DocBsas: Hablamos con Stephan Goel

Invitado por el 19 DOCBUENOSAIRES, la muestra internacional de cine documental que se realiza en la ciudad, Stephan Goel llegó con un puñado de películas que hablan, en el fondo, de utopías y luchas.

Nació en Lausanne, Suiza. Trabaja como montajista y realizador independiente desde 1985. Entre 1987 y 1993, trabajó y residió́ en la ciudad de Nueva York. Se formó́ en el documentalismo con John Reilly y Julie Gustafson en el Global Village Experimental Center. Ha colaborado con diversos artistas y realizadores, como Nam June Paik, Alexander Hahn, o Shigeko Kubota. Realizó numerosos vídeos experimentales y poéticos, antes de pasar a trabajar en largos documentales. De regreso a Suiza, se integró al colectivo Climage, con quien realizó numerosos documentales destinados al cine y a la televisión. En el 19 DOCBUENOSAIRES se pudieron ver sus películas Que viva Mauricio Demierre (2006), Prud’hommes (2010), De la cuisine au parlement (2012), Fragments du paradis (2015) e Insulaire (2018). HaciendoCine dialogó en exclusiva con el realizador durante su estadía en Buenos Aires.

¿Cómo siguen apareciendo temas que te inspiran para hacer película?

Esa es la pregunta más fácil y difícil al mismo tiempo. La primera pregunta es la legitimidad, porque tengo el derecho de contar tu historia, qué puedo hacer en relación a vos para no generar un acto de predación, en términos sociológicos de don y contradon, qué puedo contar desde mi posición sobre tu realidad, si cuento tu historia, qué puedo contar de mi historia, eso excluye una gran cantidad de temas, de realidades muy alejadas de la mía, y hacer una película documental es una gran responsabilidad, por supuesto, porque una película es el testimonio de un encuentro, tiene que poder desarrollarse en un marco, geografía, temporal y física, que pueda contar allí una historia, con una forma, eso es para mí lo más importante, después, me interesa hablar de las utopías, del imaginario también, porque vengo de un país donde no hay mucho imaginario, por ejemplo, en el cine Suiza no ha producido mucha ficción, porque no hay sufrimiento, luchas sociales, grandes ciudades, conflictos, disparidades, es una pequeña comunidad con cuatro idiomas.

Pero sí en literatura…

Sí, se exploró mucho el mundo campesino, de montaña, campesinos que se han modernizado y cómo la enfrentaron y vivieron. En el documental no trabajamos con la carga emocional de la ficción, es todo más sutil, en Fragmentos del paraíso, se habla del paraíso, pero las personas hablan de sí mismas, de sus frustraciones, sufrimientos, de la sociedad donde vivo, pero de manera sutil.

Los cambios tecnológicos del soporte, ¿te han ayudado para contar historias?

Vengo de un grupo llamado Climage, que surgió de un grupo con el que empezamos a hacer video, en los años ochenta, como herramienta militante, era barata, económica, y de fácil acceso. Estábamos contra el cine institucional y subvencionado, después me aburguesé y me puse a hacer cine más institucional. Esa generación a la que pertenezco, educó al público y trajo la mirada del espectador al cine documental. Todavía tenemos la suerte que en Suiza se distribuye en salas el cine documental y el público asiste, aún más que a las ficciones. Yo siempre trabajé con tecnología económica, como el video y hoy en mis cursos, por ejemplo, hacemos películas con el celular. Creo que para contar algo hay que tener ideas para contar, no importa con qué soporte. Hoy la gente mira las películas en Netflix, y de hecho he visto aquí más publicidad de Netflix que de películas argentinas. Creo que hay algo bueno y malo en todo esto.

¿Con qué película un espectador tendría que comenzar tu filmografía?

Fragmentos del paraíso. Muchos documentalistas eligen contar historias sobre sus padres, sus orígenes, de dónde vienen, pero esta película habla de una historia que me contó mi padre en relación al paraíso, a dónde está, está allá. Habla de algo triste como puede ser la muerte, pero en Suiza se ve como una comedia, el paraíso es como un orgasmo, vacaciones en el mar, comprarse ropa, es aquello para algunos que no lo han tenido, la ropa, lujos, es una película que quiero mucho porque es ligera, simpática y profunda al mismo tiempo.