido al de un director y un montajista en la isla de montaje, en la que ella corta lo que yo le presento. Más allá de lo que pueda decir un psicoanalista sobre nuestra relación de pareja, me resultó un descubrimiento ver cómo en su forma final la película provoca al espectador, que no se queda indiferente y quiere más de estos personajes secundarios. Pero, volviendo a tu pregunta, la respuesta es sí: en este caso lo que se ve en pantalla es lo mismo que estaba escrito.

 

¿Dirías que Cómo ganar enemigos es una película sobre la honestidad, sobre el bien y el mal?

 

Sí, es una película sobre la honestidad. Para mí se la podría definir como una fábula, o un cuento moral, aunque no se parezca en nada a los Cuentos morales de Rohmer.

 

El libro-carnada con que Bárbara seduce a Lucas es El amigo americano, de Patricia Highsmith. ¿Por qué lo elegiste?

 

Soy fanático de Patricia Highsmith, pero El amigo americano no es mi preferido, lo elegí solo para que Lucas le leyera a Bárbara durante su primera cita la frase con la que abre: “El crimen perfecto no existe —dijo Tom a Reeves—. Creer que sí existe es un juego de salón y nada más. Claro que hay asesinatos que quedan sin esclarecer, pero eso es distinto”. En el guion él se la leía y luego exclamaba: “¡Ojalá yo pudiera escribir algo así!”, entonces ella le preguntaba si él escribía y él contestaba que sí. Lo que sucedió fue que el día que filmé esa escena los productores me vinieron a pedir que sacara esta frase para evitar problemas de derechos, y tuve que reescribir en el set todo el diálogo. Ahora el libro está ahí, en la película, sin cumplir su función original, y mucha gente me preguntan eso mismo: ¿por qué lo elegí?, esperando que les responda que es mi favorito o que es una cita a la película de Wenders, pero no es ninguna de las dos cosas.

 

Cómo ganar enemigos

Gabriel Lichtmann

Estreno: 15 de octubre

2015 / Argentina / 78 minutos

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