Descabellado

Con la venia de Tarantino y Eli Roth, y acompañado de estrellas como Lucy Liu y Russell Crowe, el siempre inquieto rapero RZA se lanza a su primer esfuerzo detrás de cámara.

Lo más descriptivo que se puede decir de esta película es que es una conjunción de elementos e influencias muy inusual. Está dirigida por RZA de The Wu Tang Clan, con música (excelente) de él mismo y guión compartido con Eli Roth, producida por Tarantino, estelarizada por una mezcla de artistas de artes marciales de ascendencia oriental (koreana, vietnamita, hong kongnesa), actrices de misma ascendencia (Lucy Liu y la estrella de The Real World Jamie Chung), Russell Crowe (quien balbucea de manera gloriosa su papel a lo largo de la película, excepto en los momentos en que está gritando como desquiciado y poniendo cara de loco) y el mismo RZA en el papel principal.

Es, en otras palabras, la destilación más pura de aquella fantasía que tuvieron los músicos de WTC cuando iniciaron la banda, de forjar una armonía entre el este y el oeste expresada a través de las artes marciales, el hip hop y la violencia en todas sus formas. Un camino que ya incluyó una multitud de discos, una serie de cómics e incluso juguetes. Y es una película simpática, pero que jamás se eleva más allá de un homenaje alegre y descabellado a un género que aman.

La historia es un complicado tapiz diseñado exclusivamente para incorporar la mayor cantidad de personajes con increíbles habilidades marciales en peleas delirantemente coreografiadas. Ninguno de estos tiene mucha profundidad, algo común, por otro lado, en este tipo de películas, donde lo que importa más bien es la destreza física. El argumento va más o menos así: Jungle Town es un pueblo dominado por una multitud de clanes que ejercen la violencia a través de las armas filosas creadas por RZA, el herrero del pueblo. Un día el líder del clan más poderoso es asesinado por sus lugartenientes en el medio de una disputa por la protección de un cargamento de oro del Gobernador de la Provincia (enorme McGuffin), causando un cambio en el poder que atrae a su hijo a buscar venganza, a un asesino entrenado con piel de acero a defender a los usurpadores y a Russel Crowe a proteger el cargamento, involucrando a RZA en un espiral de violencia del cual solo quiere alejarse.

Es una película que se enmarca dentro de la línea revivalista de las películas clase B, trash y bizarras de los 70s, una tradición que se inició con Grindhouse de Quentin Tarantino y Robert Rodriguez. Estos son los principales promotores de la misma, impulsando los proyectos de su entourage, como Danny Trejo, Eli Roth y ahora el mismo RZA. Nobleza obliga, como mencionamos más arriba, la obsesión del maestro del hip hop viene de mucho antes, pero es en este medio propicio gracias al cual finalmente logró florecer en la pantalla grande. Lo interesante es observar de qué modo RZA combina su trasfondo racial con su obsesión estética. ¿Cómo llega el personaje de RZA a tener una prospera herrería en China? Bueno, es un ex esclavo (incluido prominente afro) que es liberado por su dueño (amante de su madre) pero que observa que en Estados Unidos esa “libertad” no cuenta para nada. Entonces huye en un barco que naufraga en las costas de China y es adoptado por un grupo de monjes budistas que le enseñan cómo alcanzar la paz y canalizar su chi. Algo que incluye (y la película lo menciona explícitamente) el corte de su pelo afro.

¿Entonces, qué significa esto? Aparentemente, que RZA ve en la China mítica de las películas de artes marciales un lugar más libre que en los Estados Unidos donde nació. Lo cual, quizás, le da un componente más enternecedor y liberador a su obsesión, a su pastiche cultural: es el terreno de los sueños y las esperanzas que construyó en su mente, y una operación de esa naturaleza, que además contiene una módica riqueza en su yuxtaposición de referencias, merece respeto.