Debutar en Primera

No es común encontrarse, en el plano local, con una directora que consiga, para su primera película, semejante estrella de protagonista; la producción de Haddock Films (la misma de El secreto de sus ojos); y la garantía de ser distribuida mundialmente de la mano de Twentieth Century Fox . Pero menos es el camino que recorrió para llegar hasta allí, que comenzó con sus estudios de medicina y que se desvió para siempre tras pasar unas tardes en la sala Lugones viendo películas de Lynch y Cronenberg. Les presentamos a Ana Piterbarg, la cabeza detrás de Todos tenemos un plan.
Ana Piterbarg dirige a Viggo Mortensen en su ópera prima, Todos tenemos un plan.

Entrevista publicada en la edición impresa del número de agosto de 2012.

 

Se sabe: en Argentina es cada vez más difícil hacer cine. Si no se cuenta con una filmografía importante, un éxito anterior o el aval de un productor de currículum frondoso, un buen proyecto puede quedarse con facilidad en el camino intrincadísimo para acceder a un subsidio, hacerse con el apoyo de festivales y fondos internacionales, o conseguir el visto bueno de la industria. Todos tenemos un plan, de Ana Piterbarg, es un caso atípico. Se trata de una ópera prima, pero la presencia de Viggo Mortensen como protagonista, además de simplificar y acelerar notablemente la concreción de la película, le augura un despliegue a escala casi planetaria. Primero, la directora habla en la entrevista de su relación con el cine, la gestación de Todos tenemos un plan y sobre qué significa tener a una estrella hollywoodense en un primer trabajo cinematográfico. Unos días después, me escribe por mail porque cree que a sus respuestas le faltó un poco precisión. Le hago saber que no estoy de acuerdo, pero lo cierto es que por vía electrónica dice algunas cosas nuevas e interesantes que termino agregando a la nota.

 

¿Cómo empezaste con el cine? ¿Por qué lo elegiste, qué camino hiciste para llegar?

Yo estudiaba medicina y entré en crisis con la facultad. Me interesaban también los medios de comunicación, el teatro; no sabía muy bien para qué lado arrancar. Y justo para esa época veo dos películas: Terciopelo azul de Lynch, en la Lugones, y un par de películas de Cronenberg. En ese momento no decidí estudiar cine pero sí dejar la facultad, y empecé a hacer un recorrido un poco variado: tuve un programa de radio, estudié literatura; después dejé Letras y empecé a trabajar en cine. Pasados unos años de trabajar en cine, me decidí a estudiar. Estuve en la carrera del Instituto, en la especialidad de guión.

 

Entonces te interesó el tema de guión, ¿habías pensado en dirigir?

Elegí estudiar guión pensando en dirigir, probablemente. Siempre me gustó escribir, pero ya estaba trabajando dentro de equipos de dirección (en cine y en televisión). Y siempre me interesaron las historias de las películas. Me gusta mucho el cine de contemplación también, pero hay algo de la escritura que me parece fundamental para que la película tenga un peso, sea sólida. No sé si en el futuro me seguirá interesando, pero en Todos tenemos un plan hay algo del camino que hizo el guión que tiene que ver con el hecho de contar una historia que a mí me entretenga. Hay algo de la narración que me interesa a la hora de contar, y en este caso siento que existe una búsqueda particular en la estructura, que si bien tiene su correlato en lo que podría ser un policial negro, se permite desvíos y lecturas diferentes sobre ciertos personajes de este género, por ejemplo, Claudia (Soledad Villamil) como investigadora, Rosa (Sofía Gala) como femme fatale, o un héroe que provoca cuestionamientos en sus actos.

 

¿Habías pensado en figuras específicas para cada personaje, o fue algo que se dio en el casting?

Se fue dando a lo largo de los años, de pensar en la escritura y en el posible casting, pero no en el momento de la escritura.

