Dejarse llevar

Además de ser atípico y notable, Upstream Color, el segundo largometraje de Shane Carruth, deviene en una experiencia desconcertante y a la vez fascinante para el espectador.

Upstream Coloraúna género y experimentación narrativa de un modo muy poco habitual. De ahí lo acertadísimo de su inclusión en la competencia Vanguardia y Género: no es nada fácil encontrar películas en las que ambas cosas vayan de la mano.

Si lo desnudáramos hasta llegar a una sinopsis, este relato de experimentos, parásitos, pseudohipnosis, subjetividades usurpadas, memorias compartidas a la fuerza y una vuelta de tuerca sórdida y material al problema de la predestinación y el libre albedrío podría convertirse en la base de un film clase Z, o, quizás, de una vieja película de David Cronenberg. Pero Shane Carruth elige un camino poco transitado para una historia de esas características, desarticula la narrativa clásica y ofrece una película desafiante y enigmática, que exige una participación atenta y deja a sus espectadores sacudidos y llenos de preguntas.

Y es así que lo más fascinante de Upstream Color es el modo en que descompone y recompone el mundo a través del cine. La película trabaja hasta la obsesión con el fragmento y el detalle, construyendo a partir del montaje –visual y sonoro– un relato que, en el fondo, no deja de ser lineal, de contar una historia, pero lo hace de modo tal que obliga al espectador a relacionarse con él desde otro lugar, un lugar menos racional (aunque sea perfectamente racionalizable a posteriori, o casi) y más ligado a lo sensorial: Upstream Color es una película sinestésica. Lo cual es coherente, por otro lado, con unos personajes que han perdido todo punto de referencia en lo que respecta a la construcción de sus identidades: perdidos como están en una cotidianeidad enrarecida, sin un pasado sólido al cual aferrarse, los protagonistas van a tientas en un mundo de estímulos y señales confusas, y así los acompañamos. La experiencia es fuerte y desconcertante a la vez, y es probable que moleste a aquellos que necesitan sentirse firmemente orientados en medio de una historia. Pero Upstream Color tampoco es de esas películas que proponen una narrativa de datos ínfimos y vueltas de tuerca constantes, que invitan a una serie de visionados sucesivos para desentrañar el misterio. Aquí la propuesta parece apostar por otra cosa: el desafío no es cuánto podemos llegar a comprender de lo que vemos, sino más bien cuán dispuestos estamos a dejarnos llevar.

DO 6, 23.40, V. Recoleta; MA 8, 21.55, V. Recoleta; SA 12, 21.05, V. Recoleta 5