Criaturas celestiales

El siempre polémico Valentín Javier Diment traza la historia del clásico pueblo chico, infierno grande. Su última película se llama El eslabón podrido y, a fuerza de intensidad y mano de autor, certifica el gran presente del cine de género en el país.

“Está pensada para generar impacto, emoción y reflexión”, dice Valentín Javier Diment, director de El eslabón podrido, más cerca de la explicación que de la advertencia. En esta, su quinta película, que viene de presentarse con éxito en el último Bafici, el clima juega un papel trascendental: pesa una tonelada. Aquí, en la historia, son veinte casas, un puñado de hombres, y el cuerpo sexuado de una joven prostituta ya pasó por la mayoría. Su madre, una curandera que palpita su último estertor, le recomienda que no se acueste con todos o morirá. Su hermano, un deficiente mental, flota amenazante entre la tensa calma.

Para la construcción enrarecida del pueblo donde transcurren los hechos, Diment utilizó como disparador a Winter’s Bone, de Debra Granik. Asimismo, Mother and Son, de Aleksandr Sokurov, le sirvió para discutir cuestiones estéticas con Fernando Marticorena, el director de fotografía, y Sandra Iurcovich, directora de arte. Por su parte, los ensayos y la literatura engordaron la concepción de ese mundo tan peculiar: “Leí Totem y Tabú, de Sigmund Freud, y varios escritos de Levi Strauss que me ayudaron a pensar las relaciones, las reglas, las leyes internas de esa comunidad y, por otro lado, el clima general de los cuentos y las fábulas”.

Retorcida, truculenta y salvaje, El eslabón podrido incomoda y no deja a nadie indiferente. Suerte de Fuenteovejuna perversa (después de esta película, Lope de Vega se tuvo que poner una verdulería), viene con palmarés internacional: ganó Sitges y Catacumba. Y ante el positivo recibimiento, Diment se esperanza con más victorias: “Habrá que ver cómo le sigue yendo porque se le vienen varios festivales más”. El director viene sorprendiéndose con las funciones. “La verdad es que fueron muy buenas. Como paseó por festivales de muchos países, vi un amplio abanico de reacciones. Y lo que creí que sería una película algo localista, pues no, logró encontrar mucha resonancia en el público. En los festivales más de género, la reacción es muy clara y visible; no son públicos tímidos, por lo que desde el vamos en las escenas fuertes ya hay aplausos. Y, contra lo que temía, con las partes más descriptivas se engancharon muy bien, en gran medida porque es visualmente muy linda y las actuaciones son grossas”, asoma.

¿Cómo fuiste convenciendo a los actores para hacer roles tan retorcidos?

La verdad es que en general no hubo mucho que convencer. Desde que escribí el guion, ya sabía que el protagonista iba a ser Luis Ziembrowski. Y a él le encantaba la idea de meterse en ese mundo, encarnar ese personaje tan puro, por decirlo de algún modo, tan fuera de la cultura, tan emocional. Marilú Marini entró porque tenía ganas de laburar con Luis y le gustó mucho el guion. No hubo que hacer ningún trabajo relacionado con lo retorcido de la historia. La leyó y entendió perfectamente cuál era la línea, por lo que, cuando dijo que sí, lo hizo con absoluta entrega a la propuesta. Es muy genial esa mujer, además de que es una actriz increíble.

El personaje principal llevado adelante por Paula Brasca iba a ser interpretado inicialmente por la actriz escocesa Pollyanna Mcintosh, a quien el director había visto en The Woman. En un viaje por el Festival Fantaspoa, al que Diment fue gracias a su actuación en Jorge y Alberto contra los demonios neoliberales, se cruzó con Pollyanna y la convenció. La actriz vino a Buenos Aires, grabaron un par de escenas pero la cosa tomó un giro inesperado: “Se dio cuenta de que la iba a doblar otra actriz. ‘Se dio cuenta’ es un decir, eso es algo que ya habíamos previsto, de hecho le había mandado un mail con escenas de la actriz que la doblaría y todo. Pero mi inglés es flojo y el castellano de ella también. Se ve que no entendió. Llegamos a un acuerdo, pero al día siguiente, yendo a rodar, recibí un mail que decía que cuando leyera eso ella ya estaría viajando de regreso”. La escocesa no quiso ser doblada y rápidamente subieron a rol protagónico a Paula Brasca, quien tenía un pequeño personaje en la película. Ante los hechos, Diment deja advertencia a los realizadores: “Ya saben: cuando contraten a un extranjero que quieran doblar después con alguien de acá, no se olviden de que eso tiene que figurar en el contrato”.

El tono deEl eslabón podrido es tremebundo y hasta pudo ser más: Diment recortó del guion algunas escenas sexuales gore. “Hasta hubo algún desmayo en las funciones, pero son excepciones”. Es que, para ponerlo en claro, se trata de una película muy descriptiva y algo minuciosa, en la que la información se va desprendiendo de la intimidad de los personajes: lo acumulativo es por goteo, y todo lo que sucede es de un dramatismo completamente trastornado. De hecho, por acá anda la obra más enferma de Diment. Ante la duda, dejémoslo aún más en evidencia: El eslabón podrido es solo apta para público con estómago y mucho, mucho aguante.

 

El eslabón podrido

De Valentín Javier Diment

2015 / Argentina / 74’

Estreno: 2 de junio