"Doctor Sueño": Recordando las fricciones entre Stephen King y Stanley Kubrick.

La secuela del clásico de terror dirigido por Stanley Kubrick llega este jueves a las salas. Pero el rodaje de "El resplandor" fue tanto o más terrorífico que el resultado que vimos en las salas.

La relación entre los escritores y el cine siempre ha sido muy fluida desde los comienzos del cine sonoro. Muchos de ellos han trabajado incluso para los grandes estudios, como Dalton Trumbo, Raymond Chandler y Roald Dahl, entre muchos otros.

Pero Stephen King fue mucho más ambicioso. Siendo el autor vivo más traspuesto al cine y televisión, con más de 70 adaptaciones y contando, sintió que su oficio de escritor le quedaba chico.

El formato que prefirió fue el de la miniserie para la adaptación de sus novelas; entre ellas se encuentra El resplandor (1997).

Stanley Kubrick nunca se destacó por su buena relación con los escritores; basta recordar los casos de Anthony Burgess (La naranja mecánica) y Arthur C. Clark (2001, Odisea del espacio). Sin embargo, ningún encono duró tanto como el que tuvo con King, al punto de que el autor se vio en la necesidad de producir una miniserie que redimiera (en verdad, que se ajustara a su visión) al film de 1980.

Las diferencias entre ambas producciones son abundantes en cantidad y calidad, y existen artículos de sobra que las enumeran. Pero la diferencia sustancial radica no en qué cosas pasan en uno y otro relato ni cuán ajustados son estos al libro, sino en que Stanley Kubrick privilegió por sobre todas las cosas hacer un film de terror: de allí parten todas sus decisiones.

Su película oblitera casi todo el pasado de alcoholismo y violencia de Jack, salvo en la primera charla entre Wendy y la doctora –quizás la cara de Nicholson hizo todo el trabajo de guion–.

Todo es sugerido y ambiguo, mientras que la miniserie se deshace en explicaciones sobre el pasado de Jack, el resplandor de Danny y los fantasmas que habitan el hotel Overlook, y posee un final tranquilizador que encuentra a toda la familia unida, aunque sea desde el más allá (nos parece imposible pensar un final distinto al de Jack Nicholson corriendo por el laberinto, hacha en mano, pero ese no fue el que escribió King).

Kubrick ha elegido siempre la imagen sobre la palabra, y eso lo ha hecho uno de los directores más cinematográficos de la historia. Tanto es así que esa ambigüedad de las situaciones ha generado múltiples interpretaciones sobre las distintas imágenes del film; muestra de ello es el documental Room 237, y es algo que nunca hubiera pasado con la miniserie (que, en rigor de verdad, debería llamarse Room 217).

El personaje de Shelley Duvall, uno de los mayores motivos de controversia, es una de las más claras decisiones en pos del género. Stephen King ha denominado a la Wendy de Kubrick como “uno de los personajes más misóginos de la historia del cine”.

Sin embargo, no estaba muy lejano del modelo que había adoptado la industria norteamericana para las mujeres en el cada vez más popular cine de terror, solo que aquí está llevado casi al paroxismo. Su rostro desencajado ante la puerta del baño rota, el hacha y la cara de Jack Nicholson asomando es una de las imágenes más icónicas del cine.

Aunque reniegue de la primera adaptación de El resplandor, esta no ha hecho más que impulsar el nombre del escritor como uno de los maestros del género, e inició una seguidilla impresionante de trasposiciones de sus obras durante toda la década de los 80 y que sigue hasta nuestros días.