Del polvo vienen

Entre quienes la vieron, se comenta que Te sigue será una de las películas del año. Un aire fresco que parece renovar el género desde un lugar singular, de una cinefilia consciente pero descontracturada, que dialoga con los subgéneros del pasado pero mira con libertad hacia los miedos del futuro.

Se habló mucho de The Babadook y ojalá suceda lo mismo con It Follows. No es que The Babadook no sea una muy buena película (es más, quien esto escribe hizo lo propio con ella en esta misma sección hace un par de números), pero sí suena exagerada la cantidad de loas que recibió, como si fuese un nuevo hito del terror. Si le buscamos problemas, alguno tiene: se estira, pierde un poco de timing al final y está sobreexplicada, además de que se apoya demasiado en el psicologismo. It Follows, en cambio, es una película inusual, que basa los miedos que genera en lo psicológico (como casi todo el terror) pero sin estar explicándose, y utiliza los recursos cinematográficos y el desconcierto como motores de un cine más cercano al de Carpenter, en el que el mal es indescifrable.

Decíamos que, como el terror trabaja con el miedo, es imposible que no se apoye sobre ciertas figuras psicológicas para dar con su cometido como género. El slasher de fines de los setenta y la década del ochenta, que resurgió a fines de los noventa con la saga Scream, tenía como común denominador un asesino (monstruo) que funcionaba como metáfora (haciendo uso de una psicología exploitation) de los miedos de una amenaza sexual para con una protagonista mujer que siempre era la más recatada, la más virginal. Un buen chiste al respecto está en The Cabin in the Woods, película que juega con todos los lugares comunes del género y con sus arquetipos: la que queda viva es “la virgen” y, cuando la sobreviviente se da cuenta de que ella sería la que todavía no debutó, dice que no, que algo está saliendo mal, a lo que le responden que, bueno, ella era lo mejor que se podía conseguir en hoy día. Nancy Allen, de Pesadilla, era la que iba sobreviviendo a medida que sus amigos pecadores caían como muñecos (en algún caso, literalmente) frente al asedio del sexy (esa lengua en el teléfono) Freddy; algo así sucedía también en Martes 13, y el personaje de Jamie Lee Curtis en Halloween también tenía conflictos en su vínculo con el sexo opuesto.

Esta última película es con la que It Follows encuentra mayores conexiones. Los planos del principio, que muestran un barrio residencial con calles idénticas a las que se ven en Halloween, con una cámara que se mueve lenta y precisa sobre la protagonista de la película y sus amigas (a veces parece una subjetiva de alguien al acecho y otras veces niega tal hipótesis), recuerdan a esos travellings tramposos de la obra maestra de Carpenter. Si realizamos la aburrida y obligada tarea de contar un poco de la trama, la cosa es que una chica, después de un revolcón en un auto con un chico que parece ver gente que no está ahí, comienza a ser acechada por distintas personas de aspecto fantasmal que nadie más ve. En eso también se parece a la película de Carpenter: además del sexo como amenaza, el vínculo específico con lo carpenteriano está en que el mal solo es reconocible como mal y no hay nada que pueda explicarlo. Michael Myers era un tipo-monstruo-hombre de la bolsa que no sabíamos si pertenecía a este mundo o a otro, no sabíamos nada; simplemente era una máquina de matar, alguien que siempre estaba ahí amenazante, alguien sin motivaciones o de motivaciones desconocidas, alguien (o algo) que era muy difícil de eliminar. En It Follows ni siquiera es un solo alguien o algo; son seres distintos, que se aparecen de a uno por vez caminando hacia la adolescente, quien corre como Lola porque sabe que representan una amenaza. El mal en It Follows llega a un punto de despersonalización total, y eso, que no podamos explicarnos por qué el horror existe, es lo que más miedo puede dar.

Ahora, si en el slasher el fantasma de la primera vez era un monstruo moderno más, en It Follows lo es en principio, pero también es la única posibilidad de liberación. Así como nuestra protagonista se contagia, digamos, el mal de eso que la sigue, a través de un rapidito en un asiento trasero, la única forma de librarse de la maldición también es teniendo relaciones con otra persona para que ahora los perseguidores vayan en su persecución y la dejen tranquila a ella. Las cosas cambian, como decían en The Cabin in the Woods, y ahora el remedio es mejor que la enfermedad. Y por suerte las cosas cambian, porque después de tantos experimentos de terror (por el género y por su calidad) que viene intentando el cine, y con algunos aciertos, la película de David Robert Mitchell encuentra en esos clásicos modernos su punto de partida, pero se corre de la ruta obligada para perderse en tiempos de cámara propios, sin apuros, con cambios de ritmo y de intensidades, siempre apelando a la libertad y a lo inusual como guía instintiva y sensual. Y así es que, desde un uso de la música que también parece ir descubriéndose a medida que avanza la película hasta un final que homenajea a esa otra película adolescente que es Let the Right One inIt Follows asusta, pero también atrae. Como todas esas cosas que no estamos acostumbrados a ver, como todo lo nuevo y desconocido.

 

Te sigue

David Robert Mitchell

Estreno: 3 de septiembre

2014 / Estados Unidos / 94 minutos

Impacto