Dominador dominado

La película de Guzmán y Cárdenas es una combinación de mezclas: la de distintas clases sociales, la de una República Dominicana con geografías paradisíacas y tierras cargadas de desigualdad, y la de actores no profesionales frente a Geraldine Chaplin, en una de sus mejores actuaciones en los últimos años.

Una madura señora francesa, Anne (Geraldine Chaplin), y una joven dominicana, Noelí (Yanet Mojica), se acompañan días y noches en las paradisíacas playas de Las Terrenas, República Dominicana. La europea paga todo; tragos, comidas, y hasta expende dinero en efectivo. La sensual caribeña ofrece su compañía, su piel, su baile, en fin, su cuerpo. A partir de esta premisa no es difícil imaginar un desarrollo que exponga esquemáticamente las relaciones norte-sur, en las que el norte es capaz de comprar y utilizar a su antojo los cuerpos desprotegidos de Nuestroamérica, y en que la desigualdad económica tiene una correspondencia unívoca con las estructuras afectivas y sexuales.

Afortunadamente, Dólares de arena se aparta de ese trajinado y simplista derrotero, y apuesta por dificultar un poco el juego, sin que eso suponga desconocer las sobredeterminaciones materiales que marcan una relación de esta índole. Aquí Noelí es mucho más que una mera víctima desprotegida. Es una chica con fortalezas y debilidades, con virtudes y miserias, que intenta a su manera obtener algún rédito material de esta relación. A la vez, juega a la novia con Anne, engatusándola (quizás), fingiendo que es su amigovia, mientras le pide plata y un pasaje al primer mundo, y sostiene una relación complicada con una especie de novio/proxeneta que no se decide entre sus celos, su amor y su pulsión de dinero fácil. En ese juego de explotaciones brilla Geraldine Chaplin (en su mejor actuación en mucho tiempo), porque hace imposible decir con exactitud qué le pasa a su Anne. ¿Hasta qué punto sabe que su relación con Noelí se basa en una sujeción material? ¿Cuánto sabe y cuánto quiere saber? Su ingenuidad y aparente endeblez emocional parecen deberse más a un esfuerzo de negación, a la asunción de un rol dentro de un juego que a una debilidad intelectual. “El trabajo con Geraldine fue un lujo, fue la primera vez que trabajábamos con una actriz profesional, y así la gama de posibilidades se amplifica y nos ayudaba a poder detallar algunas cosas dentro de los personajes. Por otro lado, Yanet (Mojica) y Ricardo (Toribio) son actores naturales, sin experiencia previa, y la combinación entre Geraldine y los chicos fue orgánica y de ayuda mutua. Cuando alguno de los dos lados se acentuaba mucho, el contrabalance era bueno”, comenta la codirectora Laura Amelia Guzmán.

Dólares de arenadeja fluir, sin estridencias ni melodramas, y navega en las ambigüedades de las relaciones de pareja que son también relaciones de poder y de trabajo. ¿Quién explota a quién? ¿Anne a Noelí, abusando de su superioridad económica? ¿Noelí a Anne, engatusándola para quitarle dinero? La película dibuja, desde un triángulo de amor bizarro, un campo de disputa entre dominantes y dominados mucho más complicado, en el que el amo juega al esclavo y el oprimido a creerse a cargo por un rato, perfeccionando sus tácticas de escamoteo. Pero ni Anne es tan ingenua ni Noelí es tan fría, y la cosa se vuelve aún más densa.

Llama la atención que la película sea una adaptación de la novela del mismo nombre, del autor francés Noël Pancrazi. Paradójicamente, la mirada extranjera sobre Dominicana fue el disparador para filmar la historia desde su lugar de origen: “Lo que más nos motivó a filmar la película es la manera en que el autor describe las atmósferas de ese lugar, Las Terrenas, que conocemos muy bien pero que a la vez redescubrimos bajo otro punto de vista, que es la del extranjero que penetra en la cultura popular dominicana mejor que yo, que soy dominicana, pero de ciudad”, cuenta Laura. Dólares de arena efectivamente sabe jugar con esa dualidad que vive y encarna Dominicana y tantos otros lugares del Caribe. Desde el punto de vista del turista, es tierra de hedonismo y confort, lugar de vacaciones y sensualidad; desde el dominicano, puede ser eso pero también es tierra de desigualdades, de conflictos, de rebusque cotidiano; no es precisamente la tierra de las oportunidades. “Las locaciones y las atmósferas fueron desde el principio una motivación para hacer la película. Las contradicciones personales se ven reflejadas en los lugares y la forma de relacionarse. Por un lado tenemos una parte más salvaje, más virgen, y por otro tenemos ciertos lujos; todo esto sabíamos que serían aspectos de peso a la hora de hacer la escritura y puesta en escena. Los lugares son espacios que en su mayoría conocíamos desde antes y que teníamos ganas de filmar”.

Sobre la adaptación de la película, Laura Guzmán agrega: “De las cosas que mantuvimos de la novela fue el retrato de esas contradicciones, de esa relación norte-sur en las que no se sabe quién tiene el poder, a pesar de que el norte lo tiene en lo económico. Aquí no hay malo ni bueno, abusado ni abusador; las cosas son como son. Así son las relaciones hoy en día, y no solo en mi país”.

Desde el Caribe, Guzmán y Cárdenas presentan una película que no se deja llevar por el facilismo de la sensiblería ni de la culpa de clase, pero que tampoco apuesta por un pintoresquismo apolítico y posmoderno, y que cuenta una historia con cariño por sus personajes, pero sin condescendencia. En otras palabras, se trata de un cine honesto, y eso no es poco decir.