 

Que te llevó…

La primera idea arrancó hace diez años. Y el guión, más o menos como está ahora, data de entre el  2006 y 2008. Allí se afianzó porque hice un taller de reescritura de Casa América y Fundación Carolina. Después del trabajo con los asesores, reescribí el guión y ganó un premio en 2008.

 

¿Cómo llegaste al reparto de ahora?

La elección era bastante decisiva, sobre todo en torno al protagonista; la película gira mucho alrededor de estos dos hermanos. No visualizaba a un actor en particular, hasta que hablando con Luis, mi pareja, me dijo (hace muchísimos años): “¿Y por qué no Viggo Mortensen?”. Siempre lo conversamos como algo ideal, como un sueño, y cada película de Cronenberg que se estrenaba nos daba como una constatación de que él era buenísimo. Pensé en alternativas posibles entre actores argentinos, pero en mi imaginario siempre aparecía él. Un día tuve la suerte, por decirlo de alguna manera (no creo en la suerte sino en que las cosas pasan por algo), me lo encontré, se lo propuse y le interesó. Paralelamente, ya la veía a Soledad (Villamil) como Claudia, y los personajes de Rosa y de Adrián fueron más difíciles. Para ellos dos hicimos castings y, finalmente, para Adrián apareció Fanego, que en realidad no surgió de allí sino después de pensarlo y charlarlo con Walter Rippel, director de casting.

 

¿Cómo te resultó a vos, que sos una directora debutante, trabajar en tu ópera prima con una estrella como Viggo Mortensen?

Trabajar con Viggo no tiene nada que ver con lo que uno se imagina cuando piensa en una estrella de Hollywood porque él no trabaja desde ahí. Para mí sí fue un gran desafío no abrumarme o asustarme con el salto que pegó la película cuando se sumó Viggo. Pero no en particular trabajar con él: tiene todos los beneficios de ser un gran artista, una gran persona, y además de ser una estrella de Hollywood y llevarlo de una manera más que digna.

 

Me interesó que hayas nombrado a Cronenberg. Porque, más allá de que Todos tenemos un plan toca un tema concreto y lo hace de manera personal, hay una cosa en la duplicidad del personaje que está en toda la obra de Cronenberg, sobre todo en las dos películas que trabaja con Viggo Mortensen. E incluso en la carrera de este actor, por ejemplo, cuando hace ese personaje doble que es el Aragorn/Trancos de El señor de los anillos. ¿Tuviste en mente esas cosas cuándo escribías?

Sí, lo que constataba en las películas de Cronenberg tenía que ver con eso. Y eso creo que fue lo que le atrajo del proyecto, a pesar de que no lo escribí pensando en eso. Yo también encuentro ese paralelismo, sobre todo en Una historia violenta, que parece esta película pero contada al revés. Es un tema que me interesa, y que en Todos tenemos un plan lo trabajé no sólo con  Agustín y Pedro (ambos interpretados por Viggo Mortensen), sino que todos los personajes, salvo el de Adrián, están mostrando esas dos caras. Yo veo en el trabajo de Viggo como actor esos dos costados, y siento que los presenta de una manera sutil pero clara: un costado cerebral, medido, sensible, racional y con un backup de elaboraciones sobre determinados asuntos que se leen en su actuación y, por otro lado, un costado más físico, de entrega espontánea, y también irracional. Tanto en los personajes como en el trabajo de la imagen me interesaba trabajar sobre los contrastes.

 

¿Creés que la presencia de Viggo Mortensen ayuda o ayudó en su momento a la financiación de la película? ¿Cómo lo viviste vos?

Sí, ayuda mucho. Ayuda en todo lo relacionado con la industria, claramente. Con toda la suerte que representa para una ópera prima contar con un lanzamiento, apoyo, financiación y una distribución aseguradas. Fuera de eso, también implica un montón de compromisos que hacen que la película se pueda insertar dentro de esa industria; cuando no hay ese tipo de compromisos, uno tiene determinadas libertades pero también pierde muchas oportunidades a la hora de mostrar lo que quiere contar.